Causa para matar
Capítulo Veinteséis
Por un largo rato, Avery se quedó en la cabina del comedor, sola. Ordenó huevos y tostadas, una ensalada pequeña, y una taza de café y sólo se quedó allí, repasando todo lo que había sido dicho.
Mi hija me detesta, se dio cuenta.
Más deprimida de lo que había estado en años, quería meterse a un agujero y morir allí. En lugar de eso, pagó la cuenta y se marchó.
La luz del sol la hizo esconder la cabeza.
¿Por qué no podía ser un día lluvioso? se preguntó.
La gente en la calle parecía estar corriendo. Los autos pasaban a su lado zumbando. Ella permanecía de pie sola entre la actividad como un espíritu, no muerta todavía, pero tampoco verdaderamente viva.
Esto es lo que quiere el asesino, pensó. Se metió en tu cabeza. Se está riendo de ti. Igual que Howard. Igual que Howard.
Avery regresó a su coche y condujo.
Sin ningún pensamiento consciente sobre el destino, se encontró a su misma yendo al sur, hacia la prisión. Los cuerpos de las tres chicas le seguían apareciendo en la mente, y el asesino y el auto y las rutas y una casa, una casa donde se imaginaba que él vivía: pequeña, escondida tras los árboles con un césped descuidado, porque tenía cosas mejores que hacer que cortar el césped. Sus sospechosos fueron descartados, cada uno de ellos.
Necesitaba empezar de cero. Una nueva perspectiva.
El estacionamiento de la prisión estaba tal y como lo recordaba. La caminata hacia el interior fue la misma. Los guardias susurraban a sus espaldas y señalaban. La mujer detrás de las puertas la regañó por no tener cita.
"Él dijo que sabía que regresarías," rio un guardia. "¿Qué estás, enamorada ahora? Supongo que debería creer todo lo que leo en los periódicos."
No había razón real para regresar. Realmente no creía que él fuese a ayudarla, ni que pudiese hacerlo, no luego del desastroso desenlace en Arte para la Vida. Sólo le gustaba jugar juegos, comprendió ella. Pero Avery estaba de humor para juegos. No tenía nada más que ocultar, ningún lugar adonde ir, y por alguna extraña razón, en ese momento en el tiempo, Howard Randall parecía ser el único amigo verdadero que tenía en el mundo.
Howard estaba sentado en la sala de reuniones del sótano igual que la vez anterior, sólo que esta vez la sonrisa se había ido, parecía preocupado.
"No te ves como siempre, Avery. ¿Estás bien?"
Avery se rio.
Si tuviese un cigarrillo, lo habría sacado y comenzado a fumar. No fumaba desde que era joven, pero así se sentía: descuidada, intocable.
Tomó asiento y colocó sus codos en la mesa.
"Tu último consejo fue una porquería," dijo ella. "¿Artista? ¿Te referías a John Lang?"
"No sé de quién hablas."
"¡Mentiras!"
Ella sonrió agresivamente.
"Me engañaste," dijo. "Buena jugada. ¿Todo eso fue para que pudiésemos hacer un viaje por los recuerdos así podías estallar en lágrimas?"
"No me produce placer tu dolor," dijo, con total seriedad.
"¡Vete al carajo!" gritó ella. "Estás jugando conmigo ahora mismo. Me dijiste que él era un artista. Prácticamente me lo serviste en bandeja."
"Tu asesino es un artista," dijo él. "Un verdadero artista."
"¿Qué se supone que signifique eso?"
"Se enorgullece mucho de su trabajo. No es un asesino al azar. No es un carnicero. Hay un propósito en su causa. Estas chicas significan algo para él. Las conoce, personalmente, y a cambio por sus vidas les da la inmortalidad, en el arte."
"¿Cómo es posible que sepas eso?"
Howard se inclinó hacia adelante.
"Nunca me preguntaste cómo elegí a mis víctimas," contestó él, "o por qué estaban colocadas de esas formas."
Como abogada defensora de Howard, Avery había cubierto cada posible camino para lograr liberarlo. Uno de esos caminos tenía que ver con comprender la mente del asesino y por qué había cometido tan horribles crímenes, para poder de esa forma distanciar efectivamente a Howard de los asesinos basándose en su propia historia personal.
"Era una declaración sobre la gente que actúa muerta en la vida real," dijo ella. "Elegiste a tus mejores estudiantes y las acusaste de algún crimen de lesa humanidad, y luego las desmembraste y colocaste sus partes en el suelo para simular personas intentando escapas del inframundo."
"No," dijo Howard con brusquedad.
Se recostó.
"¿Qué es la vida?" preguntó con urgencia. "¿Qué significa? ¿Por qué estamos aquí?"
"¿Cómo es eso relevante?"
"¡Es todo!" gritó y golpeó la mesa.
Un guardia espiaba a través del agujero de inspección.
"¿Todo bien?"
