Quererte así

Bela Marbel · Capítulo 7 de 25

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Quererte así

Capítulo 7

 

 

Y todo empieza

 

Justin sirvió un par de tazas de café y le tendió una a Jeremy.

—Ahora cuéntamelo todo —le exigió.

Jeremy la olisqueo y compuso una mueca, el olor a quemado se le incrustó en las fosas nasales, la dejó sobre la mesa sin probarlo.

—Recuérdame que te regale una cafetera de verdad —le dijo el comanche.

—Sí, bueno, para mí está bien.

—Después de probar el café que hace mi mujer…

—Dos cosas —le interrumpió el sheriff levantando la mano.

Jeremy le miró interrogante.

—Como soy agente de la ley, me veo en la obligación de recordarte que la Loba no es tu esposa y, no estamos aquí para hablar de café, no intentes distraerme con tretas de abogado.

Kawosa sonrió entrecerrando los ojos.

—Tienes razón, no es mi esposa, pero es difícil deshacerse de las viejas costumbres.

—Bueno, has adelantado camino si por lo menos ahora lo reconoces, pero una vez más, no es eso de lo que quiero que hablemos, y estoy seguro de que tútampoco.

Jeremy asintió despacio, y se recolocó en el pequeño asiento de madera.

—Estoy metido en algo, que parece que está poniendo nervioso a alguien, aunque también puede ser una casualidad.

—Sé algo más concreto, por favor.

—Supongo que recuerdas el caso del que George no para de hablar últimamente. El de la violación de la chica india.

—Lo recuerdo, le trae de cabeza desde hace mucho, quería que representaras a la joven, ¿no?

—Efectivamente, y al final me convenció. El fiscal es el cabrón de Stuart Lyon.

—Es muy bueno, creo que solo ha perdido contra ti.

—No hizo falta, llegamos a un acuerdo en cuanto se dio cuenta de que Byron y Candy eran las víctimas.

—Lo conozco bien, créeme cuando te digo que de lo que se dio cuenta era de que iba a perder.

—Es probable.

—¿Crees que un grupo de adolescentes privilegiados te seguirían hasta aquí y se meterían con tu esposa… con tu ex, para presionarte?

—Ellos no, sus familias. Aunque tampoco lo sé, es solo una opción.

—Tal vez solo sean un grupo de racistas que ha querido escarmentar a Roxie, por trabajar con indios.

—O tal vez dentro de unos días reciba la visita de alguien que le ofrece protección, ya sabemos cómo funcionan las bandas.

—Apuesto por esto último.

—En cualquier caso, no voy a correr riesgos.

—Hagas lo que hagas, no me obligues a detenerte. Y dime qué han hecho tus hombres con los chicos que entraron en el bar, quiero nombres.

El teléfono móvil de Jeremy sonó, lo sacó de la chaqueta y miró la pantalla.

—Tengo que contestar —le dijo.

Justin asintió y se sirvió otra taza de café. Jeremy negó con un gesto de cabeza mientras repetía la mueca de asco ante la perspectiva de que alguien tomara ese mejunje que el sheriff se atrevía a llamar café.

Justin prestó atención a la conversación, solo escuchaba las respuestas a modo de monosílabos de Kawosa, pero su cara y sus gestos le decían que se estaba conteniendo, y mucho. Parecía a punto de arrancarle la cabeza a alguien.

—¿Problemas? —le preguntó al ver que el otro se metía el celular en el bolsillo del pantalón.

—Parece ser que han entrado en mi apartamento.

—¿En Oklahoma?

—Sí, no es fácil acceder, es una planta 26 y tiene tanta seguridad como el pentágono.

—No exageres. Parece que estamos hablando de profesionales, no de una banda de aficionados. ¿Se han llevado algo?

—Me conoces lo suficiente como para saber que soy un obseso del control, y la seguridad es la clave del control; cuando te digo que no es fácil acceder, es que es imposible. Y no, no se han llevado nada aparentemente, y hay suficientes cosas de valor como para alegrar la noche de cualquier ladrón.

Justin vio cómo el abogado que llevaba dentro su amigo comenzaba a sobresalir, a hacerse preguntas y a intentar plantear respuestas.

En ese momento se abrió la puerta y entró George que, tras quitarse el sombrero y dejarlo sobre la mesa, fue directo a servirse un café.

—No entiendo cómo puedes estar casado con una española y tomar esa mierda —le recriminó Jeremy.

—Sírvete un café —le dijo con ironía el sheriff.

—Si hay algo de lo que no puedo acusar a mi servicial esposa, es de ser una servicial esposa; cuando quiero un café en condiciones voy a ver a la tuya.

—Como muy bien me ha recordado Justin, yo no tengo esposa.

George abrió mucho los ojos, lo que demostraba su sorpresa ante la declaración del comanche.

