Causa para matar

Blake Pierce · Capítulo 20 de 41

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Causa para matar

Capítulo Diecinueve

 

Avery se hallaba sentada, inclinada sobre el volante de su auto, aún en el estacionamiento de la prisión, destruida, un desastre, una cáscara, lágrimas rodando por su rostro. Sollozos horrendos escaparon de su garganta. En un momento, se sacudió hacia arriba y gritó golpeando el volante.

Palabras.

Cada vez que oía una de sus palabras, lloraba más fuerte.

Abusador. Alcohólico. Asesino.

"No, no, no."

Se golpeó la cabeza para sacarse las imágenes: su padre en el bosque, arma en mano. El cuerpo detrás de él. Várices. Cabello gris. Ese vestido verde.

"Fuera, fuera, fuera, fuera," rogó Avery.

Casi lo había olvidado hasta ese momento. Tantos años gastados tratando de olvidar el pasado, escapar de Ohio y borrar su terrible pasado. Con sólo unas palabras, Howard Randall había traído todo.

Eres igual que ellos, lloró angustiosamente.

Asesina.

Alcohólica.

Igual que ellos... igual que ellos.

¡No! Luchó mentalmente. ¡No te pareces en nada a ellos! No eres asesina ni drogadicta. No estas enferma de la cabeza. Haces lo mejor que puedes cada día. ¿Errores? Claro, pero intentas con todas tus fuerzas, todo el tiempo.

Quítalo de mi cabeza.

Quítalo de mi cabeza.

Sus puños limpiaron sus lágrimas.

Sus sollozos fueron sofocados.

Tienes que ponerte bien, ordenó.

Las lágrimas regresaron, sólo que esta vez eran más suaves, más gentiles, no sobre su viejo y doloroso pasado, sino sobre su nueva, solitaria, atormentada existencia.

Golpeó el volante.

"Haz un esfuerzo!"

Una claridad detallada vino a ella en ese instante. Todo parecía nítido y enfocado: los bordes del parabrisas, su brazo, los autos aparcados a su alrededor, el cielo. No exactamente en sus cabales, pero en pleno control, Avery levantó su teléfono para llamar a Finley.

"Hola, hola," contestó él.

"Finley," dijo ella, "¿dónde estás?"

"Estoy en la oficina trabajando como esclavo. ¿Dónde demonios estás tú? Deberían darme un aumento por esto, ¿sabes? ¿No deberían darme el día libre por atrapar un psicópata? Acabo de tener una de las más grandes persecuciones de mi vida y ahora estoy atrapado en una oficina. Debería estar por ahí tomando una cerveza."

Su monólogo entero salió como una palabra sola.

Avery se frotó los ojos.

"Finley, más lento. ¿Qué has encontrado hasta ahora?"

"¿Por qué la gente me dice todo el tiempo que vaya más lento?" se quejó como si estuviese realmente molesto. "Hablo bien. Todos los de mi equipo me entienden perfectamente. Tal vez las otras personas son el problema, ¿se te había ocurrido pensar eso? Mi madre solía decir eso."

"¡Finley! Ponme al día."

"El cuerpo está en con el forense," dijo, más calmada y lentamente. "La escena del crimen ya está terminada. Encontraron algunas fibras, pero parece que son las mismas que Jenkins: pelo de gato, unas gotas de extracto de plantas en su ropa. En las últimas horas he estado buscando conexiones como me pediste. Distintas especializaciones: economía y contaduría. Una estudiante de primer año, la otra de último. Distintas sororidades, ninguna conexión familiar. Bla, bla, bla. Hablé con Ramírez. Él dijo que los padres de Cindy mencionaron una clase de arte que tomó en Cambridge el semestre pasado. Un lugar llamado Arte para la Vida. Ubicado en la calle Cambridge y la Séptima. Llamé a los amigos de Tabitha para ver si había conexión. Estoy esperando que contesten."

Artista, pensó Avery. Él dijo que nuestro asesino es un artista.

"¿Quién enseña allí?" preguntó ella. "¿Quién es el dueño del estudio?"

"¿Cómo demonios debo yo saberlo?" "Tengo solamente dos manos, ¿sabes?" ladró él. "Me diste como mil tareas. No tengo idea quién enseña la maldita clase. Te dije, estoy esperando que me contesten."

Ella cerró los ojos.

"De acuerdo," dijo. "Gracias."

"¿Vas a venir a ayudarme o qué?" se quejó Finley.

"Tengo que atar unos cabos sueltos," dijo ella. "¿Tienes la dirección de Cindy? ¿Y de Tabitha? Quiero pasar por sus apartamentos y ver que puedo encontrar."

"Ya estuve en el apartamento de Tabitha. Típico cuarto de chica. Ropa cara y afiches estúpidos. No hay nada allí."

"Déjame a mí decidir eso."

