Vargas Fred

Los que van a morir te saludan · Capítulo 25 de 106

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Vargas Fred

Capítulo 34

-¿Aburrida?

-Mucho.

-Parece estar pensando en algo.

-Es posible.

-¿En qué?

El obispo hizo una mueca. Este nuevo papel de delator en que la investigación lo situaba empezaba a resultarle violento.

-Si quiere ayudar a Claudio Valhubert... -sugirió Valence.

-Ya sé, ya sé -dijo Vitelli con impaciencia-. Pero no siempre resulta fácil, figúrese.

Valence se quedó silencioso esperando a que Vitelli se decidiese.

-Muy bien -retomó el obispo con una voz un poco apresurada-. Voy a decir qué es lo que pienso. Seamos claros: le doy esta información, que callé ante la policía esta mañana, porque su actuación aquí es oficiosa. Si esto le lleva a algo interesante, es libre de advertir a Ruggieri. En caso contrario, la olvidará y yo, por mi parte, intentaré justificar mis sospechas. ¿Me entiende? ¿Podremos arreglárnoslas así en este asunto?

-Me parece bien -dijo Valence.

-Bien. Antes de dejarme, hacia mediodía, Henri me pidió que le dejase hacer una llamada. La hizo ante mí, con una impaciencia que conozco.

Llamó a uno de nuestros amigos más antiguos, que se ocupa en Roma de los mismos asuntos que Henri en París: la edición de arte.

-¿Cómo se llama?

-Pietro Baldi. Cuando era más joven, era encantador, pero el dinero le ha sentado mal. Su inteligencia es mediana, se da cuenta e intenta compensarlo con medios más o menos simpáticos. Pietro es un habitual en la biblioteca, tiene fichas de entrada desde hace veinte años.

Lorenzo Vitelli hablaba en voz cada vez más baja. Indudablemente, era la vergüenza, pensó Valence.

-Hay algo más -dijo Valence.

-Es verdad -suspiró el obispo-. Como estaba un poco alarmado por la marcha de Henri, retomé con todo detalle las obras recientes que ha publicado Pietro Baldi, página por página.

Vitelli se levantó, sacó un libro de su biblioteca, lo ojeó y lo posó abierto ante Valence.

-Vea usted mismo -dijo.