Quererte así
Capítulo 11
Si me dejas
Jeremy se despertó con la cabeza abotargada, todos sus sentidos estaban ocupados en ella.
Su fragancia se había ocupado de meterse en su cuerpo, su tacto la pedía a gritos, la boca se le hacía agua al recordar su sabor; aún no había abierto los ojos, pero estaba seguro de que en cuanto viese el más mínimo trozo de piel de ese cuerpo, se daría un festín, ya no podía resistirse más. Después vendría el dolor, los ataques, el arrepentimiento; estaba seguro, pero no le importaba, nada importaba más que sentirla de nuevo, volver a estar dentro de ella.
La había notado moverse, estaba despierta, podía dejarla marchar o arriesgarse. Le dijo una tontería sobre su camiseta y se dispuso a quitársela.
Ella no le contestó, pero se acercó al él descaradamente, le puso las nalgas pegadas a la pelvis y se restregó insinuante. Esa vez no la iba a dejar escaparse, la obligaría a hablar antes de que se revolviera, aunque le costara la misma vida. Le sujetó las muñecas con la camiseta y se las mantuvo arriba con una mano, le aprisionó las piernas entre las suyas y con la mano libre comenzó a recorrerle el cuerpo. Empezó por el cuello, sus ávidos dedos se demoraron jugueteando con el pulso latiente de ella, bajó pasando por la clavícula, acompañó la caricia con un bocado poco tierno en la erizada piel del hombro, ella gimió un quejido incierto, se revolvía en su agarre sin mucha convicción.
Jeremy continuó su particular camino al infierno recorriendo el pecho de Roxie, dibujaba espirales sin llegar a rozar la eriza punta, el duro pezón clamaba por atención, él se acercaba con la promesa de una caricia y se alejaba sin dársela, hacia la otra cúspide. Su Loba respondió tratando de darle una patada, él se rio contra su piel.
—Aguanta —le susurró.
—Eres un capullo.
—Lo sé. ¿Me quieres? —No tenía planeado empezar a presionarla tan pronto, pero sus labios formaron la pregunta, y su garganta la expulsó antes de que su cerebro procesara lo que acababa de hacer.
Sintió cómo ella se envaraba en sus brazos. Estaba rígida e inmóvil, la respiración agitada era la única pista de la excitada laxitud de antes.
—¿A qué viene eso? —le preguntó enfadada.
—Quiero saberlo. —Ella trató de girarse para mirarlo—. No. —Retomó las caricias mientras esperaba su respuesta, no quería que se volviera y discutir; ellos se entendían cuando había sexo de por medio, pues así sería.
Los labios de Jeremy se cerraron en la base del cuello de la joven, que de nuevo comenzó a contonearse contra él.
Kawosa aún la mantenía sujeta en la misma posición, y su traviesa mano volvió a jugar con sus pechos. Esta vez cogió un pezón entre el pulgar y el índice y lo apretó como a ella le gustaba, tiró de él para luego soltarlo y amasarlo con la palma, el gemido de ella fue más intenso esa vez.
—¿Por qué no puedes quererme como soy ahora? Sigo siendo yo, sigo siendo tuyo —le susurró al oído.
—Kawosa, no… en este momento… no…
Roxie sintió que Jeremy reaccionaba al escucharla mencionar su nombre indio, le dio la vuelta y se colocó encima de ella. La intensidad de su mirada le hizo un nudo en la garganta.
Casi no le salían las palabras, ¿cómo iba a poder contestar a algo así cuando su cerebro estaba totalmente fundido?
—Este es el mejor momento, no pienses, solo contesta —insistió.
—Yo… no puedo… —Se había quedado completamente quieto.
Respiraba con dificultad, sus preciosos ojos empañados por las lágrimas.
Roxie se sintió tentada de decirle la verdad; que sí lo quería, lo amaba más que a nada en el mundo, pero no podía vivir con él de esa manera. Tal vez, si él seguía con el juicio, si dejaba atrás el casino… ojalá pudiera contestarle en ese momento, pero no, en ese momento no podía.
