Will Grayson, Will Grayson
Capítulo once
Estoy sentado en el suelo, apoyado en mi taquilla, diez minutos antes de que suene el timbre de la primera clase cuando Tiny llega corriendo por el pasillo con un montón de carteles de la audición de Tiny Dancer en las manos.
—¡Grayson! —grita.
—Hola —le contesto.
Me levanto, cojo un cartel y lo sostengo contra la pared. Tiny tira los demás al suelo y empieza a pegarlo con cinta adhesiva, que corta con los dientes. Cuelga el cartel, recogemos los demás del suelo, damos unos pasos y repetimos la operación. Y entretanto Tiny habla. Le late el corazón, parpadea, respira, sus riñones procesan toxinas y habla, y todo de forma totalmente involuntaria.
—Perdona que no volviera al Frenchy’s a buscarte, pero supuse que imaginarías que había cogido un taxi, que es lo que hice, y bueno, Will y yo fuimos andando hasta la Judía y, Grayson, sé que lo he dicho muchas veces, pero me gusta de verdad. En fin, tiene que gustarte alguien de verdad para ir con él a la Judía, escucharle hablar de su novio, que no solo no era su novio, sino que ni siquiera era un tío, y cantar para él. Y, Grayson, en serio: ¿puedes creerte que besé a Will Grayson? Besé a Will Grayson, joder. Y nada personal, porque, como te he dicho tropecientas mil veces, creo que eres un tío de puta madre, pero me habría apostado el huevo izquierdo a que nunca me enrollaría con Will Grayson, ¿sabes?
—Aj… —digo, pero ni siquiera espera a que termine de decir «ajá» para seguir.
—Me manda mensajes cada cuarenta y dos segundos, y es buenísimo escribiendo mensajes, me gusta, porque siento una agradable vibración en la pierna, un recordatorio en el muslo de que es… Mira, otro.
Sigo sujetando el cartel mientras se saca el móvil del bolsillo de los vaqueros.
—Uau —dice.
—¿Qué dice? —le pregunto.
—Confidencial. Creo que confía en que no vaya por ahí cotilleando sobre sus mensajes, ¿sabes?
Podría puntualizar que es ridículo confiar en que Tiny no cotillee sobre lo que sea, pero no lo hago. Cuelga el cartel y empieza a andar por el pasillo. Lo sigo.
—Bueno, me alegro de que la noche te fuera de coña. Pero a mí me pilló por sorpresa ese chaval, el ex waterpolista de Jane…
—Mira —me corta—, para empezar, ¿a ti qué más te da? No te interesa Jane. Y en segundo lugar, yo no lo llamaría «chaval». Es un hombre. Está cuadrado, con un cuerpo impecable, un pedazo de tío.
—Muchas gracias.
—Solo digo… No es mi tipo, pero la verdad es que es una maravilla contemplarlo. ¡Y qué ojos! Como zafiros iluminándote los rincones oscuros del corazón. Pero, en fin, yo no sabía que habían salido. Ni siquiera había oído hablar de él. Pensé que solo era un tío bueno que intentaba ligar con ella. Jane nunca me habla de tíos. No sé por qué. Para estas cosas, se puede confiar en mí.
Su voz refleja suficiente sarcasmo (solo el suficiente) para que me ría. Tiny sigue hablando por encima de mi risa.
—Es increíble la de cosas que no sabes de la gente, ¿verdad? He estado pensándolo todo el fin de semana, hablando con Will. Se enamoró de Isaac, que resultó ser inventado. Parece algo que solo pasa en internet, pero en realidad pasa cada dos por tres también en la vida real.
—Bueno, Isaac no era inventado. Era una chica. Esa chica, Maura, es Isaac.
—No, no lo es —me contesta.
Sujeto el último cartel mientras lo pega en la puerta de un baño de chicos. Dice: ¿ERES MARAVILLOSO? SI LO ERES, NOS VEMOS DESPUÉS DE CLASE EN EL AUDITORIO. Termina de pegarlo y nos vamos a clase de cálculo. Los pasillos empiezan a llenarse de gente.
La farsa Isaac/Maura me recuerda algo.
—Tiny —le digo.
—Grayson —me contesta.
—¿Me harías el favor de ponerle otro nombre al personaje de tu obra, al amigo?
—¿Gil Wrayson?
Asiento. Tiny levanta los brazos.
—¡No puedo cambiarle el nombre a Gil Wrayson! Es vital para el tema de la obra —proclama.
