Causa para matar

Blake Pierce · Capítulo 12 de 41

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Causa para matar

Capítulo Once

Una hora después, Avery se encontraba de pie en una pequeña y oscura cámara lateral con O'Malley y Connelly. Delante de ellos, a través de un vidrio espejado, estaba George Fine, sentado. Sus manos estaban esposadas a una mesa de metal y tenía vendas en sus hombros y piernas por las heridas de bala. Tuvo suerte, notó Avery, que sólo lo había rozado. Su puntería había sido acertada.

Cada tanto él murmuraba algo entre dientes, o se contraía nerviosamente. Los ojos en blanco no registraban nada, pero parecía estar sumido en pensamientos.

En su mano, Avery sostenía una imagen mostrando seis diferentes interpretaciones en blanco y negro de la cara de un hombre, según los videos de vigilancia del asesino. Cada imagen mostraba a un perpetrador caucásico de mentón pequeño, pómulos altos, ojos pequeños, y frente angosta. En tres de las fotografías, la peluca, los anteojos, y el bigote habían sido removidas, y el artista le había dado al asesino distintos estilos de cabello y vello facial. Las últimas tres imágenes mantenían al menos un aspecto del disfraz en caso de que no fuese un disfraz.

Avery se tomó un momento para absorber cada fotografía.

El rostro que había visto en las cámaras estaba grabado en su mente, y ahora, con un montón de bosquejos precisos, era capaz de inferir otros aspectos: un mentón más amplio, pómulos más bajos, una cabeza calva, ojos más grandes, anteojos, y múltiples colores de ojos.

Cada tanto, levantaba la vista hacia Fine. Había semejanzas: Caucásico, pómulos altos... Parecía tener una complexión más delgada, pero ambos eran ágiles y veloces. Los elegantes movimientos que Avery había visto en la cámara se asemejaban mucho a los que había observado cuando George venció a Dan. De todas maneras, Avery no estaba segura. Aún estaba el tema de las plantas y los animales. Además, el asesino en la cámara tenía algo diabólico, un humor travieso que estaba ausente en George. ¿Habría George Fine hecho una reverencia a una cámara?

Como si Connelly pudiese mentalmente oír sus dudas, señaló a la ventana y dijo: "Este es nuestro tipo. Estoy segura. Míralo. Apenas ha dicho dos palabras desde que llegó. ¿Puedes creer que quiere un abogado? De ninguna manera. No va a obtener nada. Necesitamos una confesión."

O'Malley tenía puesto un traje azul oscuro y una corbata roja. Estiró los labios y frunció el ceño y dijo: "Puede que Connelly tenga razón esta vez. Dijiste que encontraste fotos de Jenkins en su habitación. Atacó y casi mata a un policía. Además, encaja con el perfil. Los bosquejos casi que coinciden. ¿Cuál es la duda?"

"Las piezas no encajan todas," dijo ella. "¿Adónde llevó a Cindy luego del secuestro? ¿Cómo aprendió a embalsamar? Randy Johnson dijo que los cabellos en el vestido de Jenkins eran de un gato. Fine no tiene gato. Lo que sí tiene es un montón de búsquedas de porno y consejos sentimentales en Internet. ¿Suena como un asesino?"

"Escucha, Black, esto es sólo por cortesía," dijo Connelly con rotundidad. "En lo que a mí respecta, este caso terminó. Lo atrapamos. Debe tener algún escondite en algún sitio. Ahí es donde encontraremos el gato y la camioneta y el arma asesina. Tu trabajo es encontrar esa casa. Demonios, ¿por qué siempre tienes que actuar como si fueses mucho mejor que los demás?"

"Sólo quiero hacerlo bien."

"¿Sí? Pues eso no siempre ha sido posible, ¿no es cierto?"

Una energía salvaje emanaba de Connelly, las mejillas rojas, los ojos inyectados en sangre como si hubiese estado bebiendo o hubiese tenido una noche difícil. Estaba a punto de reventar su camisa, como de costumbre, y parecía estar listo para golpear a alguien en el rostro.

Ella se dirigió a O'Malley.

"Déjame hablar con él."

"Es tu perpetrador." dijo O'Malley, encogiéndose de hombros. "Puedes hacer lo que quieras. Pero creemos que este es nuestro tipo. Tenemos a mucha gente respirándonos en el cuello por este asunto. A menos que puedas comprobar algo más, y rápido, vamos a ir cerrando este tema, ¿de acuerdo?"

Ella levantó sus pulgares.

"De acuerdo, jefe."

La puerta a la sala de interrogatorios zumbó y Avery empujó hacia adentro. Todo era gris, incluida la mesa de metal donde se encontraba sentado el tirador, y el espejo y paredes.

George dejó salir un suspiro de frustración y bajó la cabeza. Tenía puesta la misma musculosa y pantalones.

