Quererte así

Bela Marbel · Capítulo 13 de 25

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Quererte así

Capítulo 13

 

Y ahora qué

 

Jeremy se sentía inquieto, ni Jenifer ni Roxie atendían el teléfono. Johny había salido siguiendo los pasos que ambas habían dado esa mañana y él estaba rebuscando en la suite. Sus cosas se mantenían tal y como las habían dejado, nada había cambiado, no encontraba nada fuera de lugar.

Cathy, la compañera de Jenifer, había informado de los pasos de Clare, y tal y como él imaginaba no había nada sospechoso en su conducta. La había hecho seguir solo por si acaso, pero no estaba implicada en nada, como era de esperar. Era una mujer obsesiva y bastante agresiva, pero eso era algo necesario en su trabajo rodeada siempre de hombres igual de ambiciosos y casi tan agresivos como ella.

Una quemazón comenzó a instalarse en su pecho, todo eso no estaba bien, estaba seguro de que algo había pasado, Roxie no desaparecería sin más. En un primer momento pensó incluso que podía haber vuelto a Wellstone cansada de esperar a que él solucionase sus asuntos en Tulsa, no era posible porque allí estaban todas sus cosas, incluso una lista de temas pendientes para resolver, algo de un préstamo bancario para reformas en el bar; un préstamo, como si no pudiese disponer del dinero de él. Esa mujer era desesperante, cuando volviera iban a tener una conversación acerca de lo que era de ambos. Cuando volviera… de nuevo ese pellizco en el corazón.

Toda clase de cosas horribles se le estaban pasando por la cabeza. Escuchó un grito aterrador y tardó varios segundos en darse cuenta de que procedía de su garganta, había tirado al suelo todo lo que había en la mesa, con una barrida del brazo. Trató de calmarse, él no era así, él mantenía siempre la compostura, sabía parar y pensar; tenía que pensar…

Sonó el teléfono móvil en su bolsillo, al cogerlo se dio cuenta de que le temblaban las manos, al levantar la vista vio que alguien había irrumpido en la estancia a la fuerza; alguien de seguridad acompañado por Clare y el chico de recepción. Ni siquiera se había percatado en un principio.

—Deberías cogerlo, es probable que sea importante —le animó Clare apoyando su mano en el brazo de Jeremy.

Él deslizó el dedo por el icono verde.

—¡Joder, Jeremy, ya era hora! —se quejó la voz al otro lado de la línea.

—¿Tienes algo? —preguntó él con la voz ronca.

—Jenifer está en el hospital, le han disparado.

—Está… —No pudo continuar, tragó saliva y esperó a que su amigo le informara del resto.

—Está viva. Aún no saben el alcance de la herida, la están operando. Roxie no estaba con ella cuando la han encontrado.

Johny se había adelantado a su pregunta, a esa pregunta que no se habría atrevido a formular ni en un millón de años. Aún con el teléfono en la mano se dejó caer al suelo, las piernas no le sostenían, eso no podía estar pasando, ya estaba todo arreglado, iban a volver, no había habido más incidentes, no era una alerta roja, tan solo… gimió y se golpeó la cabeza contra la pared. ¿Cómo podía haberse dejado llevar así? Él siempre había sido cuidadoso, la seguridad estaba presente en cada una de las facetas de su vida. ¿Por qué la había dejado a cargo de una sola persona cuando no se había confirmado la ausencia de peligro? Esas preguntas le atormentarían siempre. Tenía que aparecer, debía estar a salvo. Él no podría resistir otro desenlace, no sobreviviría al golpe de su ausencia, sobre todo, sabiéndose culpable.

—¿Kawosa, estás ahí? —insistió Johny.

Jeremy no podía hablar, no le salían las palabras. Echó la cabeza hacia abajo y la metió entre las rodillas levantadas.

Trató de respirar con regularidad, pero sus pulmones se negaban a ello.

Clare le quitó el teléfono de la mano.

—Soy Clare, no está en condiciones de… hablar contigo, dime qué pasa.

—Voy para allá, dile que no se mueva de donde está.

—No es necesario, yo me encargo de él, solo dime…

No pudo continuar, el joven había interrumpido la comunicación.

Jeremy se puso de pie y con voz aterradoramente calmada y profunda exclamó:

—Fuera.

—Ya le habéis oído, salid todos —confirmó Clare empujando al recepcionista hacia la puerta.

—Tú también, Clare —la sorprendió Kawosa.

—Pero…

—¡Fuera! —gritó desesperado por quedarse a solas.

Clare demudó la cara, pero alzó la cabeza y salió sin decir nada.

—Señor, yo… —se atrevió al desafiarlo el joven.

Jeremy se cernió sobre él mirándole de forma que habría encogido al más valiente.

—Largo —indicó remarcando cada sílaba.

—Sí, sí, me voy, pero he llamado a los hospitales más cercanos y no hay nadie con su descripción y… la policía de la reserva está de camino.

—¿También los has avisado tú?

—No, señor.

—Ya… no estoy seguro de que la desaparición de mi mujer sea un asunto indio.

—Eso pienso yo, señor.

Jeremy lo miró con curiosidad, el chico tenía agallas.

—Y ¿qué más piensas?

—Creo que… no sé cómo decirlo, pero… la señora Clare y su esposa, bueno, tenían sus problemas.

Jeremy sabía eso, pero ahora más que nunca descartaba la participación de su ayudante, podía ser insistente y ambiciosa, pero no la imaginaba pegando tiros por ahí.

—Gracias, sigue llamando a hospitales y clínicas, tiene que estar en algún sitio.

—Sí, señor.

De todos era sabido que Clare no era especialmente cortés con los empleados, era normal que el chico pensara en ella, después de todo, la Loba y Clare habían discutido varias veces desde su llegada, pero eso era un callejón sin salida.

