Quererte así

Bela Marbel · Capítulo 23 de 25

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Quererte así

Capítulo 23

 

Fuga o resistencia

 

Clare no había visto a nadie siguiéndola, quizá todo fuera una paranoia suya, tal vez no estaban detrás de ella, no tenían nada realmente, pero aún continuaba el asunto de Roxie… No, se dijo, seguiría con el plan. Volvería a Bélgica y, desde allí, ya se tomaría la revancha. Una vez estuviera segura y supiese a ciencia cierta cómo estaban las cosas con respecto a la Loba.

Se decidió por comprar unas zapatillas cómodas en la primera zapatería que encontró, dos manzanas más allá; paró en una tienda de ropa y se compró un chándal, era lo peor que había hecho en su vida… ¡un chándal!

Hizo el sacrificio, se colocó una gorra de los Oklahoma City y, cómo no, una mochila. Paró en una cafetería, tomó un café, se cambió en el baño y salió por la parte de atrás. Ahora sí estaba preparada para ir a su apartamento, dudaba que hubiera quien pudiera reconocerla.

Paró un taxi y le indicó que la dejara a cuatro manzanas de su apartamento, y desde allí hizo el camino andando, callejeando y, en ocasiones, volviendo por el camino recorrido y tomando otro.

Cuando por fin llegó a su casa, se echó directamente en el sofá y rio hasta que sintió dolor en el estómago. Nunca había hecho nada tan divertido, pero debía serenarse, tenía un plan y era mejor ceñirse a él.

Lo primero era lo primero: hizo una pequeña maleta con lo más importante, abrió la caja fuerte, sacó el pasaporte y todo el dinero en metálico del que disponía y puso algo de ropa en la maleta tan solo para no levantar sospechas, porque no le iba a hacer falta, compraría lo que necesitase una vez llegase a su destino. La mayor parte de su dinero se encontraba en cuentas europeas.

Había sido tan fácil convencer al párroco de que la dejase bajar al baño del sótano… Se quejó de su novio, le contó que la había dejado al enterarse de que estaba embarazada, le advirtió de que estaba pesando en dar al niño en adopción, porque no se sentía preparada para cuidarlo, y en estos momentos necesitaba ir al baño con urgencia, aunque deseaba quedarse a escuchar el sermón. El hombre quería que esperara para que la acompañara una buena samaritana, pero ella insistió en que las náuseas eran imprevisibles. Incluso se vio obligada a realizar el asqueroso movimiento de las arcadas, pero al final el cura la había dejado bajar sola.

Una vez dentro, intentó abrir la puerta de salida trasera, pero estaba cerrada, «Muy mal señor cura, eso está muy mal», se dijo. Vio una pequeña ventana, estaba alta, pero con una silla supuso que llegaría, y así lo hizo: se subió al asiento y se coló por ella, cupo sin problemas, aunque se rompió las medias al caer al otro lado.

¡Bonitos recuerdos!, y en ese instante, el presente se impuso con terquedad.

Iría al aeropuerto y compraría el pasaje para el primer vuelo internacional que saliera, y desde allí ya tomaría la ruta oportuna. No iba a adquirirlo por internet, prefería no dejar más pistas de las necesarias. Porque si en ese momento no sospechaban de ella, en cuanto despareciera lo harían. Un momento: debía haber alguna manera de solucionar eso.

Caminó por el salón durante unos minutos y por fin se le ocurrió, sí, así lo haría, pensó.

 

—¡No me lo puedo creer! —gritó la agente especial una vez estuvieron todos reunidos en el despacho de la dirección del casino.

Eran las cinco y media de la mañana cuando se encontraron allí, decidieron que fuera ese el lugar por si a la mujer le daba por volver, ya que ahora estaban completamente seguros de que había huido. Las palabras del sacerdote habían sido muy esclarecedoras.