—Te aseguro que no estoy de humor para tus gilipolleces —le digo.
—No digo gilipolleces. Tiene que apellidarse Wrayson. Dilo despacio. Rays… in. Raysin. Tiene doble sentido. Gil Wrayson está sufriendo una transformación. Y tiene que dejar que entren los rayos del sol (que llegan en la forma de canciones de Tiny) para llegar a ser quien es de verdad…: no una ciruela, sino una uva pasa bañada por
el sol. ¿No te das cuenta?[1]
—Venga ya, Tiny. Si es así, ¿por qué cojones se llama Gil?
Se queda un momento callado.
—Hum —dice mirando el pasillo, todavía silencioso—. Es solo que siempre me ha sonado bien. Pero supongo que podría cambiarlo. Lo pensaré, ¿vale?
—Gracias —le digo.
—De nada. Y ahora deja de ser un llorica, por favor.
—¿Cómo?
Llegamos a nuestras taquillas, y aunque otros pueden oírle, habla tan fuerte como siempre.
—Buaaa, buaaa, no le gusto a Jane, aunque a mí tampoco me gusta ella. Buaaa, buaaa, Tiny se ha inspirado en mí para poner el nombre a un personaje de su obra. En el mundo hay gente con problemas reales, ¿sabes? No deberías perderlo de vista.
—Tío, ¿y TÚ me dices que no lo pierda de vista? Joder, Tiny. Solo me habría gustado saber que tenía novio.
Tiny cierra los ojos y respira hondo, como si el coñazo fuera yo.
—Ya te he dicho que no sabía ni que existía, ¿vale? Los vi hablando y vi que estaba interesado en ella por los gestos. Y cuando se fue, le pregunté quién era, y me dijo: «Mi ex», y yo le dije: «¿Ex? ¡Tienes que recuperar a ese tío bueno ya!».
Miro el perfil de Tiny Cooper, que mira hacia su taquilla. Parece aburrido, pero de repente clava sus ojos en mí y por un segundo creo que se da cuenta de que lo que ha dicho me ha cabreado, pero se mete la mano en el bolsillo y saca el móvil.
—No —le digo.
—Perdona, sé que no debería leer mensajes cuando estoy hablando, pero ahora mismo estoy un poco pillado.
—No estoy hablando de los mensajes, Tiny. No le dijiste a Jane que volviera con ese tío.
—Claro que sí, Grayson —me contesta sin dejar de mirar el móvil—. Estaba buenísimo, y me habías dicho que Jane no te gustaba. ¿Ahora te gusta? Típico de los tíos… Te interesa si tú no le interesas a ella.
Quiero darle un puñetazo en los riñones por no tener razón y por tenerla. Pero solo me dolería a mí. No soy más que un personaje de su obra, y lo único que puedo hacer es marear la perdiz hasta que acabe el instituto y por fin pueda escapar de su órbita, dejar de ser un satélite de su gordo planeta.
Entonces se me ocurre lo que puedo hacer. Mi arma. Regla 2: Callarme. Paso por delante de él en dirección a la clase.
—Grayson —me dice.
No le contesto.
En la clase de cálculo no digo nada cuando milagrosamente logra meterse en su pupitre. Y no digo nada cuando me cuenta que ahora mismo ya no soy su Will Grayson favorito. No digo nada cuando me cuenta que ha mandado al otro Will Grayson cuarenta y cinco mensajes en las últimas veinticuatro horas, aunque creo que son demasiados. No digo nada cuando me planta el móvil en las narices y me muestra un mensaje de Will Grayson que se supone que debería parecerme precioso. No digo nada cuando me pregunta por qué cojones no digo nada. No digo nada cuando me dice: «Grayson, estabas poniéndome de los nervios y te he dicho todo eso solo para que te callaras. Pero no pretendía que te callaras tanto». No digo nada cuando me dice: «En serio, dime algo», y no digo nada cuando me dice en voz baja, aunque lo bastante fuerte para que lo oigan: «Grayson, lo siento de verdad, ¿vale? Lo siento».
Y por suerte empieza la clase.
Cincuenta minutos después, suena el timbre. Tiny me sigue hasta el pasillo como si fuera mi sombra hinchada y me dice: «Vamos, de verdad, es ridículo». No es que quiera seguir torturándolo. Solo estoy disfrutando del placer de no tener que escuchar la precariedad y la impotencia de mi propia voz.
En la comida me siento solo al final de una larga mesa ocupada por varios miembros de mi antiguo Grupo de Amigos.
