Vargas Fred
Capítulo 6
OceanofPDF.com
III
El Palatino acababa de entrar en la estación. Los viajeros descendían blandamente. Tiberio señaló de lejos a Laura, para que Nerón la viese.
-Tiberio... -dijo Laura-. ¿Cómo no estás trabajando? ¿Llevas mucho tiempo aquí?
-Languidezco aquí desde las primeras luces. Cuando tú dormías en la frontera, yo ya estaba aquí. En aquel rincón. ¿Cómo estás? ¿Has podido dormir en la litera? Dame tu bolsa.
-No estoy cansada -dijo Laura.
-Claro que lo estás. Sabes perfectamente que el tren cansa. Mira, Laura, te presento a nuestro amigo Nerón, la tercera punta satánica del triángulo demoníaco que baña la ciudad de Roma de sangre y fuego... Lucius Domitius Nero Claudius, sexto César... ¡Avanza Nerón! Mucho cuidado con él, Laura... Está completa y rematadamente loco. Es el loco más completo que Roma haya jamás acogido entre sus muros desde hace mucho tiempo...
Pero Roma aún no lo sabe. Ése es el inconveniente.
-¿Tú eres Nerón? Claudio lleva años hablándome de ti -dijo Laura.
-Buena cosa -dijo Nerón-. Soy un tema inagotable.
-Es sobre todo un individuo pésimo -dijo Tiberio-. Inteligencia eruptiva y nefasta para el futuro de las naciones. Pero ¡dame esa bolsa, Laura! No quiero que lleves ninguna bolsa. Pesa y además hace feo.
Nerón caminaba al lado de ambos. Tiberio había descrito mal a aquella mujer, con palabras ambiciosas que quieren decir mucho y no dicen nada.
Nerón lanzaba rápidas miradas de soslayo, manteniendo la distancia, con una deferencia respetuosa nada habitual en él. Laura era bastante alta y andaba con una especie de desequilibrio imperceptible. ¿Por qué Tiberio le había expuesto tan mal todo aquello del perfil? Había hablado de un perfil
curvo, de labios un poco desdeñosos, de cabellos negros cortados sobre los hombros.
Pero no había explicado hasta qué punto el conjunto resultaba sorprendente a la vista. En este momento, ella escuchaba a Tiberio, mordiéndose un labio. Nerón absorbía con avidez la entonación de su voz.
-¡Pues no, guapo, no llevo nada de comer! -decía Laura, mientras caminaba con rapidez, cruzando los brazos sobre su vientre.
-¿Y qué va a ser de mí?