Después de registrar la iglesia cuando terminó la misa, con la colaboración del párroco ya que, según sus propias palabras, podía ayudarles porque no le había dicho nada en secreto de confesión, buscaron por los alrededores, volvieron al taller, se apostaron en la puerta de su banco por si aparecía por allí a primera hora de la mañana. Y buscaron en la documentación que tenían de ella una posible dirección.

—Tal vez nos hemos pasado poniéndola nerviosa —se disculpó Johny.

—No sirve de nada lamentarnos o echarnos la culpa, y la verdad es que tampoco teníamos nada contra ella. En cualquier caso, si ahora estamos seguros de su implicación es, precisamente, porque los nervios la han llevado a esta huida sin control —le respondió Chama.

—Necesitamos saber si tiene algún sitio a donde ir, que no sea su habitación del hotel —insistió Kin.

—Llamaré a Kawosa —se ofreció Johny. Tras unos tonos comentó—: No contesta, llamaré a Byron para que vaya al hospital.

—Le diré a los chicos que están haciendo guardia que entren y lo avisen, están más cerca —aseveró Chama.

 

Jeremy despertó aún con la pequeña mano de su mujer entre las suyas. Abrió los ojos despacio y dio gracias nuevamente por tenerla con él. Porque la pesadilla hubiera terminado, o casi.

Antes tendrían que averiguar quién estaba detrás del ataque a Roxie. Eso era lo más importante en ese momento, sabía que Johny y los del FBI, además del policía de la reserva, estaban en ello, pero tampoco había prestado mucha atención hasta ese momento, estaba más centrado en la recuperación de la Loba.

Debería llamarlos para ver cómo iba todo. Pero antes quería mirarla un minuto más.

La enfermera que les había reñido cuando los vio en el sillón entró sigilosa.

—¡Buenos días! —lo saludó.

—Buenos días. ¿Todavía por aquí? —le preguntó él.

—Ya me queda poco, enseguida me voy a casa a seguir trabajando, ya sabes: niños y esas cosas.

No, en realidad Jeremy no lo sabía, había estado demasiado ocupado montándose una vida vacía.

—Por la sonrisa que tienes no parece que te moleste.

—La verdad es que me encanta llegar y abrazarlos después de una noche… dura como la de hoy.

—Lo siento —se disculpó él, ya que sabía que en gran parte ellos habían tenido la culpa de lo duro de la noche.

Ella sonrió aún más, y siguió trasteando por los cables que conectaban a Roxie a los aparatos.

—Y más me gusta cuando se van al cole, me ducho y me meto entre las sábanas con el absoluto silencio y la paz que dejan al marcharse.

Jeremy sonrió sintiendo un fuerte anhelo en el pecho. No sabía de qué se trataba, pero quería algo, con todo su corazón.

—He entrado para decirte que el guardia quiere que llames a su jefe, o a tu amigo el guapo, dice que es importante. Yo le he dicho que no hay nada más importante a las seis de la mañana que descansar, pero insiste.

—Gracias, lo llamaré enseguida.

—Hemos hecho café, ¿quieres?

—Gracias de nuevo.

Con el café en la mano Jeremy se sacó el teléfono del bolsillo y lo miró, tenía bastantes llamadas perdidas y mensajes.

—¿Es café eso que huelo? —preguntó Roxie aún adormilada.

Él sonrió, se puso de pie y la besó en la frente.

—Mi hermosa y temeraria cabezota. Buenos días.

Ella sonrió.

—Me encuentro estupendamente, quiero irme a casa.

—Eso debe decidirlo el médico, pero anoche tras tu… aventurita, me aseguró que intentaría que hoy subieses a una habitación normal en la planta —le acarició la mejilla con los dedos.

Roxie sintió la caricia como plumas suaves, apenas un roce y se derritió por dentro. Quería salir de ahí, comenzar su nueva vida. En ese instante no le interesaba qué había pasado, ni siquiera quería saber quién le había hecho eso, solo deseaba un nuevo comienzo con él.

Le sonrió mirando la taza, el olor a café recién hecho le proporcionó sensación de normalidad y eso la tranquilizó.