—¿Qué tal, marica? —me pregunta un tal Alton.
—Muy bien —le contesto.
—¿Vas a venir a la fiesta de Clint? —me pregunta otro tipo llamado Cole—. Será una locura.
Lo que me hace pensar que, en realidad, aunque uno de esos tipos acaba de llamarme marica, no les caigo mal. Al parecer, que Tiny Cooper sea tu mejor y único amigo no te prepara para las complejidades de la socialización masculina.
—Sí, intentaré pasarme —le contesto, aunque no sé cuándo es esa fiesta.
—Oye —me dice un tipo con la cabeza afeitada llamado Ethan—, ¿vas a ir a la audición de la mariconada de Tiny?
—No, joder —le respondo.
—Creo que yo sí —me dice.
Por un segundo intento descubrir si está de broma. Todos empiezan a reírse y a hablar a la vez, intentando soltar el primer insulto, pero Ethan se lo toma a risa.
—A las tías les encantan los hombres sensibles —dice. Se gira y grita hacia la mesa de detrás, donde está sentada su novia, Anita—. Nena, ¿no estoy sexy cuando canto?
—Joder, sí —dice la chica.
Nos mira a todos satisfecho. Los chicos siguen pitorreándose de él. Yo básicamente me quedo callado, pero para cuando me he terminado el sándwich de jamón y queso, me río de sus bromas de vez en cuando, lo que supongo que significa que estoy comiendo con ellos.
Tiny me encuentra dejando la bandeja en la cinta transportadora. Está con Jane, y ambos caminan a mi lado. Al principio nadie habla. Jane lleva una sudadera con capucha verde militar, con la capucha puesta. Está casi indecentemente preciosa, como si la hubiera elegido a propósito para provocar.
—Tiene gracia, Grayson —dice Jane—. Tiny me ha dicho que has hecho voto de silencio.
Asiento.
—¿Por qué? —me pregunta.
—Hoy solo voy a hablar con chicas guapas. —Sonrío.
Tiny tiene razón. La existencia del waterpolista facilita el ligoteo.
Jane sonríe.
—Creo que Tiny es bastante mona.
—Pero ¿por qué? —me implora Tiny mientras giro en un pasillo.
El laberinto de pasillos idénticos que solo se diferencian por los distintos murales del Gato Salvaje, que solían acojonarme vivo. Joder, volver a los tiempos en que mi mayor miedo era un pasillo.
—Grayson, por favor. Me MATAS.
Soy consciente de que, por primera vez desde que recuerdo, Tiny y Jane están siguiéndome.
Tiny decide ignorarme y le dice a Jane que algún día espera tener los suficientes mensajes de Will Grayson como para publicar un libro, porque sus mensajes son poesía.
No puedo evitar decir:
—«Por qué igualarte a un día de verano» se convierte en «eres caliente como el mes de agosto».
—¡Habla! —grita Tiny rodeándome con el brazo—. Sabía que cambiarías de opinión. Estoy tan contento que voy a cambiarle el nombre a Gil Wrayson. A partir
de ahora se llamará Phil Wrayson. Phil Wrayson, que tiene que llenarse[2] de los rayos del sol de Tiny para llegar a ser él mismo. Es perfecto.
Asiento. Seguirán pensando que soy yo, pero…, bueno, al menos finge intentarlo.
—¡Oh, un mensaje!
Tiny saca el móvil, lee el mensaje, suspira ruidosamente y empieza a teclear la respuesta con sus manazas.
—Yo elegiré quién hace el papel —le digo mientras teclea con los pulgares.
Tiny asiente distraído.
—Tiny, yo elegiré quién hace el papel —le repito.
Levanta los ojos.
—¿Qué? No, no, no. Yo soy el director. Yo soy el autor, el productor, el director, el diseñador del vestuario y el director de casting.
—Te he visto asentir, Tiny —dice Jane—. Ya has aceptado.
Tiny se cachondea y llegamos a mi taquilla. Jane me aparta de Tiny tirándome del codo.
—No puedes decir esas cosas —me dice en voz baja.
—Malo si hablo y malo si no hablo —le contesto sonriendo.
—Solo digo que… Grayson, solo digo que no puedes decir esas cosas.
—¿Qué cosas?
—Lo de las chicas guapas.
—¿Por qué no? —le pregunto.
—Porque todavía estoy investigando sobre la relación entre el waterpolo y las revelaciones.
Intenta sonreír con los labios apretados.
—¿Quieres venir conmigo al casting de Tiny Dancer? —le pregunto.
