Odas y sonetos
Al dejar a unos amigos a una hora temprana
Dadme una pluma de oro y dejad que me incline sobre un montón de flores en regiones hermosas; traedme una libreta más blanca que una estrella, o una mano de ángel tocando las plateadas
cuerdas de arpa divina cuando canta alabanzas; que ante mí pasen carros perlados, trajes rosas, cabellos ondulados, vasijas de diamante,
alas medio visibles y miradas profundas.
Permitid que la música recorra mis oídos,
y cuando ha conseguido elevaciones dulces,
dejadme escribir versos de gloriosa cadencia,
lleno de los portentos de todas las esferas.
¡A qué altura mi espíritu combate por llegar!
Mas no hay satisfacción de estar solo tan pronto.