* * *

Cindy había vivido en una casa no muy lejos del apartamento de Kappa Kappa Gamma, ni de su novio. La casa blanca estilo Tudor de dos pisos con zócalos azules alojaba a dos personas. Cindy alquilaba el primer piso; el segundo piso era habitado por otra estudiante de último año de Harvard.

Avery llamó con anticipación para asegurarse que los oficiales de Harvard la dejasen entrar.

Un juego de llaves extra estaba bajo una piedra en el porche frontal.

El apartamento de Cindy olía a aire encerrado. Había cuatro habitaciones principales: la sala de estar, el dormitorio, una habitación extra que había convertido en oficina, y la cocina. Algunas piezas de arte moderno adornaban las paredes.

La oficina estaba repleta de montones de libros de texto sacados de la biblioteca, junto con una cantidad de libros de romance. Los papeles estaban apilados sobre el escritorio.

Avery revisó los archivos. Cuentas médicas, carpetas de clase, cartas de entrevistas laborales, currículums. Todo estaba limpio y ordenado. Avery tomó notas en su teléfono: El proveedor médico de Cindy, cada profesor que había tenido, los lugares donde había hecho entrevistas, y su actual empleador: Firma de Contaduría Devante La carta de su aceptación como contadora junior en su firme estaba orgullosamente exhibida en el escritorio.

No había mención de la clase de arte, pero había un dibujo pintado a mano, enmarcado, en una pared, con la firma de Cindy en la parte inferior. La imagen era un bol de frutas. Avery dio vuelta la imagen. En la parte trasera había un sello: Arte para la Vida, su dirección, y el logo de una mano representada como una paleta de pintura. Avery devolvió todo a su lugar, se dirigió hacia afuera, y saltó dentro de su auto.

El MIT fue llamado con anticipación para asegurarse que le permitirían entrar a la habitación de Tabitha. El asistente del decano dijo que se encargaría de todo.

En cuanto colgó, el teléfono de Avery sonó.

"Es Jones," dijo una voz jamaiquina.

"Dime algo," dijo Avery.

"Nada por aquí. La cabaña está vacía."

"¿Qué demonios has estado haciendo todo el día?"

"Investigando, hombre," se quejó Jones, "investigando. Me llevó un rato llegar aquí. Tenía que tener las llaves, ¿verdad? Luego Thomson quiso manejar y no tiene ningún sentido de la orientación. El GPS nos volvió locos. Pero," admitió dándole otro trago a su cerveza, "llegamos aquí y dimos vuelta el lugar. Nada. ¿Segura que el chico se quedó aquí?"

"Desperdiciaste un día entero," dijo Avery.

"¡No estás escuchando, Black! Hemos estado trabajando duro."

"Hay dos chicas muertas," dijo Avery. "¿O te olvidaste de eso? Tenemos un asesino serial suelto y tú andas dando vueltas en una cabaña junto al lago. Ponte a trabajar en la vigilancia de Cambridge. Y esta vez," dijo bruscamente, "Quiero un informe detallado en mi escritorio para mañana en la tarde. Quiero saber exactamente qué hiciste cada hora. ¿Me escuchaste?"

"¡Oh, vamos! Black. Te lo ruego." gimió Jones. "Ese trabajo es una locura. No hay forma de rastrear un auto por kilómetro y kilómetros de esa forma. Es imposible. Necesito como diez personas más."

"Llévate a Thompson.

"¿Thompson?" rio Jones. "Es peor que Finley."

“Recuerda,” dijo Avery con énfasis. "Un informe detallado en mi escritorio mañana por la tarde. Asegúrate de que Thompson lo entienda. Si arruinas esto llamaré a Connelly."

Colgó.

¿Cómo se supone que logre algo en Homicidios si la mitad de mi equipo ni siquiera respecta mi autoridad? dijo echando humo.

Para cuando llegó a su próximo destino, el cielo estaba oscuro.

Tabitha vivía en el corazón del MIT, justo al lado de la calle Vassar. Su compañera de cuarto abrió la puerta; era una pequeña chica parecida a un ratoncito, con cabello largo y negro, anteojos, y la cara cubierta de granos. La habitación era grande: una sala de estar principal, cocina abierta, y dos dormitorios.

"Hola," dijo la chica, "usted debe ser Avery."

"Sí, gracias por dejarme entrar."

"Ese es su cuarto, por allí," dijo señalando.

La chica parecía adusta y miserable.

"¿Eran amigas?" se preguntó Avery.

"En realidad no," dijo ella alejándose. "Tabitha era popular."

La habitación de Tabitha estaba extremadamente desordenada.

El archivador de papeles era más un sitio donde amontonar papeles sueltos. Una rápida búsqueda dejó al descubierto todo tipo de cosas, desde recibos hasta un currículum y un envoltorio de emparedado apestoso. El objeto más revelador era la cantidad de imágenes que adornaban la pared, todas aparentaban haber sido hechos por Tabitha: escenas de granjas, el MIT, un paisaje urbano, un bol de fruta.

Avery miró la parte trasera de una de las pinturas enmarcadas.

Un sello leía: Arte para la Vida.

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