No podía quererlo, se lo estaba diciendo, así, entre sus brazos, con su marca en el cuello, con todo el cuerpo vibrando por sus caricias, y era capaz de… se retiró de ella despacio, la soltó y se quedó acostado en su lado, con el brazo sobre la cabeza, tratando de controlarse, no quería ponerse a llorar como un niño y hacer un ridículo espantoso, pero se temía que sería así si ella volvía a negarle el amor.
Sintió la mano de Roxie sobre su estómago bajando peligrosamente, y supo hacia dónde se dirigía. Su pene reaccionó, claro, cómo no iba a hacerlo, la conocía tan bien… Él también la echaba de menos, casi estaba saltando, esperando el contacto de esos largos y sedosos dedos.
Kawosa hizo un movimiento brusco y le apartó la mano.
Ella no cejó en su empeño de hacerlo reaccionar, pegó su cuerpo a él por completo, él se movió hacia el borde de la cama, ella le siguió. Jeremy no podía moverse más o caería. Se obligó a echar los pies al suelo y se quedó sentado en la cama con los brazos apoyados en los muslos y la mirada perdida en el infinito.
La Loba se puso de rodillas sobre el colchón y se acercó a él, le cogió el cabello y comenzó a peinárselo con los dedos. Despacio y entre caricias en la espalda le hizo una trenza, a ella le encantaba verlo con ese peinado. Se dio cuenta del momento exacto en que lo había conseguido, Jeremy estaba flaqueando y en cualquier momento la echaría sobre la cama y se la comería viva, tal y como a ella le gustaba.
Notaba la lucha interna que sufría, la tensión de sus músculos era extrema, casi le temblaban. Roxie se sintió más atrevida y recorrió la cintura de él desde atrás con la mano, una vez que llegó al ombligo, buscó el objeto de su deseo y lo rodeó con ella, bajo un par de veces con cierta fuerza, se vio recompensada por el aullido de Kawosa, más Kawosa que nunca. En un abrir y cerrar de ojos ella estaba de nuevo en el centro de la cama, con él encima abriéndole las piernas con sus poderosos muslos, las manos aprisionadas contra la almohada y su erección tentando la húmeda entrada de su centro.
—Solo di sí o no. ¿Me amas? —exigió clavando su azul mirada en ella.
—No puedes… —Por toda respuesta él entró ligeramente en ella y volvió a salir rápidamente.
—Sí o no.
—¡Eres un cabrón! —Él respondió volviendo a introducirse en ella lo justo para desequilibrarla.
Ella gritó.
—Sí o no. Responde, es una pregunta simple.
—Y un cuerno es simple. —La furia de Roxie refulgía en sus ojos, era amenazadora, pero él no se dejó intimidar.
—Sí o no. —Volvió a jugar con ella.
Roxie no supo de qué manera las palabras salieron de su boca, pero lo dijo, y era total y desgarradoramente sincera.
—Te amo. Te quiero de todas las maneras, capullo. —Sintió cómo le liberaba las manos para acariciarle la cabeza, sus labios atraparon los de ella y sus lenguas lucharon por fundirse.
No fue un beso amable ni perfecto, hubo dientes, mordiscos, lucha de poder, no hubo contención ni miramientos.
Roxie le puso las manos en las nalgas para asegurarse de tenerlo justo donde quería y lo empujó hasta dentro clavándole las uñas. Él le respondió succionándole el cuello para lamerlo después mientras la penetraba con fuerza una y otra vez.
Desde lo lejos irrumpió en sus conciencias el sonido de un golpeteo contra la puerta.
Una voz femenina llamaba a gritos a Jeremy, mientras otras voces la instaban a marcharse.
Roxie reconoció la voz de Clare, y todo se desmoronó de nuevo, se quedó rígida, apartó la cara hacia un lado.
—¡Joder! No puede ser más inoportuna. Tal vez sea algo relativo al robo, puede que sea importante —le susurró temiendo su respuesta.
—Eres idiota, Jeremy —le contestó ella apartándolo de un empujón.
El fuego inundaba el pecho de Roxie, esta vez iba a matarla, lo tenía claro. Se dirigió a la puerta sin molestarse en ponerse nada encima. Casi había llegado cuando sintió unos fuertes brazos la sujetaban por la cintura y la echaban en la cama sin miramientos.