—Contadme qué está pasando —le exigió sentándose en la silla del sheriff y poniendo los pies sobre el escritorio.

—Algún día te voy a quitar la chulería de un puñetazo —le amenazó Justin quitándole los pies de encima de la mesa de un manotazo.

Le pusieron al día, tanto del ataque al bar de la Loba, como de lo sucedido en Oklahoma.

—No estoy muy seguro de que esto tenga mucho que ver con el caso — declaró.

—En eso estamos de acuerdo —afirmó Justin.

Jeremy los miró esperando que continuaran, se cruzó de brazos y entrecerró los ojos.

—Últimamente has pasado mucho tiempo por aquí, ¿estás seguro de que tu casa está limpia? —sugirió George.

—Hace dos meses que no venía, me he pasado en el casino dieciocho horas al día, todos los días, y además está Clare.

—Según Nat esa rubia es un zorrón.

—Según tu esposa, todas las rubias son zorrones.

—Cierto, pero en este caso debo darle la razón a la tocapel… a la pelirroja —se corrigió el sheriff tras percatarse de la mirada asesina del ranger.

—Ni siquiera la conocéis, confío en ella, ha estado a mi lado en los momentos más difíciles: cuando Roxie me dejó, cuando tuve que venir a echar una mano a mi primo, cuando murió mi abuelo. Siempre me ha apoyado y se ha hecho cargo de todo.

—Y de repente vuelves y ella pasa a un segundo plano. —George se levantó y se puso frente a su amigo—. No descartes ninguna opción.

Jeremy sintió el apoyo del ranger en el contacto de su mano en el hombro; en parte tenían razón, estos dos meses había tenido varias disputas con su ayudante, y la última fue especialmente desagradable, pero atacar a Roxie… podría matarla por eso.

—Cogeré el primer vuelo hacia Tulsa. Me llevo a Roxie conmigo — declaró.

—Y ella, ¿lo sabe? —preguntó el sheriff sin necesidad, solo para hacer notar el problema.

Kawosa se dio la vuelta dispuesto a marcharse. George lo frenó con un comentario.

—Tus hombres… ¿también confías en ellos?

—La única persona que puedo asegurar a ciencia cierta que quiere hacerme daño, es tu mujer —le recordó solo para molestarlo.

—Sí, pero ella iría a por ti directamente, no a por tu… lo que sea, o tu casa.

Jeremy siguió su camino de forma que escuchó la respuesta de George como un sonido lejano, pero no podía más que darle la razón. ¿Acaso no podía confiar en nadie de su entorno? Mientras salía de la comisaría le envió un mensaje a Johny para que hiciera las reservas del vuelo, no quería pedírselo a Clare, prefería darle la sorpresa presentándose allí sin avisar, y él no tenía tiempo de entretenerse con eso, debía ir a convencer a su… a Roxie de que estaba más segura con él.

JEREM Y_18:05

Saca dos billetes en el vuelo de las nueve cuarenta y cinco a Tulsa, para Roxie y para mí. Nuestros datos están en el archivo adjunto al mensaje.

JOHNY_18:06

Ok.

Sin preguntas, sin comentarios, era una de las cosas que más le gustaba de trabajar con él, jamás pensaría que podía estar involucrado en algo… No, simplemente no era posible. Sus hombres salían de la lista de sospechosos. Lo que tenía que averiguar para saber quién, era por qué. Casi siempre se trataba de dinero, pero en ese caso era algo discutible ya que no se habían llevado nada de la casa, aunque si se hablaba de dinero a lo grande, debería centrarse en el casino, y entonces sí debería pensar en Clare. Era la que podía meter mano y la que saldría ganando más si él estaba fuera de juego, como apoderada… ¡mierda! Tendría que quitarle los poderes, solo para asegurarse; eso iba a ser desagradable.

Hizo algunas llamadas para acelerar el proceso, desde ese mismo día no quería que ninguna firma que no fuera la suya pudiera usarse para cerrar tratos o hacer inversiones, ni siquiera la dejaría firmar pagos. No era un ángel, reconocía que le encantaba el poder que le daba el dinero, que su voluntad se hiciera realidad en el acto y con tan poco esfuerzo, lo suyo le había costado. En diez minutos quedaron cancelados todos los derechos de su ayudante, en cuanto a tomar decisiones sin consultarlas con él.

En menos de veinte recibió un mensaje de Clare.

CLARE_18:30

Debe haber un error, me acaban de informar que ha sido revocado mi poder para representar al casino.

JEREM Y_18:35

No es un error. Hasta que todo este lío se aclare, solo yo represento al casino.

CLARE_18:36

¿Lo has hablado con el Consejo?

JEREM Y_18:40

Que yo sepa, sigo siendo el socio mayoritario, no tengo que pedir permiso al Consejo para nada.

