Odas y sonetos
A las damas que me vieron coronado
¿Existe algo en la tierra universal más bello
que una guirnalda hecha con hojas de laurel?
Quizás una aureola en la luna —alborozo
que surge de tres pares de labios jubilosos;
Diréis quizás vosotras que el nacimiento húmedo de rosas mañaneras —suaves ondulaciones
que sobre el mar esparce el pecho del alción.
Pero estas semejanzas no son nada valiosas;
¿No existe entonces nada tan hermoso en el mundo? ¿Las lágrimas de abril? ¿La juventud de mayo? ¿O el aliento que junio presta a las mariposas?
Ninguno de ellos puede arrebatar la palma
de ésta mi preferida, que siempre ofrecerá
reverencia debida a tus soberbios ojos.