Causa para matar
Capítulo Catorce
El Cementerio Mount Auburn era una lujosa propiedad con caminos serpenteantes, lagos, y frondosos bosques con lápidas esparcidas por todas partes.
Una cantidad de patrullas de policía de Watertown, justo con autos comunes, una ambulancia, y una camioneta de forenses, hacía imposible la tarea de conducir hacia el Camino Violeta. Los árboles oscurecían la mayor parte de la luz solar. Varios grupos de observadores y ciclistas estiraban sus cuellos para ver algo que quedaba justo fuera de la vista de Avery. Estacionó al final de un montículo de césped, justo en la intersección de la Avenida Walnut y Violet.
"Oye tú," gritó un policía de civil cuando salió del auto, "no puedes aparcar ahí. Mueve el auto. Esto es una escena del crimen."
Avery mostró su placa.
"Avery Black," dijo ella, "Homicidios. Departamento de Policía de Boston."
"Estás fuera de tu jurisdicción, Boston. No necesitamos tu ayuda. Vete a casa."
Avery sonrió: razonable y placentero.
"Me dijeron que contactara a Ray Henley."
"¿Teniente Henley?" Incrédulo, el oficial gruñó, "Espera aquí."
"¿Qué demonios le pasa?" intervino Henley.
Estaba de pie justo detrás de Avery, prácticamente contra su hombro.
"¿Me están castigando?" preguntó ella. "¿Es por eso que estás aquí?"
"Esta es mi gran oportunidad, Black. Me vas a ayudar a convertirme en detective."
"Dios ten piedad de mi alma."
Un musculoso, atractivo hombre de pantalones y camisa roja apareció en la colina. Se veía más como un aficionado de la vida al aire libro que un detective; sólo la placa alrededor de su cuello y el arma en su pierna lo delataban. Tenía el rostro quemado y cabello marrón ondulado. Un aura de bienestar y paciencia exudaba de su ser, y le sonrió a Avery como si se conociesen.
"Detective Black." Saludó con la mano. "Gracias por venir."
Una mano fuerte agarró la de ella, y cuando miró dentro de sus ojos, un sentimiento de tranquilidad invadió a Avery, como si pudiese hundirse en sus brazos e instantáneamente ser perdonada por todos sus pecados.
Una pausa incómoda sobrevino.
"Soy Ray Henley" dijo.
"Correcto," contestó Avery, nervio, "perdón. Me dijeron que encontraron otro cuerpo, similar al que descubrimos en el Parque Lideran."
Su inmediata discusión del caso lo desanimó un poco, y exhaló un suspiro melancólico y frotó sus mejillas.
"Sí," dijo, "vengan y véanlo ustedes mismos."
La puso al día en el camino.
"Una corredora la encontró esta mañana a las seis. Por un segundo, creyó que la chica era algún tipo de adoradora de Satán por la forma en que estaba colocada. Creemos que su nombre era Tabitha Mitchell, una estudiante de primero en el MIT que nunca llegó a su dormitorio anoche. Su compañera de cuarto llamó a la policía como a las dos, y luego de nuevo a las ocho. La policía de Cambridge normalmente espera cuarenta y ocho horas antes de publicar una fotografía, pero como es una estudiante universitaria con contactos, se nos hizo más fácil."
"¿Qué está haciendo allí?"
"Pensé que tú podrías ayudarnos con eso."
El cuerpo estaba en la cima del montículo. Pequeñas lápidas grises delimitaban el área. Estaba tirada sobre una piedra más grande que parecía un peón de ajedrez. Una vez más había logrado que su trabajo se viese increíblemente realista. Estaba en cuclillas abrazando el monumento. Su mejilla descansaba sobre la parte superior. Los ojos estaban abiertos y había algo lascivo en su apariencia. Rubor rojo pintaba sus mejillas. Una especie de pegamento había sido rociado sobre su frente y las puntas del cabello para simular sudor, y su boca estaba fruncida señalando una falta de aliento.
"No tiene ropa interior puesta," dijo Ray.
Cindy Jenkins tenía ropa interior: bragas y sostén. ¿Qué significa eso? se preguntó Avery. ¿Será que el asesino se está volviendo más audaz? ¿Tal vez ella salió de su casa así?
Los ojos de Tabitha estaban abiertos y enfocados en algo a la distancia.
Avery siguió la línea de la vista hasta un montón de cortas lápidas blancas en un camino descendiente de césped al otro lado.
"Finley," dijo y por dentro se erizó al decir su nombre, "escribe lo que sea que ves en esas tumbas de ahí. Hazles una marca así sé cuál es primera, segundo, tercera, ¿entiendes? Luego date una vuelta por el lugar. Los asesinos seriales normalmente vuelven a la escena por un poco de emoción barata. Tal vez el nuestro esté aquí todavía."
"¿Asesino serial?" dijo sonriendo. "Oh, vaya. Claro que sí, Black," y le mostró una actitud dispuesta y apuntó un dedo a su cara para expresar seriedad.