Tiny sigue apartado, tecleando con los pulgares.
—Grayson, no puedo… Bueno, no estoy disponible, ¿me entiendes?
—No estoy pidiéndote que salgas conmigo. Estoy pidiéndote que vengas conmigo a una actividad extraacadémica. Nos sentaremos al fondo del auditorio y nos reiremos de los tipos que hagan el casting para mi papel.
No he leído la obra de Tiny desde el verano pasado, pero, por lo que recuerdo, hay unos siete personajes principales: Tiny, su madre (que hace un dueto con Tiny), Phil Wrayson, Kaleb y Barry, por los que Tiny se interesa amorosamente, y una pareja de ficción heterosexual que hace que el personaje de Tiny crea en sí mismo, o algo así. Y hay un coro. En total, Tiny necesita treinta actores. Imagino que en las audiciones no habrá más de doce personas.
Pero cuando llego al auditorio, después de química, ya hay al menos cincuenta personas de pie junto al escenario, y las primeras filas de asientos esperan a que empiecen las audiciones. Gary corre de un lado al otro repartiendo imperdibles y trozos de papel con números escritos a mano, que los que van a hacer la audición se colocan en el pecho. Y como son gente del teatro, todos hablan. Todos. A la vez. No necesitan que los escuchen. Lo único que necesitan es hablar.
Me siento en la última fila, en el segundo asiento, para que Jane pueda sentarse en el del pasillo. Aparece justo después de mí y se sienta a mi lado, echa un vistazo y dice:
—Grayson, ahí abajo hay alguien que tendrá que observar tu alma para hacer bien tu papel.
Estoy a punto de contestarle cuando la sombra de Tiny pasa por encima de nosotros. Se arrodilla a nuestro lado y nos da una pizarra a cada uno.
—Apuntad algo sobre cada persona que os parezca bien para el papel de Phil, por favor. Y estoy pensando en escribir un pequeño papel para un personaje que se llamará Janey.
Y baja por el pasillo con paso seguro.
—¡Chicos! —grita—. Chicos, sentaos, por favor.
La gente se mete a toda prisa en las primeras filas mientras Tiny se lanza hacia el escenario.
—No tenemos mucho tiempo —dice con un tono extrañamente afectado. Supongo que habla como cree que habla la gente del teatro—. Ante todo, necesito saber si cantáis. Un minuto de una canción para cada uno. Si os volvemos a llamar, haréis un trozo de la obra. Podéis elegir la canción, pero que sepáis que Tiny Cooper ODIA «Over the Rainbow». —Salta del escenario teatralmente y grita—: Número 1, enamórame.
La número 1, una tímida rubia que se identifica como Marie F, sube las escaleras del escenario y se dirige al micrófono con los hombros caídos. Mira a través del flequillo hacia el fondo del auditorio, donde en grandes letras de color púrpura pone LOS GATOS SALVAJES HACEN ROCK. Y pasa a demostrar todo lo contrario con una pésima interpretación de una balada de Kelly Clarkson.
—Dios mío —dice Jane en voz baja—, Dios mío, haz que acabe ya.
—Pero ¿qué dices? —murmuro—. La chavala es perfecta para el papel de Janey. Desafina, le gusta el pop corporativo y sale con zorras chillonas.
Me pega un codazo.
El número 2 es un chaval musculoso con el pelo demasiado largo para considerarlo normal, pero demasiado corto para considerarlo largo. Canta una canción de una banda que al parecer se llama Damn Yankees. Jane los conoce, claro. No sé cómo suena el original, pero la versión a capela deja mucho que desear. Parece un chimpancé aullando.
—Parece que acaban de pegarle una patada en los huevos —dice Jane.
—Si no acaba pronto, alguien acabará con él —le contesto.
Hacia el número 5, deseo una mediocre versión de algo inofensivo como «Over the Rainbow», y sospecho que Tiny también, porque su animado «¡Muy bien! Volveremos contigo» ha degenerado en un «Gracias. El siguiente».
Las canciones van del jazz a versiones de boy bands, pero todos los intérpretes tienen algo en común: son una mierda. Bueno, no todos son una mierda en el mismo sentido, claro, ni todos son igual de mierdas, pero todos son al menos un poco mierdas. Me quedo de piedra cuando mi compañero de la comida, Ethan, el número 19, resulta ser el mejor cantante hasta ahora. Canta una canción de un musical llamado Spring Awakening. El tío tiene voz.