Una ráfaga tan rápida como un rayo se cruzó por su mente, sintió una especie de descarga eléctrica, como si una imagen de un antiguo fotomatón se hubiera instalado en su cabeza. Era un lugar pequeño y oscuro, húmedo y con olor a madera.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó su marido—. Estás blanca.

—Bien, bien… solo dame ese café —exigió extendiendo la mano.

—No creo que…

Ella simplemente se lo quitó, se incorporó apoyándose en la mano que tenía puesta la vía, sin importarle lo más mínimo que pudiera moverse o salirse.

Jeremy negó con la cabeza, pero la dejó hacer, pelear con ella era como darse cabezazos contra un muro, más o menos, aunque probablemente el muro se derrumbaría antes.

—Tengo que llamar a Johny, si no terminarán por presentarse aquí pronto.

Ella le hizo un gesto de asentimiento mientras sentía casi éxtasis al notar la cafeína corriendo por su interior.

Jeremy no pudo evitar una carcajada al ver la cara de puro placer que estaba poniendo, solo comparable a los dos juntos haciendo el amor. Y no cuando lo hacían despacio y de forma tierna, sino más bien cuando se les iba la cabeza y terminaban derrumbándose sobre el suelo o la mesa, o peleando por el control contra la pared.

Marcó rellamada para que comunicarse con Johny.

—Ya era hora, llevamos tiempo intentando comunicarnos contigo —se quejó su amigo.

—Buenos días a ti también. ¿Qué pasa?

—Necesitamos que nos digas si tú sabes si Clare tiene alguna dirección que no sea esta: un apartamento, una casa, una taquilla, un código postal…, lo que sea.

—Seguís centrados en Clare.

—Hay pruebas, Jeremy. A estas alturas es oficial. Está implicada, no sabemos hasta qué punto o si actuó sola, pero está claro que está metida hasta el cuello.

Jeremy sintió una terrible opresión en el pecho, no solo por la traición, sino porque se sentía un completo idiota, todo había sido culpa suya por no querer admitir lo que el resto había visto en Clare desde siempre. Si Roxie hubiera muerto… no quería ni pensarlo, le daban ganas de aporrearse hasta perder la conciencia. Necesitaba romper algo, quería…

Un ruido seco le sacó de su abstracción autodestructiva. Miró hacia Roxie. Seguía sentada en la cama, la taza estaba en el suelo, ella levantó la mirada, una mirada de horror, cristalina, húmeda. Tenía la tez pálida y sudorosa y la respiración alterada, las máquinas comenzaron a pitar y un par de enfermeras entraron en el acto corriendo hacia ella.

Él no se movió, pero lo vio. Leyó en su mirada la rabia y la furia en la que de golpe se había transformado el miedo.

Las trabajadoras trataron de sujetarla, pero ella se levantó de la cama y se tiró de la vía para quitársela, intentaron sujetarla y ella peleó como nunca.

—¡Ha sido ella! ¡Ella! ¡Hija de puta! ¡Me atacó! ¡Me golpeó con el coche! ¡Vi su cara! ¡La vi! ¡Voy a matarla! ¡Lo juro! ¡La mataré! ¡La mataré!

Las enfermeras trataban de detenerla, pero ella seguía peleando por quitarse el camisón y vestirse.

Jeremy fue más él mismo que nunca, respiró hondo y contestó a Johny, que gritaba preguntando qué coño estaba pasando.

—Mirar por su apellido de soltera, si tiene algo que quiera ocultar seguramente lo habrá hecho así.

Boucher, Clarice Boucher. Tengo que dejarte.

Con calma se acercó a Roxie, apartó a las enfermeras y al ayudante que estaban tratando de aguantarla y la abrazó fuerte, pero Roxie, su Roxie, no dejó de pelear, le dio patadas y puñetazos, le mordió y él la sujetó más fuerte.

