Odas y sonetos

John Keats · Capítulo 56 de 70

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Odas y sonetos

Un sueño, después de haber leído el episodio sobre Paolo y Francesca, de Dante.

 

Así como Mercurio se confió a sus alas

cuando Argos, aturdido, cayó en sueño y engaño, así mi ocioso espíritu tocó una flauta délfica

con la que hipnotizó a aquel dragón del mundo, lo abatió y despojó de todos sus cien ojos,

y, viéndolo dormido, así se fue volando,

no hacia la pura Ida con sus cielos helados,

ni a Tempe, donde Júpiter se lamentara un día,

sino al segundo círculo del triste infierno donde, en medio de un tornado con trombas de granizo y lluvia, los amantes no tienen que contarse

sus penas. Eran pálidos los labios que allí vi,

los labios que besé, y bella la figura

con que flotaba en esa tormenta melancólica.