La apuntó con una mano advirtiéndole sin palabras que no se moviera de ahí.
—¡Lárgate, Clare! Estoy ocupado con mi esposa y no voy a atenderte ahora.
Jeremy observó cómo una sonrisa curvaba los carnosos labios de la Loba.
—¿De qué cojones te ríes? —le recriminó él.
—Tú nunca… —cuando ella interrumpe—, nunca…
—¿Qué? ¿Nunca me había comportado como un mezquino hijo de puta? ¿Es eso lo que quieres? —le preguntó mordaz.
—No, yo no… no quería eso, pero es que ella…
—Si vamos a volver a estar juntos tienes que hacer algo con esos celos enfermizos…
—¿Celos enfermizos? ¿Yo?
—Sí, tú, lo que sientes por Clare… un momento… no has dicho nada de lo de volver a estar juntos ¿quieres?
Roxie vio la ilusión invadir los ojos de Jeremy, y cómo una de sus raras sonrisas se asomaba a la cara para iluminársela. Era verdad, no se había dado ni cuenta, pero implícitamente había aceptado que estarían juntos, en un rincón de su cabeza era así.
—Supongo que después de hablar mucho podemos… no lo sé… ¡Dios! No lo sé, Jeremy, no tengo ni idea de lo que va a ser de nosotros. Sé que te quiero, pero también sé que no quiero esto. —Abrió los brazos abarcando la habitación.
—Me quieres. —Él se acercó de nuevo a ella, despacio, con los labios aún curvados de satisfacción.
—¿Has escuchado lo que te he dicho? —se quejó ella haciéndose a un lado para que no la tocase.
—Claro que te he escuchado, has dicho que me quieres. —Dio un paso hacia ella extendiendo el brazo para que no pudiera escaparse.
Ella se subió de pie encima de la cama para poner una barrera entre ellos.
—Lo otro, no quiero esto, no quiero esta vida, el casino, el apartamento de lujo, los guardaespaldas, los vestidos caros, esperar cada noche a que regreses y quedarme esperando… que te olvides de nuestras fechas señaladas, que me cambies por… Todo esto no va conmigo, no podría soportarlo.
Jeremy por toda respuesta se acercó a ella, Roxie se dio la vuelta para huir, pero él la sujetó por la cintura y la echó de nuevo en la cama poniéndose encima para evitar que escapara.
Le apartó el pelo de la cara delicadamente y se quedó un mechón de ese rebelde flequillo entre los dedos.
—Me estoy acostumbrando rápidamente a esto de tirarte sobre la cama.
Tras un silencio en el que solo se miraron a los ojos, sin mover un solo músculo, él volvió a hablar.
—Lo solucionaremos, necesitamos… necesito tiempo. Confía en mí, por favor.
—¿Cómo vas a arreglarlo?
—Iré delegando, preparé a Johny, será un buen sucesor, pero tengo que convencer al Consejo, le venderé mis acciones, bueno, las suficientes como para que pueda actuar. Volveré a ejercer, me dedicaré al derecho de nuevo. ¿Es eso lo que quieres?
—Lo que quiero es que tú quieras eso.
—Yo te quiero a ti, es lo único que me importa en este momento.
—Pero yo…
—Dame tiempo, ¿vale?
Ella cabeceó y él volvió a sentir la premura del deseo descarnado, se introdujo en ella despacio, mirándola a los ojos, diciéndole con la mirada lo mismo que antes le había dicho con palabras.
Sus ojos azules eran impresionantes, Roxie sabía que él los odiaba porque eran la parte que le recordaba quién había sido su padre: un monstruo. Pero ella los adoraba porque eran el alma que reflejaba todo el corazón de Jeremy, se abrazó a él y se dejó llevar hasta sentir los primeros temblores, no pudo evitar gritar agarrándose a las sábanas con los puños, sus dientes clavados en el hombro de él.
Jeremy empujó con fuerza y siguió mirándola, viendo cómo se corría para él, cómo le daba todo y disfrutando de saber que esa vez no saldría huyendo, esa vez no se revolvería, ahora iban a construir su futuro. Y con ese pensamiento se dejó ir con ella.