CLARE_18:41

Pero tienes que notificarlo, y no creo que les guste tu decisión.

JEREM Y_18:45

¿Me estás desafiando?

No hubo respuesta, lo que hizo que Jeremy se pusiera nervioso. No podía ser, se repetía, ¿qué podía querer ella de su casa? No, era absurdo, le daba su vida a la empresa y no era plato de gusto darse cuenta de que su jefe ya no confiaba en ella. Sí, era eso. Trató de suavizar la situación con un último mensaje antes de poner el auto rumbo a casa de Roxie.

JEREM Y_18:50

Es por tu bien, te protegerá de futuras investigaciones, hablaremos cuando vuelva.

Tal vez debería haberle dicho que lo haría esa misma noche, pero no quería desvelar nada de momento.

El tráfico era intenso para ser una pequeña ciudad, conectó el manos libres y habló con Stuart, le contó que tenía que marcharse y la razón de ello.

—¿Crees que puede tener que ver con el caso?

—¿Tú has recibido algo más que amenazas?

—En realidad, no, pero yo soy fiscal, tú formas parte de la comunidad y tienes poder y dinero para competir con ellos. Quizá les parezcas más amenazador que yo.

—No sé, son hechos muy diferentes y en dos lugares distintos, quizá no tengan nada que ver entre sí, pero voy a ver cómo están las cosas.

—Con este último han conseguido alejarte, así es que tal vez se han salido con la suya.

—No voy a dejar el caso, solo me ausentaré unos días.

—Yo seguiré con las entrevistas y te mantendré informado. Tu ayudante, ¿Johny se va contigo?

—No, se queda, seguirá con la investigación en mi ausencia.

—Es muy bueno, ha apretado unas cuantas tuercas y los ha puesto nerviosos, quizá todo esto sea una reacción.

—Ya veremos.

—Además, se entiende bien con la chica.

—Sí, suele sucederle.

—Yo no consigo ni que me mire a la cara, pero con él y con George, habla. George sale de viaje en un par de días, así es que me vendrá bien tener a Johny por aquí.

—Tienes a Kin para ayudarte con Lucy.

—Mi ayudante ha perdido la perspectiva, parece más una madre que una investigadora.

—Supongo que eres consciente de lo mal que suena eso.

—Soy un capullo, lo sé, pero quiero tumbar a esos cabrones y haré todo lo necesario para conseguirlo.

—Estaría bien que dejases la agresividad para ellos, si la presionas demasiado la vas a perder.

—No puedo permitirme que titubee cuando la suba al estrado, prefiero que llore y se cabree conmigo a que lo haga en pleno juicio.

—Asegúrate de que llega al juicio sin romperse.

Stuart soltó una especie de gruñido y se cortó la comunicación.

Jeremy compadecía a la chica, Stuart no tendría compasión, era un hijo de puta codicioso y haría lo que pensase que era necesario para sacar de ella a la testigo perfecta.

Pero si algo había aprendido Jeremy, era que el testigo perfecto no existía, era mejor atar bien el caso: pruebas, lo que necesitaban eran pruebas, y para eso él tenía al mejor equipo.

Estacionó el vehículo en el camino de entrada de la casa de a Loba, era una casita pequeña, de apenas dos dormitorios y con la fachada pintada de amarillo. Salió del coche y se paró un momento a respirar hondo antes de entrar.

Cada vez que pensaba en el caso le daban ganas de mandar al carajo todo lo que estaba pasando en Tulsa; si se lo planteaba en serio, se daba cuenta de que ya no le apetecía ir allí, no le gustaba el casino, había perdido el placer que le proporcionaba la adrenalina del juego, él no apostaba, pero cada pasó que dio hasta conseguir lo que tenía era un juego en sí mismo; uno duro y sucio. Solo el poder lo mantenía allí, eso y el hecho de que Roxie ya no lo quisiera.

¿Era posible desenamorarse? Ni siquiera estaba seguro de que esa palabra existiese, pero para él no era una opción. Entonces, ¿cómo se le había ocurrido que podría seguir adelante sin ella? Tenía que hacerlo, se estaba convirtiendo en un puto acosador, quizá el resto de su vida estaría solo, o quizá encontrase a una mujer que lo quisiera a pesar de saber que él no podría ofrecerle lo mismo, tal vez alguien como la mujer que se casó con su abuelo.

Tocar a otra mujer… ¿cómo sería? Él solo había estado con Roxie, solo la había besado a ella, solo ella lo había acariciado a él, no sabía si sería capaz de estar con otra persona. Y no quería ni pensar en la posibilidad de que ella lo hubiera estado.

Se armó de valor y se decidió a entrar y pelear, porque sabía que tendría que pelear para convencerla de que fuese con él a un mundo que ella odiaba.

Pero nada le habría preparado para encontrarse con la escena que le esperaba.