Vargas Fred
Capítulo 92
-Estás borracha, Laura.
-Todavía no. Te he dicho que te advertiría cuando lo estuviese. No seas impaciente, es algo que lleva su tiempo, sobre todo cuando uno tiene mi resistencia.
-De acuerdo -dijo Valence doblando sus notas-. Creo que no nos falta nada.
-Sí, mi cabeza en la cesta.
-Ya no se ejecuta. Lo sabes perfectamente.
-Es encantador que digas eso, Richard. ¿Has rellenado todos esos papeles sobre mí? Te has ocupado mucho de mí en estos últimos días. Me conmueve. Es un informe precioso. Ahora dámelo.
-Déjalo, Laura.
-Hay un punto sobre el cual no me has interrogado. Se trata de la cicuta.
-¿Y bien?
-¿Cuándo he podido fabricarla? ¿Dónde? No es por nada pero resulta esencial. Has descuidado ese asunto de la cicuta.
Valence, descontento, volvió a abrir el dossier.
-¿Qué importancia tiene eso?
-Todos los detalles cuentan, Richard. Debes conseguir que esa acusación resulte sólida como el hormigón.
-Muy bien. ¿De dónde has sacado la cicuta?
-Del florista, supongo. No crece ni en París ni en mi aldea. Vamos, que nunca la he visto. Es una umbelífera, es lo único que sé.
Valence se encogió de hombros.
-¿Dónde la has preparado?
-En el baño del avión, sobre un pequeño hornillo.
-¿Dónde la has preparado, Laura? ¿En tu casa?
-No. Mientras hacía la cola en el aeropuerto. Pedí un bol y un mortero a la azafata. Es fácil de conseguir.
-¿Tratas de ponerme nervioso?
-Claro que no, trato de ayudarte desesperadamente. Intento con todas mi fuerzas discurrir dónde habría podido encontrar y preparar esa mierda de cicuta. El problema es que no estoy segura de diferenciar la cicuta del perifollo. ¿Henri no murió de una indigestión de perifollo?
-Esta vez estás borracha -dijo Richard cerrando violentamente su dossier.