"¿Es ese tu compañero?" preguntó Ray.
"No," insistió ella.
Nuevamente, el intentó iniciar una conversación.
"Te vi en el periódico hace unos días." Sonrió. "Y," enfatizó, un poco avergonzado, "Te vi en un montón de periódicos hace algunos años."
Su implicación no quedaba clara hasta que Avery lo miró y se dio cuenta: Estaba coqueteando.
Era difícil para ella hacer algo en frente de un cadáver excepto analizar lo que sucedió e intentar unir las piezas del rompecabezas. Se preguntó si tendría algún tipo de defecto mecánico nacido de su culpa y tormento sobre el pasado, pero luego recordó que siempre había sido así, incluso como abogada: enfocada, implacable, y ansiosa por descubrir las conexiones que la llevarían al éxito. Ahora, la única diferencia era que esas conexiones no eran sólo maneras de liberar a sus clientes, eran maneras de detener asesinos.
Ray sintió su incomodidad y cambió de tema.
"¿Crees que este es el mismo tipo?"
Avery se aclaró la garganta.
"Por supuesto," dijo. "Este es su trabajo."
"Bueno, entonces," suspiró, "Compartiré todo lo que tengamos. No tenemos muchas escenas del crimen como esta en Watertown. Y, si quieres, podemos incluso enviar el cuerpo a tu laboratorio y puedes hacerte cargo desde allí. ¿Te parece bien?"
"Por supuesto," dijo ella, genuinamente agradecida. "Eso sería genial."
"No te hagas la idea equivocada," dijo él con una sonrisa, "no soy sólo un buen tipo. ¿La verdad? Soy un poco obsesivo-compulsivo con respecto a compartir. Imaginarme dos juegos de documentos en un asunto tan importante y puntual como esto hace que se me erice la piel."
"De todas formas," dijo ella, "gracias."
Él le sostuvo la mirada todo el rato que pudo; Avery se sonrojó y miró hacia otro lado, contenta por la atención, pero ansiosa de seguir trabajando. Afortunadamente, otro oficial le bajó la bandera.
"Teniente, tenemos un problema por aquí."
"Ya regreso," dijo Ray.
El cementerio está tranquilo, relajante, como el área donde Cindy Jenkins fue colocada en el Parque Lederman. ¿Por qué? se preguntó Avery. ¿Cuál es la significancia de los parques? Mentalmente, seleccionó caminos a recorrer: ¿Era Tabitha una chica de sororidad como Cindy? Es alumna de primero, y mitad asiática. Así que el asesino no debe estar buscando alumnas de último año, ni tampoco chicas blancas específicamente. Cindy venía de una familia acomodada. ¿Y Tabitha? Ambas fueron secuestradas en Cambridge. ¿Por qué? ¿Es ahí donde vive el asesino? ¿Dónde fue Tabitha vista por última vez? ¿Quién la vio con vida? ¿Podemos conseguir cintas de vigilancia? La lista parecía interminable.
¿Qué sabemos? insistió.
Nada, respondió mentalmente. No sabemos absolutamente nada.
No, alentó, sabemos algo: la forma y tamaño relativo del asesino, su origen étnico, modus operandi, y las drogas específicas que había usado. Ramírez estaba compilando una lista de proveedores de plantas alucinógenas, así como concesionarios de autos y sitios de internet que vendían camionetas azules Chrysler. Podemos seguir esas pistas. También podemos compartir el bosquejo del asesino con la policía de Cambridge. Ver si hay coincidencias. También podemos intentar rastrear la camioneta desde Lederman.
Sólo necesito más gente, pensó. Y no Finley.
Sirenas policiales sonaron estruendosamente.
Los policías entraron en acción.
"¡Tenemos un fugitivo! ¡Tenemos un fugitivo!"
Más lejos, en otro camino visible desde su posición, un auto negro, tal vez un Mustang, aceleró y echó humo mientras salía del cementerio. Ray estaba más abajo gritando órdenes. Dos oficiales de policía y un fotógrafo alrededor del cuerpo se levantaron y comenzaron a dirigirse hacia la acción.
"No, no," gritó Avery señalando. "Ustedes quédense aquí. Alguien tiene que cuidar el cuerpo."
Finley, pensó. ¿Dónde está Finley?
Su walkie-talkie zumbó.
"Oye, Black," dijo la voz de Finley, "¡lo atrapamos! ¡Lo atrapé!"
"¿Dónde estás?" preguntó ella.
"Estoy en una patrulla de policía de Watertown con, oye, ¿cómo te llamas?," le dijo a alguien. "¡Cállate, hombre!" dijo otra voz. "¡Estoy intentando conducir!" "No lo sé," añadió Finley, "un policía. Somos los primeros en salir. Siguiendo un Mustang negro. Dirigiéndose al noroeste desde el cementerio. Súbete a ese lindo pony blanco tuyo y ven a ayudarnos. ¡Lo tenemos!"
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