"Sí, Thomas," dijo Howard, "Sólo me estoy entusiasmando."
El guardia se fue.
"La vida es corta," intentó explicar Howard, "y es cíclica. Vivimos y morimos una y otra vez en un constante ciclo en esta atmósfera. Cómo vivimos, en esta vida, afecta todas las otras veces que renacemos, la propia energía de nosotros mismos y nuestro mundo. Mis víctimas fueron elegidas porque tenías defectos, ciertos defectos que nunca habrían sido corregidos en esta vida. Por eso tuve que ayudarlas, para que pudieran triunfar en la próxima vida."
"¿Así es como justificas tus acciones?"
"Este mundo es lo que hacemos con él, Avery. Todo lo que deseemos puede ser nuestro. Mis acciones están basadas en mis creencias. ¿Cómo justificas tus acciones?"
"Estoy tratando de reparar lo que hice en el pasado, y lo hago todos los días."
Suspiró y sacudió la cabeza y parecía estar a punto de sonrojarse, como un hombre que finalmente, de repente, había encontrado a la mujer de sus sueños.
"Eres tan especial," dijo efusivamente, "tan especial. Lo supe en el momento en que te vi. Fuerte e inteligente y divertida y, sin embargo, con defectos, destruida por tu pasado. Puedo ayudarte a arreglar eso, Avery. Déjame ayudarte. Aún hay tiempo. ¿No quieres ser feliz, libre?"
Quiero a mi hija de vuelta, pensó.
"Quiero encontrar a un asesino," dijo en voz alta.
Howard se inclinó hacia adelante, aguzado como un halcón.
"¿Cómo te sentiste cuando tu padre asesinó a tu madre?"
Avery se tensó.
¿Cómo sabe eso? se preguntó. Estaba todo en los periódicos, se dijo a sí misma. Es de público conocimiento. Cualquiera puede encontrar esa información.
"¿Quieres escarbar mi pasado de nuevo?" dijo ella, "¿Hacerme llorar? Hoy no. Ya estoy en el fondo. No puedo ir más bajo."
"Perfecto," dijo él. "Ahora puedes levantarte."
El día de la muerte de su madre estaba claro en la mente de Avery.
Sucedió detrás de su casa, después de la escuela. Volvió a casa y escuchó el disparo. Solo tenía diez años en ese momento. Un disparo, silencio, y luego otro. Una carrera hacia el bosque y vio a su padre allí, de pie junto a su cuerpo, la escopeta en su mano. "Ve a traerme una pala," había dicho.
"No sentí nada," admitió Avery frente a Howard. "Mi madre era una borracha y nunca estaba para mí. Dejó bien claro que yo había sido un error. No sentí nada cuando murió."
"¿Qué tipo de madre eres tú?"
Un chasquido. Avery sintió un chasquido en la vacía y desolada caparazón de su existencia. Y aunque estaba vacía y agotada, comenzó a darse cuenta que también podía estar herida.
"No quiero hablar de Rose."
Howard frunció profundamente el entrecejo.
"Ya veo," dijo. "Comprendo."
Observó el techo, pensó en algo más, y se volvió nuevamente a ella.
"Tu asesino conoce a estas chicas," dijo. "¿Qué tienen todas en común?"
Avery sacudió la cabeza.
"La tercera chica es un misterio por ahora," dijo ella. "Las primeras dos, ambas en la universidad, ambas en sororidades. Una es alumna de último año, la otra de primero, así que no hay conexión ahí."
"No," susurró él.
"¿Qué?"
"No," dijo de nuevo. "Estás equivocada."
"¿Sobre qué?"
La decepción hundió su mirada.
"¿Has escuchado la historia del niño y la mariposa?" preguntó él. "Cuando una oruga se transforma en mariposa, la mariposa usa su cuerpo y sus alas para liberarse del capullo. Es una tarea difícil que lleva mucho tiempo, pero mientras la mariposa lucha y trabaja, obtiene músculos, y fuerza, y cuando finalmente sale libre, es capaz de lanzarse a los cielos y capturar comida fácilmente y sobrevivir. Sin embargo, un día, un niño que tenía orugas de mascota vio uno de sus capullos sacudirse y moverse. Sintió lástima por la criatura incipiente y quería ayudarla, así no tenía que sufrir tanto. Pidió a su madre que cortara una pequeña abertura en el capullo para ayudarla en su escape. Pero ese simple acto, nacido del amor y el cuidado, le robó a la mariposa su poder, y cuando finalmente emergió, demasiado pronto, su cuerpo y miembros y alas no eran lo suficientemente fuertes para cazar o volar, y en cuestión de días, murió."
"¿Qué se supone que signifique eso?" preguntó Avery. "¿Soy la mariposa o el niño?"
Howard no respondía.
Simplemente bajó la cabeza y permaneció en silencio, incluso cuando Avery siguió preguntando, y luego gritó, y luego golpeó la mesa exigiendo una respuesta.
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