Odas y sonetos
Al sueño
Tú embalsamas la noche tranquila dulcemente, cerrando con los dedos benignos, cuidadosos,
los ojos complacidos con la tiniebla, aislados
de la luz, resguardados en un divino olvido.
¡Oh, suavísimo Sueño! Si te apetece, cierra
mis ojos serviciales en medio de tu himno,
o espera el “Amén” antes de que junto a mi lecho tu adormidera lance arrullos cual limosnas.
Entonces, sálvame, o el día transcurrido
relumbrará en mi almohada provocándome angustia. Sálvame de la inquieta consciencia, que atesora su fuerza penetrando como un topo en lo oscuro. Gira, hábil, la llave en la muesca engrasada
y cierra bien el cofre callado de mi alma.