Will Grayson, Will Grayson

John Green · Capítulo 6 de 21

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Will Grayson, Will Grayson

Capítulo seis

 

ahora mismo quisiera avanzar en el tiempo. o, si no funciona, me conformaría con retroceder en el tiempo.

quiero avanzar en el tiempo porque dentro de veinticuatro horas estaré con isaac en chicago, y me gustaría saltarme todo lo que habrá hasta entonces para llegar antes a él. no me importa si dentro de diez horas me toca la lotería, ni si dentro de doce horas tengo la posibilidad de graduarme en el instituto por adelantado. no me importa si dentro de catorce horas voy a estar cascándomela y voy a tener el orgasmo más trascendental de toda la historia no documentada. me lo saltaría todo para estar con isaac y no tener que conformarme con pensar en él.

en cuanto a retroceder en el tiempo, es muy sencillo: me gustaría volver atrás en el tiempo y matar al tipo que inventó las matemáticas. ¿por qué? porque ahora mismo estoy comiendo y derek dice

 

derek: ¿no estás mentalizado para el maratón de mates de mañana?

 

la mera expresión «maratón de mates» hace que todo gramo de anestesia que he acumulado en mi cuerpo deje de hacer efecto de golpe.

 

yo: que le den.

 

en nuestro instituto hay cuatro cracks en mates. yo soy el cuarto. derek y simon son el primero y el segundo, y para participar en las competiciones se necesitan al menos cuatro miembros. (el tercero es un alumno de primer año cuyo nombre olvido deliberadamente. su lápiz tiene más personalidad que él).

 

simon: lo recuerdas, ¿no?

 

los dos dejan sus hamburguesas de carne en la mesa (así las llama el menú de la cafetería: hamburguesas de carne) y me observan con ojos tan inexpresivos que juro que veo las pantallas de ordenador reflejadas en sus gafas.

 

yo: no sé. no me siento fuerte en mates. quizá deberíais buscar un sustituto.

derek: no tiene gracia.

yo: ¡ja, ja! no pretendía que la tuviera.

simon: ya te lo dije. no tienes que hacer nada. en una competición de

matemáticas, participas en grupo, pero te valoran individualmente.

yo: chicos, sabéis que soy vuestro fan número uno. Pero… bueno… tengo

planes para mañana.

derek: no puedes hacernos esto.

simon: dijiste que vendrías.

derek: te prometo que será divertido.

simon: no vendrá nadie más.

derek: lo pasaremos bien.

 

sé que derek está cabreado porque parece que se plantea reaccionar ligeramente a los estímulos informativos que ha recibido. quizá es demasiado, porque deja la hamburguesa de carne, coge la bandeja, murmura algo sobre multas de la biblioteca y se marcha.

no tengo la menor duda de que voy a dejarlos tirados. la única cuestión es si puedo hacerlo sin sentirme como una mierda. supongo que es un indicio de desesperación, pero decido contar a simon algo remotamente parecido a la verdad.

 

yo: mira, sabes que en circunstancias normales estaría en el maratón de mates.

pero es una emergencia. tengo una… supongo que podrías llamarla cita. y tengo que ver a esa persona, de verdad, que viene a verme desde muy lejos. si hubiera alguna manera de verla e ir a la competición de mates con vosotros, iría. pero no puedo. es como… si un tren viaja a ciento cincuenta kilómetros por hora y tiene que llegar desde la competición de mates al centro de chicago en dos minutos para una cita. no llegará a tiempo. así que tengo que saltar del tren, básicamente porque solo esta vez hay caminos que llevan a esta cita, y si cojo el tren equivocado, voy a ser más desgraciado de lo que una ecuación podría explicar.

 

me parece muy raro estar contándole esto a alguien, especialmente a simon.

 

simon: me da igual. dijiste que vendrías y tienes que venir. en este caso,

cuatro menos uno es igual a cero.

yo: pero, simon…

simon: deja de lloriquear y busca a cualquier bicho viviente que se meta en el

coche del señor nadler con nosotros. Incluso a un bicho muerto si se aguanta en pie una hora. no estaría mal que fuera alguien que sepa sumar,

para variar, pero te juro que no seré quisquilloso, tío pedorro.

 

me sorprende que pase los días sin darme cuenta de que no tengo tantos amigos. bueno, en cuanto dejas de formar parte de los cinco mejores, encuentras a mucho más personal de conserjería que miembros del alumnado. y aunque al portero jim no le importa que robe de vez en cuando un rollo de papel higiénico para «proyectos artísticos», me da la impresión de que no estaría dispuesto a renunciar a su noche del viernes para viajar con los capullos matemáticos y sus groupies.

sé que tengo un único cartucho, y no será fácil. maura lleva todo el día de buen humor… bueno, en su versión de buen humor, que implica que los pronósticos anuncian lloviznas en lugar de tormentas. no ha sacado el tema gay, y dios sabe que yo tampoco.

espero hasta la última clase porque sé que bajo presión es más probable que diga que sí. aunque estoy sentado a su lado, saco el teléfono por debajo de la mesa y le mando un mensaje.