Un enfermero se acercó junto a la doctora Ríos con una jeringuilla, la mirada que Kawosa les dirigió hizo que recularan. Poco a poco la Loba se calmó y se derrumbó. Después del estallido vino el colapso, se desmayó en sus brazos, él la depositó en la cama y dejó trabajar al personal.

Jeremy miró su teléfono que acaba de dar tono de mensaje.

Era de Clare.

CLARE_08:40

Querido Jeremy, me marcho.

Sabes que siempre te amé, no puedo obligarte a que me quieras, pero tampoco puedo seguir ahí cuando tú ya no vas a estar, cuando sé que estarás con ella, con la persona que más daño te hace. No puedo soportarlo, por eso me he marchado, he vuelto a Europa.

Reharé mi vida y me olvidaré de ti, de ella, de todo lo que me habéis quitado durante estos años. Aunque no te lo creas, deseo tu felicidad, a pesar de que sé que no será posible, tú y ella sois incompatibles. No te acepta como sí te aceptaba yo. En realidad, no te quiere, solo ama lo que fuisteis cuando eráis unos críos, pero las cosas cambian, ella no lo ha visto hasta ahora, ¿crees que será capaz de hacerlo algún día?

Jeremy maldijo ganándose la mirada reprobatoria de la doctora. Se juró que Clare se las pagaría, tarde o temprano lo haría. Tras serenarse le reenvió el mensaje a Johny y cuando vio las aspas que señalaban que lo había leído, lo llamó.

—Supongo que no te creerás las estupideces que dice, ¿verdad? —le dijo su amigo.

—Se va atacando, no te preocupes, la conozco. Bueno, eso pensaba, ya no estoy seguro de nada. Salvo de lo mucho que amo a mi mujer. Sé que ella me ama a mí, lo demás lo iremos arreglando sobre la marcha. De momento me voy a tomar unas largas vacaciones.

—Bien.

—Será mejor que le digas al jefe Chama que esté por aquí para tomarle declaración a Roxie, lo ha recordado todo. Ahora le han dado un calmante, pero cuando despierte querrá hablar con alguien. ¿Sabemos algo?

—Estamos en ello, el FBI está comprobando los vuelos y fronteras, y la gente de Chama ha ido a apretarle las tuercas al del taller, ahora tienen órdenes para todo. Es increíble cómo funcionan las cosas; cuando ya es tarde, es cuando les dejan actuar.

—Ya, bueno… quizá sea mejor así. Si desaparece, podremos olvidarlo.

—Tal vez.

—Si vuelve, yo… no sé qué sería capaz de hacer… no quiero…

—Déjalo estar, Jeremy, las cosas son como son, no merece la pena darle mil vueltas.

—Supongo que tienes razón.

—Siempre tengo razón.

—Cierto.

—No te culpes, Jeremy. Confiabas en ella y te traicionó. El amor vuelve loca a la gente.

—No creo que sea una cuestión de amor. A Clare lo único que la volvía loca era el poder, se trataba de eso en realidad.

—Sí, probablemente sí.

Pasaron varios minutos en silencio.

—Johny, gracias por todo. Te debo una.

Johny soltó una fuerte carcajada.

—¿Estás loco? De la noche a la mañana la gente me llama señor y tengo más pasta en el banco de la que voy a poder gastar, lo único que quiero es que me digas el nombre de tu sastre, envidio tus trajes a medida.

Jeremy sonrió.

—Te quiero, hermano.

—Bueno, tampoco te pases, ¿eh? Byron está mirándome y se está poniendo celoso, va para allá con Chama. Dale un abrazo a la jefa de mi parte.

—Lo haré.

Jeremy guardó el teléfono y se sentó en la cama. Acarició la cara de Roxie, le apartó el rebelde flequillo de la frente y la besó.

—Nunca más vuelvas a alejarte de mí, no podría volver a soportarlo —le susurró con la frente pegada a la de ella.

Mientras se tragaba su aliento, sentía que se llenaba de ella, de su vida, de su amor.