—Podría hacer tu papel —dice Jane—. Si se deja crecer el pelo y adopta una mala actitud.
—Mi actitud no es mala…
—… es lo que suelen decir los que tienen mala actitud.
Jane sonríe.
En la hora siguiente veo a un par de posibles Jane. La número 24 canta una versión extrañamente pegadiza y dulce de una canción de Guys and Dolls. La otra chica, la número 43, tiene el pelo liso, decolorado y con mechas azules, y canta «Mary Had a Little Lamb». Algo en esa distancia entre las canciones infantiles y el pelo azul me parece muy propio de Jane.
—Voto por ella —dice Jane en cuanto la chica llega al segundo «Mary».
La última que hace la audición es una criatura diminuta y de grandes ojos llamada Hazel, que canta una canción de Rent. Cuando ha acabado, Tiny sube al escenario para dar las gracias a todos, decirles que han estado geniales, que será durísimo decidirse y que los resultados se colgarán pasado mañana. Todos salen y Tiny sube por fin el pasillo.
—Te has quedado sin trabajo —le digo.
Hace un gesto teatral de futilidad.
—No hemos visto a muchas futuras estrellas de Broadway —admite.
Gary llega y dice:
—Me han gustado los números seis, diecinueve, treinta y uno y cuarenta y dos. Los demás, bueno… —Gary se lleva las manos al pecho y empieza a cantar—: «En algún lugar por encima del arcoíris, muy arriba / Las canciones de los Gatos Salvajes me dan dolor de barriga».
—Vaya —le digo—. Tú sí que cantas bien. Pareces Pavarotti.
—Bueno, menos en que él es barítono —dice Jane, cuya ostentación musical parece haberse extendido al ámbito de la ópera.
Tiny, entusiasmado, chasquea los dedos de una mano y señala a Gary.
—¡Tú! ¡Tú! ¡Tú! Para el papel de Kaleb. Felicidades.
—¿Quieres que represente una versión ficcionalizada de mi propio ex? —le pregunta Gary—. Creo que no.
—Pues Phil Wrayson. Me da lo mismo. Elige tu papel. Cantas mejor que todos ellos.
—¡Sí! —digo—. Te elijo a ti.
—Pero tendría que besar a una chica —dice—. Puaj.
No recuerdo que mi personaje besara a ninguna chica. Empiezo a preguntarle a Tiny, pero me corta diciendo:
—He reescrito algunas partes.
Tiny le hace un poco más la pelota a Gary, que acepta interpretar mi papel, y sinceramente me parece bien. Mientras nos dirigimos a la cafetería, Gary se gira hacia mí con la cabeza ladeada y mirándome de reojo.
—¿Cómo es ser Will Grayson? Necesito saber cómo es por dentro.
Se ríe, pero a la vez parece esperar la respuesta. Siempre había pensado que ser Will Grayson implicaba ser yo, pero parece que no. El otro Will Grayson también es Will Grayson, y ahora lo será Gary.
—Solo intento callarme y no dar importancia —le digo.
—Apasionantes palabras —dice Gary sonriendo—. Voy a basar tu papel en los atributos de las rocas del lago: silenciosas, apáticas y, teniendo en cuenta el poco ejercicio que hacen, sorprendentemente esculpidas.
Todos se ríen, menos Tiny, que está escribiendo un mensaje. Al salir del pasillo, veo a Ethan apoyado en la vitrina de los trofeos de los Gatos Salvajes, con la mochila al hombro. Me acerco a él.
—No has estado mal —le digo.
—Solo espero no ser demasiado guapo para hacer tu papel —me contesta sonriendo.
Le devuelvo la sonrisa, aunque parece que lo ha dicho en serio.
—¿Nos vemos el viernes en casa de Clint? —me pregunta.
—Sí, puede ser —le contesto.
Se ajusta la mochila al hombro, se despide con un gesto y se va. Oigo a Tiny detrás de mí suplicando teatralmente:
—¡Que alguien me diga que todo irá bien!
—Todo irá bien —le dice Jane—. Los actores mediocres se crecen y dan la talla.
Tiny respira hondo, aparta algo de su mente y dice:
—Tienes razón. Juntos serán mejores que cada uno de ellos por separado. ¡Se han presentado cincuenta y cinco personas para mi obra! Hoy me ha ido de coña. He sacado un notable en un trabajo de lengua. —Su móvil pita—. Y acabo de recibir un mensaje de mi nuevo Will Grayson favorito. Tienes toda la razón, Jane: las cosas van cada vez mejor.