 

yo: q haces mañana noche?

maura: nada, quieres hacer algo?

yo: ojala. tengo q ir a chicago con mi madre.

maura: divertido?

yo: necesito q me sustituyas en la maraton de mates. si no s y d estan jodidos.

maura: estas de coña, no?

me: no, de verdad estan jodidos.

maura: y pq iba a ir yo?

yo: pq te debere una y te dare 20 pavos.

maura: me deberas 3 y me daras 50.

yo: trato hecho.

maura: me guardare estos mensajes.

 

¿la verdad? seguramente acabo de librar a maura de pasar la tarde de compras con su madre, hacer deberes o clavarse un boli en las venas para sacar algo de material para sus poemas. después de clase le digo que seguro que conocerá a algún vago matemático de quinta de alguna ciudad que no nos suena de nada, y los dos se escaparán a fumar cigarrillos aromáticos y a comentar lo penosos que son los demás mientras derek, simon y el idiota de primero se machacan con teoremas y romboides. la verdad es que estoy haciendo maravillas por su vida social.

 

maura: no me presiones.

yo: te lo juro. estará de puta madre.

maura: quiero veinte pavos por adelantado.

 

me alegro de no haber tenido que decirle a Maura que tenía que ir a ver a mi abuela enferma o algo así. esas mentiras son peligrosas, porque sé que en cuanto dices que tu abuela está enferma, suena el teléfono y tu madre entra en tu habitación con malas noticias sobre el páncreas de tu abuela, y aunque sabes que esa inocente mentirijilla no provoca cáncer, te sientes culpable hasta el fin de tus días. maura me pregunta por mi viaje a chicago con mi madre, así que le doy a entender que queremos estrechar lazos, y como maura tiene un padre y una madre felices, y yo tengo una madre deprimida, me gano su compasión. pienso tanto en isaac que me asusta que se me escape algo, pero por suerte el interés de maura me mantiene en guardia.

cuando llega el momento de que ella se vaya por su camino y yo por el mío, vuelve a intentar sacarme la verdad.

 

maura: ¿hay algo que quieras decirme?

yo: sí. quiero decirte que me está saliendo leche del tercer pezón y que mis

nalgas amenazan con sindicarse. ¿Qué crees que debería hacer?

maura: creo que me ocultas algo.

 

es el problema con maura: siempre tiene que ver con ella. siempre. normalmente no me importa, porque, si todo tiene que ver con ella, entonces nada tiene que ver conmigo. pero algunas veces su foco de atención me arrastra, y lo odio.

ahora me pone morros y, en honor a la verdad, son morros auténticos. no está intentando manipularme fingiendo estar enfadada. maura no hace esas chorradas, y por eso la aguanto. puedo interpretar al pie de la letra todos sus gestos, y eso es valioso en un amigo.

 

yo: cuando tenga algo que decirte, te avisaré, ¿vale? ahora vete a casa y haz

prácticas de mates. te he preparado unas fichas.

 

meto la mano en la bolsa y saco las fichas que he hecho en la séptima clase, sabiendo que maura iba a decirme que sí. en realidad no son fichas, porque no llevo fichas en la bolsa por si surge una emergencia. pero he trazado líneas de puntos en la hoja para que sepa por dónde cortarla. cada ficha tiene su ecuación.

2 + 2 = 4

50 × 40 = 2000

834 620 × 375 002 = ¿a quién cojones le importa?

x + y = z

polla + coño = una feliz pareja gallo-gata

rojo + azul = violeta

yo – maratón de mates = yo + gratitud contigo

 

maura las mira un segundo y dobla la hoja por las líneas de puntos encajando las caras como si fuera un mapa. no sonríe, pero por un instante no parece enfadada.

 

yo: no dejes que derek y simon se pongan demasiado cachondos, ¿vale? lleva

siempre protección.

maura: creo que sabré mantener mi virginidad en una competición de

matemáticas.

yo: es lo que dices ahora, pero ya veremos dentro de nueve meses. si es una

niña, deberías llamarla Verborrea. si es un niño, Trígono.

