Quererte así
Capítulo 24
Caminos que convergen
—¿Cómo puedes ser tan cabezota? —se quejó Jeremy.
—Mira quién habló —se burló Roxie.
—Desde luego hay cosas que no cambian nunca —intervino Byron.
—¡Tú no te metas! —gritaron otros dos a la vez.
—Me alegra saber que por lo menos os ponéis de acuerdo para revolveros contra mí. Me largo.
—Ni se te ocurra moverte de aquí, este es capaz de atarme a la cama —se quejó ella.
—Y yo le ayudaré gustoso, además de darle un bozal para que te calles — le advirtió el primo.
—Gracias —afirmó Kawosa.
—¡Hombres! ¡Candy! —llamó Roxie a su amiga, a gritos.
Byron sacó el móvil del bolsillo, leyó el mensaje que había sonado y se rio.
—Dice que ni loca piensa subir. Ha sido más lista que yo.
—¡Mierda! Necesito a Nat o a M.J.
—¡Oh! Esto no te va a gustar, primo —azuzó Byron.
—¿Qué? —preguntó Jeremy.
—¡Roxie! ¡Roxie! Soy Nat, ¿por qué está la puerta cerrada? —preguntó dando golpes en la madera.
—¡Nati, ayuda! —gritó la Loba.
—Como le hagas algo, señor bruto, te voy a dar tal patada en los…
—Ya basta, abre, Byron, si hay algo peor que verla es escuchar su voz chillona. Hasta ella va a estar de acuerdo conmigo —le advirtió a Roxie señalándola con un dedo, dedo que ella mordió.
—Pelirroja —la saludo Byron.
Ella lo miró alzando la barbilla y fue hasta la cama.
Hacía dos días que le habían dado el alta, le recomendaron una semana más de reposo y tranquilidad, pero ella estaba preocupada por todo: la investigación, la desaparición de Clare, su nueva relación con su marido… exmarido, en realidad, ¿o era futuro exmarido? No lo sabía, se estaba volviendo loca de tanto pensar. Ella siempre había sido una mujer de ponerse en marcha, no podía quedarse en la cama sin parar de darle vueltas a la cabeza, iba a perder la poca cordura que le quedaba.
Las imágenes no habían parado de llegar desde aquella primera ráfaga. Lo había recordado todo, pero ahora no podía quitárselo de la cabeza. Clare. No la habían cogido, y esa era la única realidad.
Jeremy trató de hacerle ver que casi era mejor, porque así no tendrían que andar con juicios y más problemas, de esa manera podrían olvidarlo y seguir hacia delante. Era un pobre consuelo y ambos eran conscientes de ello.
Incluso Nat había estado de acuerdo con Jeremy y Byron, Doble M había amenazado incluso con llevar su escopeta para tenerla quietecita en la cama. Finalmente se encontró con Rompehuesos en la puerta de su habitación, lo que la disuadió de seguir intentándolo.
Hacía dos días que se habían cumplido los días de descanso estipulados, tenían una reunión con la agente especial del FBI que llevaba su caso y con Chama, Jeremy le había pedido a Stuart que estuviera presente para asesorarles acerca de la idoneidad de intentar llevar el caso a los tribunales por su cuenta, si es que el gobierno, como sospechaba Jeremy, no lo hacía.
Para ello viajarían a Lawton a primera hora de la mañana.
Roxie no recordaba la última vez que había volado, estaba bastante adormilada por los calmantes. Sí recordaba el viaje de ida hacia Lawton, en ese momento Jeremy estaba decidido a mantener las distancias con ella y, aun así, aunque él no se diera cuenta de la contradicción que suponía y ella hubiera justificado de mil maneras esa contradicción, viajaron juntos y comenzaron a reescribir su historia.
Clare nunca se había dado cuenta de que, con ese último golpe, al intentar separarlos los había unido de nuevo.
En ese momento iban a decidir si seguir peleando contra la mujer que había intentado quitárselo todo o iban a continuar con sus vidas. Sinceramente, ella no sabía qué quería.
Cogió la mano de su marido y él entrelazó sus dedos con los de ella.
—Hay algo de lo que no hemos hablado —le dijo Jeremy.
—¿Algo importante? —preguntó ella mirándole a los ojos con una sonrisa.
—Muy importante, por lo menos para mí. Ya sabes que soy un tipo tradicional —le confirmó muy serio.
—Sí que lo eres —aseguró ella riéndose ya abiertamente.
—Bueno, espero que no sea esa tu respuesta —se quejó él.
—¿No te gusta que me ría?
—Sí, pero no en este momento, la verdad.
—No te entiendo, Kawosa —aseguró ella.
Él gruñó por toda respuesta, donde estaban no podía responder como le hubiera gustado al sonido de su nombre en esos maravillosos y cálidos labios.
—Lo dejaremos para la vuelta —sugirió él.
—¿El qué vamos a dejar para la vuelta?
—¿Os queréis callar? —les amonestó Stuart desde el otro lado del pasillo —. No sé cómo me dejé convencer de esto.
Jeremy y Roxie se rieron como niños pillados en una travesura.
La policía y el FBI habían sido sinceros, podían acusarla de complicidad en secuestro e intento de asesinato, pero no tenían mucho. Stuart le advirtió que, si él fuera el fiscal del caso, necesitaría mucho más que el testimonio del mecánico y el suyo propio para llevar el asunto a juicio.