Jeremy se entretuvo revolviendo en los papeles que descansaban sobre la mesa; facturas, albaranes, inventarios, su Roxie seguía usando mucho papel, hoy en día no hacía falta, tenía que enseñarle algún programa alternativo para… interrumpió el curso de sus pensamientos, su cerebro había ido por libre decidiendo que no pasaba nada, que Roxie estaba aún de compras o corriendo por el parque o lo que fuera.

La realidad se impuso como un jarro de agua fría: si no aparecía, jamás tendrían ninguna conversación.

Estiró ambos brazos barriendo todo lo que había sobre la mesa a la vez que un alarido escapaba de su yo más profundo.

—Eso no ha sido muy inteligente. —Una voz desconocida sonó en la entrada.

Jeremy reaccionó sin pensar, fue hasta el intruso, lo enganchó de las solapas de la chaqueta y lo estampó contra la pared.

Se oyó un crujido de huesos y un rechinar de dientes demasiado ligero para lo contundente del golpe.

—¿Quién demonios eres? pronunció Jeremy en la cara dolorida del desconocido.

Dos de sus hombres de seguridad entraron e intentaron separarlo del cada vez más enfadado hombre misterioso.

—Si me sueltas te enseñaré mi identificación —consiguió concluir el otro.

Jeremy abrió las manos dejándolo caer sobre sus pies y dio un paso atrás, sus hombres lo soltaron. Por la puerta que había quedado abierta se coló Johny. Kawosa se olvidó de todo a su alrededor, se dirigió a su amigo con la angustia más absoluta reflejada en su rostro.

—Estamos revisando las cámaras de la zona, en cuanto sepamos algo… —le dijo sin preámbulos antes de que el desconocido, que en ese momento le mostraba una placa identificativa en la mano, lo interrumpiera.

—¿Eres agente del FBI? —se dirigió a Johny.

—No —contestó el joven.

—Eso imaginaba. —El veterano policía lucía una trenza al modo antiguo, con el cabello entrecano, camisa abrochada hasta el cuello y pantalón vaquero que había visto mejores días.

—Ahora mismo me importan una mierda sus leyes y las leyes federales, lo único que quiero es encontrar a mi mujer —le recriminó Jeremy.

—Es usted abogado, ¿no? —El joven asintió con un gesto de cabeza—. Normalmente soy yo el que habla mal de su oficio y no al revés. Imagino que esto es muy duro para usted, pero será mejor que se calme para que podamos intercambiar información.

Jeremy y Johny se miraron sin decir nada y se dirigieron a la puerta intentando dejar allí plantado al policía.

Este tomó asiento, se puso cómodo en el sofá y, justo cuando iban a cruzar la puerta, le informó:

—O también puedo detenerles por obstrucción a la justicia y hacer una bonita inspección en este antro tan suculento.

Jeremy sabía cuándo debía dar un paso atrás en una negociación, igual que en un juicio, y ahora había llegado ese momento. Se puso las manos en las caderas, levantó la cabeza y suspiró; tras infundirse algo de serenidad con ese gesto miró a su compañero y asintió, Johny le entendió y fue hacia la zona de asientos en la que tan plácidamente les esperaba el investigador de la reserva.

Se sentaron en el mismo sofá, justo frente al hombre, sin decir una palabra, tan solo le miraban fijamente, ambos con los brazos cruzados y actitud beligerante.

—Parece que tendré que hablar yo primero —declaró el policía con una sonrisa. Cualquier otro se habría sentido intimidado, pero no Chama, él portaba en la robusta espalda muchos años de carrera, bien podría decir que lo había visto casi todo en el oficio—. Mi nombre es Chama Benson, soy investigador de delitos de la Policía de la Nación India, más concretamente de la reserva de Oklahoma. Mi deber es investigar cualquier delito que se haya producido en la Reserva.

—Y aquí termina nuestra conversación, a no ser que quiera hablar del disparo recibido por mi agente de seguridad, pero si ese el caso, tendrá que hacerlo con su compañera, que fue la que estuvo en contacto con ella durante el día de hoy. Y ahora, si nos disculpa, mi socio y yo tenemos temas pendientes. —Jeremy se levantó seguido de Johny.

—Todo sería más fácil si colaborásemos. ¿Acaso se ha vuelto tan blanco que prefiere a los federales? —le acusó el investigador.

—Lo que prefiero es que la gente con placa no intervenga en mis asuntos, por norma suelen complicarlos.

El hombre se levantó y se acercó a él despacio, sacó una tarjeta del bolsillo y se la tendió.

—Por ahora lo dejaremos así, espero que me faciliten los datos de las personas que hablaron con su empleada durante el día de hoy, el móvil y todo lo que nos pueda ayudar. Doy por hecho que no me encontraré con cintas borradas o desaparecidas cuando vaya con la orden de registro a los locales cercanos al incidente, señor… —Miró a Johny con las cejas levantadas.

—Johny Guitar —contestó el joven.

—¿En serio? —El indio no contestó y el policía asintió con una sonrisa.

Jeremy tecleaba algo en su teléfono con frenética eficiencia. Los otros dos hombres lo miraron con interés. Un par de silenciosos minutos después levantó la cabeza y se dirigió al agente.

—Howard le espera en la puerta con instrucciones de ponerle las cosas fáciles. Siempre colaboramos con la BIA, después de todo la Agencia De Asuntos Indios, cuida de nosotros ¿no? —comentó con ironía.

El otro asintió y fue hacia la salida.

—¿Usted debe ser Howard? —Oyeron que decía antes de cerrar la puerta —. Soy Chama Benson, agente de la oficina de asuntos indios, por decirlo de otro modo, policía de la reserva.