Odas y sonetos

John Keats · Capítulo 15 de 70

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Odas y sonetos

A una damisela que me envió una corona de laurel

 

Los vientos matinales se han llevado el temor

de mi pecho contento. Ahora ya para siempre

remonto la tiniebla. Nada menos valioso

que el altivo laurel satisfará a mi féretro.

¡No, por los astros vivos! O qué hago aquí sentado, en el centro del sol, ciñéndome las sienes

con las hojas de Apolo, como elogio trenzadas por tu espíritu puro y por tus dedos blancos.

¿Quién se atreve a decir: “Haz esto,” o a abatir a mi empeño en su alto propósito? ¿Quién dice: “Detente” o “Adelante”? En este gran momento desprecio a los tiranos; ni la tropa más fiera

de acorazados héroes me arranca la corona.

¡Pero yo me arrodillo para besar tu mano!