 

se me ocurre que, tal como funcionan las cosas, seguramente maura conocerá a algún marginado matemático que le meta el más en su menos mientras yo exploto con isaac y regreso a casa, a la comodidad de mi mano.

no se lo digo a maura, porque ¿para qué gafarnos los dos?

maura se despide de mí antes de marcharse y parece como si tuviera algo más que decirme, pero hubiera decidido no decirlo. otra razón para estarle agradecido.

le vuelvo a dar las gracias, y otra vez, y otra vez.

cuando acabamos, me voy a casa y chateo con isaac en cuanto llega del instituto. hoy no trabaja. damos dos mil vueltas a nuestro plan. dice que un amigo suyo le ha sugerido que nos encontremos en un sitio llamado frenchy’s, y como no conozco tanto chicago, aparte de los sitios a los que se va de excursión con el colegio, le digo que me parece bien e imprimo las indicaciones que me manda.

cuando hemos terminado, entro en el facebook y miro su perfil por millonésima vez. no lo cambia muy a menudo, pero me sirve para recordar que es real. bueno, hemos intercambiado fotos y hablado lo bastante para que sepa que es real. no es un tipo de cuarenta y seis años que me ha preparado un buen sitio en la parte de atrás de su furgoneta con matrícula falsa. no soy tan idiota. vamos a encontrarnos en un lugar público y llevo el móvil. aun en el caso de que isaac sufriera un brote psicótico, estaré preparado.

antes de irme a dormir miro todas las fotos suyas que tengo, como si no las hubiera memorizado ya. estoy seguro de que lo reconoceré en cuanto lo vea. y estoy seguro de que será uno de los mejores momentos de mi vida.

el viernes después de clase es mortal. quiero asesinar de mil maneras diferentes, y lo que quiero asesinar es mi armario. no tengo ni puta idea de qué ponerme, y para nada soy un tío que se pregunta qué ponerse, así que no me explico lo que estoy haciendo. cada puñetera prenda que tengo parece elegida para mostrar sus defectos. me pongo una camiseta que siempre he pensado que me queda bien, y por supuesto que me marca el pecho. pero de repente me doy cuenta de que me viene tan pequeña que si levanto los brazos, aunque sea un par de centímetros, se me ven los pelos de la barriga. entonces lo intento con una camisa negra que hace que parezca que me he arreglado demasiado, y luego con una camisa blanca que me parece guapa hasta que encuentro una mancha en la parte de abajo que espero que sea zumo de naranja, pero probablemente es de cuando me la metí por dentro de los pantalones antes de cascármela. las camisetas de grupos de música son demasiado obvias. si me pongo una camiseta de uno de sus grupos favoritos, seré un chupaculos, y si me pongo una de un grupo que no le guste, puede pensar que tengo un gusto penoso. la sudadera gris es enorme, y la camisa azul es prácticamente del mismo color que los vaqueros, e ir todo de azul solo puede permitírselo el monstruo de las galletas.

por primera vez en mi vida entiendo por qué a las perchas se les llama también colgadores, porque después de quince minutos probándome cosas y descartándolas, lo único que quiero hacer es colgar una en lo alto del armario, meter la cabeza dentro y dejarme caer. mi madre entrará y pensará que se trata de asfixia autoerótica, cuando ni siquiera he tenido tiempo de sacarme la polla, y estaré lo bastante vivo para contarle que creo que la asfixia autoerótica es una de las mayores gilipolleces del universo, junto con los republicanos gays. pero sí, me moriré. y será como un episodio de CSI en el que entrarán los investigadores y pasarán cuarenta y tres minutos, más los anuncios, rastreando mi vida, y al final se llevarán a mi madre a la comisaría, le pedirán que se siente y le contarán la verdad.

 

poli: señora, no han asesinado a su hijo. solo estaba arreglándose para su

primera cita.

 

sonrío al pensar cómo rodarían la escena, pero caigo en la cuenta de que estoy sin camisa en medio de la habitación y de que tengo que coger un tren. Al final elijo una camiseta con un dibujito de un robot de cinta adhesiva y la palabra «robotboy» en minúsculas debajo. no sé por qué me gusta, pero me gusta, y no sé por qué creo que a isaac también le gustará, pero lo creo.

sé que debo de estar nervioso, porque en realidad estoy pensando en cómo llevo el pelo, pero cuando llego al espejo del cuarto de baño, decido que mi pelo haga lo que quiera y como normalmente me queda mejor cuando hace viento, de camino sacaré la cabeza por la ventanilla del tren. podría utilizar los productos para el pelo de mi madre, pero no me apetece oler como las mariposas en el campo. así que estoy listo.

