Vargas Fred
Capítulo 7
-Cómprate algo de camino. Tienes que alimentarte. ¿Claudio trabaja de nuevo? ¿Se concentra?
-Por supuesto, Laura. Claudio trabaja mucho.
-Me mientes, Tiberio. Duerme de día y corretea de noche. Mi pequeño Claudio no hace más que tonterías. Dime, Tiberio, ¿por qué no ha venido?
Espantó sus palabras de un manotazo.
-Es por Livia -dijo Tiberio-, ¿no has oído nada del último descubrimiento de tu querido Claudio?
-La última vez sólo mencionó a una tal Pierra.
-¡Oh, no! Lo de Pierra data de hace al menos veinte días, es una historia antigua, antediluviana. No, yo hablo de la maravillosa Livia, ¿no te dice nada?
-No. Creo que no. Veo tantas, ya sabes.
-Muy bien, te la enseñaré esta semana. Siempre que la constancia de Claudio resista hasta entonces.
-Esta vez no me quedo, guapo. Me vuelvo a París mañana por la noche.
Tiberio se detuvo bruscamente.
-¿Te vas tan pronto? ¿Nos dejas?
-Sí -dijo Laura sonriendo-. Volveré dentro de un mes y medio.
-¿Pero acaso no te das cuenta, Laura? ¿No sabes que Claudio y yo, desde que estamos exiliados aquí en Roma, todos los días, me oyes, todos los días lloramos un poquito por tu culpa? Un poquito antes de almorzar y un poquito antes de cenar. Y
tú ¿qué haces? ¡Nos dejas durante un mes y medio! ¿Acaso crees que las Pierras y las Livias van a poder animarnos?
-Sí, lo creo -dijo Laura con la misma sonrisa.
Nerón apreció aquella sonrisa.
-Pero yo soy un ángel -dijo Tiberio.
-Claro que sí, guapo. Ahora vete, voy a coger un taxi.
-¿No podemos acompañarte y tomar contigo una copa en el hotel?
-Prefiero que no. Tengo que ver a un montón de gente.
-Bueno. Cuando veas a Henri, abrázalo de mi parte y de parte de Claudio.
Dile que tengo la foto que me ha pedido para su libro. Entonces... ¿te devuelvo la bolsa? ¿Acabas de llegar y ya nos dejas?, ¿y no vuelves hasta dentro de un mes?
Laura se encogió de hombros.
-Vale -respondió él-. Me zambulliré en el estudio. ¿Y tú, Nerón?