"¿Me recuerdas?" preguntó Avery.

"Sí," dijo, "eres la zorra que me apuntó un arma a la cara."

"Intentaste matar a mi compañero."

"Defensa propia." dijo encogiéndose de hombros. "Entraron en mi habitación. Todo el mundo sabe que la policía de Boston tiende al gatillo fácil. Sólo estaba tratando de protegerme."

"Lo apuñalaste."

"Habla con mi abogado."

Avery tomó asiento.

"Déjame ver si entiendo bien," dijo. "Eres estudiante de economía. Alumno promedio. Reserva del Ejército. Sin antecedentes criminales, bueno, hasta hoy al menos. Desde todo punto de vista un tranquilo e inofensivo estudiante. Pocos amigos." se encogió de hombros. "Pero supongo que eso es normal cuando no eres frecuentas mucho las fiestas de la universidad. Padres exitosos. Uno abogado. El otro doctor. Sin hermano, pero," dijo con énfasis, "un historial de enamoramientos. Si," dijo casi disculpándose, "hablé con el decano y me enteré de tu enamoramiento con Amy Smith, ¿la chica que seguiste desde Scarsdale? ¿Es ella la razón por la cual fuiste a Harvard, o fue pura coincidencia?"

"No he matado a nadie," dijo, y la miró directo a los ojos con una mirada determinada e implacable, como si estuviese desafiándola a decir lo contrario.

Avery no se sentía bien con respecto a la entrevista.

El instinto le decía que ya había hecho la evaluación correcta: él era inestable y solitario, un adolescente al borde de una crisis nerviosa antes de que la chica de sus sueños fuese asesinada de repente, y luego enloqueció. ¿Pero un meticuloso asesino que drenaba cuerpos y los ponía en posturas angelicales y vívidas? Era difícil de creer. Sencillamente no había prueba sólidas.

"¿Te gustan las películas?" preguntó ella.

Él frunció el ceño, dudando sobre su línea de interrogación.

"¿Puedes decirme cuál están pasando ahora en el Cine Omni?" agregó ella. "¿El cine frente al Parque Lederman?"

Le devolvió una expresión en blanco.

"Hay tres películas en el momento allí," respondió ella. "Dos de ellas son películas de acción de verano en 3D. No me interesan mucho esas," dijo con un movimiento de muñeca. "La tercera se llama L’Amour Mes Amis, una pequeña película francesa sobre tres mujeres que se enamoran una de otra. ¿Has visto esa película alguna vez?"

"Nunca la he escuchado nombrar."

"¿Te gustan las películas extranjeras?"

"Habla con mi abogado."

"De acuerdo, de acuerdo," dijo ella. "¿Qué tal esto? Una pregunta más. Me das una respuesta sincera y te dejo aquí y te consigo un abogado. ¿De acuerdo?"

Él no dijo nada.

"Sin condiciones," agregó ella. "De verdad."

Avery se tomó un momento para formular sus pensamientos.

"Tú podrías ser mi asesino," dijo. "Realmente podrías serlo. Tenemos muchos caminos por explorar, pero algunas de las piezas encajan. ¿Por qué otra razón atacarías a un policía? ¿Por qué está tan limpia tu habitación? Me hace pensar que tienes otra casa en algún lugar. ¿La tienes?"

Él le devolvió una mirada ilegible.

"Éste es mi problema," dijo Avery. "También es posible que seas un niño estúpido que quedó destrozado por la muerte de la chica que le gustaba. Tal vez estabas furioso y miserable, y obviamente un poco inestable porque atacaste a un policía. Pero," enfatizó señalando al vidrio espejado, "mi oficial supervisor y mi capitán, ambos creen que eres culpable de asesinato en primer grado. Quieren quemarte vivo. Voy a darte una elección. Contéstame una pregunta y reconsideraré mi posición y te daré lo que quieres. ¿De acuerdo?"

Se inclinó hacia adelante y lo miró fijamente a los ojos.

"¿Por qué atacaste a mi compañero?"

Un conjunto de emociones complejas atravesó a George Fine. Frunció el ceño y meditó sobre sus palabras, y luego miró hacia otro lado y de nuevo a Avery.

Una parte de él parecía estar calculando una respuesta, y pensando qué podría significar dicha respuesta en la corte. Finalmente, se conformó con algo. Se acercó, y aunque intentaba actuar rudo, sus ojos estaban vidriosos.

"Ustedes todos se creen tan grandes, tan importantes. Bueno, yo también soy importante," dijo. "Mis sentimientos importan. No puedes sencillamente decir que somos amigos y luego ignorarme. Eso es confuso. Yo también soy importante. Y cuando me besas, significa que eres mía. ¿Lo entiendes?"

Su rostro se movió y las lágrimas rodaron por sus mejillas y gritó:

"¡Significa que eres mía!"

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