Aunque había una conexión entre el tal Ricky y Clare, al tipo no podían sacarle nada porque estaba muerto y no habían encontrado restos de transacciones económicas entre los dos, alguien le había pagado la fianza y estaban seguros de que el dinero lo había puesto Clare, pero no podían probarlo porque lo había hecho mediante una agencia y con otro nombre, las imágenes de las cámaras exigidas a la agencia en cuestión no eran claras.
En cuanto a que intentara matarla tirándola por el barranco, la otra podía alegar que no había sido ella. Tras salir del encierro era lógico pensar que Roxie estaba desorientada por la oscuridad y el estrés, si unían eso al hecho de haber estado en coma, cualquier abogado defensor tumbaría su declaración; iba a ser difícil probar fuera de toda duda razonable que realmente había distinguido con total claridad a la persona que conducía, y dado el historial de odio y celos que había entre ambas, era todo más complicado.
Roxie quiso pegar un puñetazo al rubio, ¿cómo podía poner su buen juicio en duda?, en ese momento odió a Stuart tanto como a la propia Clare, y se lanzó hacia él, pero Jeremy la retuvo.
—Tan solo te está diciendo lo que podría pasar, es un idiota, pero es la verdad.
—Estoy cansándome de que todo el mundo me insulte, creo —se quejó el aludido estirándose la chaqueta del traje—. En cualquier caso, he madrugado y venido hasta aquí para daros mi opinión, que es lo que me habéis pedido; si lo que queréis son flores, hay un precioso mercado en la esquina.
—No te pases, Lyon —le advirtió Jeremy Roxie se deshizo de Kawosa y levantó las manos.
—Lo siento, tienes razón. Es que… me cuesta pensar que vaya a salir de este lío sin más.
—Yo no he dicho eso. Y ese es el problema que tenéis conmigo. Lo que quiero decir es que es mejor seguir investigando y conseguir pruebas más sólidas.
—El problema es que a nosotros nos van a retirar del caso —protestó la agente.
—Yo puedo seguir husmeando —aseguró Chama.
—Y la gente de Johny tampoco va a parar. Al fin y al cabo, nadie ha pagado por lo de Jenifer —recordó Jeremy. Aún se le hacía raro decir la gente de Johny y no mi gente.
—El que le disparo está muerto —le recordó la agente.
—Sí, pero nunca llegaron a inculparlo oficialmente.
—No dio tiempo. Murió de sobredosis justo antes de que viéramos en los vídeos que era él.
—No entiendo que no podamos relacionarlo —se quejó la Loba.
—Lo haremos con el tiempo —le dijo Chama—. Y tiempo es algo que tenemos, dado que ha salido del país.
—Por lo menos en ese sentido podéis estar tranquilos —les dijo la agente.
—Supongo que sí —se conformó Roxie.
Salieron algo malhumorados y deprimidos de la reunión, tras despedirse Stuart les dijo que iba a aprovechar el viaje para comer con Kin y ponerse al día. Jeremy y Roxie no querían ir al casino, así es que cogieron el siguiente vuelo Houston.
Una vez en el avión, Roxie pudo ver cómo una auxiliar de vuelo se fijaba en su marido y lo miraba con cara de interés, le había ofrecido tantas cosas que ella dudaba de que cupiese todo eso en el carrito que portaba, Jeremy contestaba solicito y ella cada vez se enfadaba más. Se alejó de él y se puso a mirar por la ventana.
Se recordó que no debía ponerse celosa, Jeremy la quería, la rubia y su mundo habían desaparecido y ahora todo volvería a ser como cuando se conocieron.
Escuchó a Jeremy aclararse la garganta con nerviosismo y pensó que tal vez iba a tener que ayudarlo a deshacerse de la azafata. Miró y lo vio levantarse, cuando vio su siguiente movimiento se quedó helada. Eso no se lo esperaba, y menos ahí. Tenía una rodilla en el suelo y, en la mano, la arandela con la que le había pedido matrimonio la primera vez, no el maravilloso anillo con un impresionante diamante que ella le había devuelto en su ruptura, ni otro nuevo, sino la arandela; él la había guardado durante todos esos años.
—Sé que soy muy terco y que no hablo mucho. Sé que durante todo este tiempo no he tenido claras mis prioridades, pero también sé que siempre te he querido. Jamás ha habido ni habrá otra mujer en mi vida. Desde el primer día que te vi, en la reserva, supe que era tuyo. No sé por qué clase de suerte conseguí que me quisieras, pero sí, que casi me muero cuando dejaste de hacerlo. No quiero volver a sentir ese frío nunca más. Sé que es egoísta, pero esta vez, te prometo… te juro… que no perderé de vista lo que realmente importa. No perderé de vista nuestro nosotros. Quererte así es lo que me hace ser quién soy. Mientras me quieras, lo seguiré siendo. ¿Quieres volver a casarte conmigo?
La Loba no pudo evitar las lágrimas, a pesar de no ser una de esas personas que lloran con cualquier cosa. Comenzó a escuchar un murmullo que iba aumentando en el avión, la gente le pedía que dijera que sí, observó que la mayoría se habían dado la vuelta en sus asientos para verlos, algunos hasta se habían puesto de pie. La voz del capitán sonó por la megafonía.
—¿Ha dicho que sí? —preguntaba.
Todos rieron.
—Sí —contestó ella limpiándose las lágrimas—. Sí, sí y mil veces sí.
Se abrazaron y se besaron con el eco del aplauso de los pasajeros del avión.
Cuando por fin se separaron entre lágrimas de ambos, Roxie le confesó:
—Quererte así es lo que me hizo salir de ese agujero, lo que me mantuvo viva, lo que me alejó de las pesadillas. Quererte así es lo que me trajo de vuelta a tus brazos.