Causa para matar

Blake Pierce · Capítulo 22 de 41

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Causa para matar

Capítulo Veintiuno

Grandes ventanas de vidrio reforzaban ambos lados de la puerta de vidrio del estudio Arte para la Vida. Avery podía ver una angosto y atestado espacio de galería dentro, con todo tipo de arte moderno: esculturas, pinturas, dibujos, y collages retro. Más atrás, la sala se expandía hacia un área mucho mayor, con un círculo de caballetes para lo que asumió que era la zona de reuniones de clases de arte.

Su teléfono sonó.

"Black," respondió.

"¿Quién es tu muchacho?" dijo Finley. "Me acaba de llamar una de las amigas de Tabitha. La víctima definitivamente tomaba clases en ese estudio."

"Ya lo había descubierto. ¿No viste todas las pinturas cuando fuiste a su cuarto?"

"¿Qué pinturas?"

"En su habitación."

"Eso no eran pinturas." dijo Finley. "Eso era basura. Pensé que lo habría comprado en una venta de garaje. Mira, Black, no me molestes. Te conseguí una buena pista."

"Estoy aquí ahora," dijo ella. "El estudio está cerrado."

"Yo estoy en un bar," contestó él. "Mi turno terminó hace dos horas. Te invitaría a que vinieras, pero no creo que dejen entrar lesbianas en este lugar."

"No soy lesbiana," dijo ella.

"¿De verdad? Me podrías haber engañado."

"Eres un ser humano repugnante, ¿sabías eso, Finley?"

"No, no," dijo él, "Soy un buen tipo. Es sólo mi crianza. Fue horrible. Lo haré mejor la próxima vez. Lo prometo. Eres genial, incluso si eres lesbiana. De verdad. Yo te apoyo. Nos vemos mañana por la mañana. Tengo que emborracharme."

Demasiado excitada por la adrenalina como para relajarse o dormir, Avery se dirigió a casa para investigar a Arte para la Vida desde la comodidad de su sala de estar. En el camino, ordenó comida china.

El apartamento estaba en penumbras. Una sola lámpara estaba encendida, junto al sofá. Se sentó a la mesa en la sala de estar y tragó su comida mientras trabajaba.

Arte para la Vida había estado en el negocio por más de cinco años. El dueño era un hombre llamado Wilson Kyle, un ex artista y hombre de negocios quien también tenía un restaurante cerca del estudio y dos edificios cerca del área. Una rápida búsqueda en su base de datos policial no dio resultados sobre Kyle.

Dos personas estaban empleadas en su estudio: un vendedor a tiempo completo llamado John Lang y una empleada a tiempo parcial que venía los fines de semana. Kyle enseñaba las clases de arte él mismo los miércoles y jueves por la noche, pero Lang enseñaba dos clases sábado por medio.

Lang tenía antecedentes.

Criminal sexual registrado, con dos incidentes denunciados siete años atrás. Uno era un niño del que aparentemente era niñero, y la otra una niña que vivía en su cuadra. Ambos pares de padres decían que sus hijos habían sido abusados. Lang se declaró inocente pero luego cambió su declaración para evitar el juicio y posible cárcel. Le dieron cinco años en probatoria, terapia obligatoria por un año, y un estigma que le duraría el resto de su vida.

Según los archivos policiales, su estatura y peso concordaban con los estimados hechos para el asesino.

Avery se recostó.

Era cerca de medianoche. Estaba completamente despierta y lista para golpearle la puerta a John Lang. Este podría ser el tipo, pensó.

Excitada por la posibilidad de atrapar al asesino, Avery quería compartir las buenas noticias con alguien. Extrañamente, Ray Henley se le cruzó por la mente, pero la idea de una incómoda llamada nocturna a alguien que había conocido tan recientemente era demasiado intimidante. Finley estaba fuera de la discusión, y el capitán le había dado órdenes específicas sobre molestarlo en su casa.

Pensó en llamar a su hija.

La última vez que habían hablado había sido hacía meses, y no había marchado bien.

Avery le envió un e-mail. "Hola," escribió, "he estado pensando en ti muchísimo últimamente. Me encantaría que hablásemos en persona. ¿Qué te parece almorzar este fin de semana? ¿Tal vez el sábado? ¿En nuestro lugar habitual? ¿A mediodía? Avísame. Te amo. Mamá."

Aún ansiosa por hablar con alguien, marcó el número del hospital.

El número sonó muchas veces antes de que una voz adormilada atendiese.

"¿Hola?"

"Ramírez," dijo ella, "¿cómo estás?"

"Demonios, Black. ¿Qué hora es?"

"Casi la una."

"Más te vale que sea algo bueno," murmuró, "Estaba en el medio de un sueño genial. Estaba en un bote en un océano azul claro, y una sirena viene a mí y empezamos a besarnos."

"Vaya," dijo ella, pero no estaba de ánimo para escucharlo describir sus sueños sexuales.

"Tengo una buena pista," prosiguió, "Arte para la Vida. El tipo que trabaja allí se llama John Lang. Tiene antecedentes. Ambas chicas tomaron clases allí. Podría ser nuestro tipo."

"Pensé que Finley ya había resuelto tu caso," bromeó Ramírez. "Dijo que había abatido a un verdadero asesino serial ayer."

"Finley no sabe distinguir un asesino serial de una caja de cereal."

Ramírez rio.

"Está loco, ¿verdad? Escuché sobre el viejo con los cadáveres en el sótano. Una salvajada. Supongo que hay gente para todo. Nunca se sabe."

"¿Cómo te sientes?"

"Mejor, mejor. Sólo quiero salir de aquí y volver a trabajar."

"Lo sé, pero tienes que descansar."

"Sí, sí, y no está tan mal en realidad," dijo él. "Tengo habitación privada, una buena cama, me siguen pagando, comida decente. Tú eres quien me preocupa. ¿Es decir, Finley? El Capitán debe odiarte."

"No lo sé, me estoy acostumbrando. Si le sacas lo retrógrado y racista y esa boca sucia que tiene, la verdad no está tan mal. Sólo me gustaría poder entenderle."

Una risa fue instantáneamente interrumpida.

"Oh demonios, eso dolió," gruñó Ramírez. "Debo tener cuidado. Los puntos me están matando. Sí, él es un tipo duro," dijo. "irlandés del lado sur. Solía ser miembro de una pandilla. ¿Sabía eso? Casi lo matan cuando se cambió de bando. ¿Viste todos sus tatuajes? Los tiene en todo el cuerpo."

"No. No he visto sus tatuajes en todo el cuerpo aún."

Ramírez lanzó un resoplido.