le he dicho a mi madre que el concurso de matemáticas es en chicago. supuse que, puestos a mentir, también podría pensar que habíamos llegado a la final. le aseguré que el instituto había alquilado un autobús para nosotros, pero me dirijo a la estación de tren. no hay problema. a estas alturas tengo los nervios de punta. intento leer matar a un ruiseñor para la clase de literatura, pero las letras parecen formar un bonito dibujo en la página y para mí no tienen más significado que el estampado de los asientos del tren. podrían poner una película de acción titulada muérete, ruiseñor, muérete, y seguiría sin enterarme. así que cierro los ojos y escucho mi ipod, pero parece que lo ha programado un cupido cabrón, porque todas las canciones me hacen pensar en isaac. se ha convertido en la persona de la que hablan las canciones, y mientras una parte de mí piensa que seguramente lo merece, otra parte me grita «cálmate de una puta vez». aunque ver a isaac va a ser excitante, también va a ser incómodo. la clave será no dejar que esa incomodidad nos alcance.

dedico unos cinco minutos a pensar en la historia de mis rollos (la verdad es que con cinco minutos me sobra) y recuerdo la traumática experiencia de meter mano borracho a carissa nye en la fiesta de sloan mitchell, hace un par de meses. besarnos fue excitante, pero cuando la cosa pasó a mayores, carissa me miró con una estúpida expresión seria y casi me descojono. tuvimos serios problemas con su sujetador, que casi le corta la circulación de sangre al cerebro, y cuando por fin tuve sus tetas en mis manos (no se las había pedido), no supe qué hacer aparte de acariciarlas como si fueran perrillos. a los perrillos les gustaba, y carissa decidió frotarme un par de veces, y me gustó, porque cuando las cosas llegan a ese punto, las manos son manos, y tocar es tocar, y tu cuerpo reacciona como reacciona. le importa una mierda las conversaciones que tengas después, no solo con carissa, que quería salir conmigo y a la que intenté disuadir con delicadeza, pero al final le hice daño. no, también tuve que enfrentarme a maura, porque en cuanto se enteró (no por mí), se cabreó (conmigo). me dijo que pensaba que carissa estaba utilizándome y actuó como si pensara que yo estaba utilizando a carissa, cuando en realidad todo había sido perfectamente inútil, y por más que se lo dije a maura, se negó a dejarme en paz. durante semanas me gritaba «bueno, ¿y por qué no llamas a carissa?» cada vez que discutíamos. aunque solo sea por eso, el magreo no mereció la pena.

isaac es totalmente diferente, por supuesto. no solo en el sentido de magrearse. aunque algo de eso hay. no voy a la ciudad solo para enrollarme con él. quizá no es lo último en lo que pienso, pero tampoco es lo primero.

pensaba que iba a llegar temprano, pero, cuando estoy cerca del sitio en el que se supone que vamos a encontrarnos, llevo más retraso que la regla de una embarazada. camino por la avenida michigan entre las chicas y los chicos turistas antes del toque de queda; parece que acaban de salir de un entreno de baloncesto o que han estado viendo baloncesto en la tele. me fijo en un par de tíos buenos, pero es pura investigación científica. durante los próximos diez minutos puedo reservarme para isaac.

me pregunto si ya ha llegado. me pregunto si está tan nervioso como yo. me pregunto si esta mañana ha pasado tanto tiempo como yo eligiendo una camiseta. me pregunto si por un capricho de la naturaleza llevaremos la misma. como si el destino hubiera querido que dios lo hiciera obvio.

me sudan las palmas de las manos. lo compruebo. me tiemblan los huesos. lo compruebo. siento que el oxígeno del aire ha sido sustituido por helio. sí. miro el mapa quince veces por segundo. faltan cinco manzanas. cuatro manzanas. tres manzanas. dos manzanas. calle state. la esquina. busco el frenchy’s. creo que debe de ser un restaurante de moda. o una cafetería. o una tienda de discos indie. incluso un restaurante hecho polvo.

llego y descubro que… es un sex shop.

pienso que quizá el sex shop ha tomado el nombre de algo que está en los alrededores. quizá estoy en el barrio frenchy, y todo se llama frenchy’s, como si vas al centro y encuentras la panadería del centro, la lavandería del centro y el estudio de yoga del centro. pero no. doy la vuelta a la manzana. lo intento al otro lado de la calle. compruebo la dirección veinte veces.

y aquí estoy. otra vez en la puerta.

recuerdo que el lugar lo sugirió un amigo de isaac. o al menos eso me dijo. si es verdad, quizá sea una broma, y el pobre isaac ha llegado antes, se ha muerto de vergüenza y está esperándome dentro. o quizá sea una especie de prueba cósmica. tengo que cruzar el río de la incomodidad extrema para llegar al paraíso, que está al otro lado.

qué cojones, pienso.

a mi alrededor el viento es frío. entro.