Causa para matar

Blake Pierce · Capítulo 41 de 41

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Causa para matar

Capítulo Cuarenta

El sábado por la mañana, Avery purgó su apartamento.

Cajas de fotos fueron revisadas, junto con artículos de periódicos del tiempo en que defendió a Howard Randall; ropa que usaba cuando era abogada, todo lo de su vida pasada, una vida que ya no la definía. Guardó fotos de Rose, ropa que tenía significado especial, pero la mayor parte fue a la basura.

Las luces estaban encendidas, todas, lo cual nunca había hecho antes, y cuando veía las paredes pintadas y la alfombra y la cocina, pensaba: compraste este lugar después de Randall y justo antes de ser policía; aun apesta a tu sufrimiento de esa época. Igual que tú, este lugar necesita cambiar.

Es hora, se dio cuenta, de venderlo. De seguir adelante. De comprar una casa nueva en la ciudad, quizás más cerca de Rose, si ella se lo permitía.

Avery se paró en su porche y miró al cielo y se dio cuenta de que aún había algo que tenía que hacer, algo que realmente le pondría fin al pasado.

Tomó las llaves del auto y salió.

El camino a la casa correccional de la Bahía Sur fue fácil para ella ahora; había hecho el viaje tantas veces. Hizo una llamada en el camino para reservar una cita con Howard Randall.

"No puede hacer citas el mismo día," dijo la mujer.

"Este es un gran paso para mí," respondió Avery. "Estoy haciendo una cita."

"Lo lamento, pero..."

Avery colgó.

En la prisión, los guardias se apresuraron a felicitarla por descubrir y detener a quien se había hecho conocido como el Asesino de las Universitarias. Una vez más, la oficial femenina dentro de su cabina verde estaba molesta porque Avery no había hecho una cita, pero la reconocía de sus fotografías anteriores, y ahora, de los periódicos.

"Detuviste a ese asesino, ¿verdad?"

"Sí," dijo Avery con orgullo, "Lo hice."

"De acuerdo, no necesitas una cita hoy. Buen trabajo."

Howard Randall tenía una sonrisa en su rostro cuando Avery fue guiada hasta la sala de conferencias en el sótano. Las manos estaban esposadas y juntas sobre la mesa.

"Felicitaciones," dijo.

"Gracias," contestó Avery.

Parecía más viejo de lo que recordaba, y no tan poderoso. El poder que había tenido sobre su vida ahora, sorprendentemente, se había ido.

Tomó asiento.

"He querido decirte algo por un tiempo," dijo. "Nunca le dije esto a nadie, pero lo sabía." Sus ojos azules miraron profundamente dentro de los de él. "Sabía que eras culpable cuando tomé tu caso. No por completo. Es decir, tu actuación fue buena, pero tenía una sensación de que todo iba a colapsar por tu culpa."

Randall se inclinó hacia adelante.

Verdaderas lágrimas cubrieron sus ojos.

"Lo sé," susurró.

"¿Cómo pudiste haberlo sabido?"

"Fui atrapado," dijo Randall. "No había forma de negar las conexiones: ambas eran estudiantes. Habíamos almorzado y cenado juntos muchas veces. Los asesinatos fueron presentados en el campus. Una de ellas tenía un diario. Sin embargo," con una sonrisa astuta, "estaba seguro de que podía convencer a un jurado de mi inocencia, a un detector de mentiras, a un abogado, a cualquiera, porque verás, Avery, yo no creo en tus conceptos del bien y el mal. El asesinato de esos dos estudiantes estuvo bien en mi opinión. A la larga los ayudaría a ellos, y al mundo. Por lo tanto, yo era inocente de cualquier acto indebido, cualquier crimen. Estaba preparado para ser liberado y continuar mi trabajo, sólo que más inteligentemente. Eso fue hasta que te conocí a ti."

Se le escapó un suspiro.

"¿Qué fue lo que vi?" se preguntó. "Una mujer hermosa, perdida, y necesitando desesperadamente salvación. Tu creías que estabas haciendo lo correcto. Tu creías que estabas haciendo el bien, y esa creencia, esa falsa creencia, te estaba comiendo viva. Tu no podías verlo, pero yo sí. La única forma en que supe cómo... era mostrándotelo. Tirar abajo la mentira y forzarte a enfrentar los escombros de tu vida."

"¿Por qué?" susurró Avery. "¿Por qué yo?"

"¿No es evidente?" dijo Howard. "Te amo, Avery."

La declaración fue demasiado para Avery. Se dio vuelta y sacudió la cabeza.

¿Amor? Él te destruyó. ¿Lo hizo? se preguntó. ¿O te liberó de aquel camino en el que estabas? No, se aseguró a sí misma. Es un asesino, un manipulador; nada bueno puede venir de alguien como él. Y, sin embargo, ella era más feliz ahora de lo que jamás había sido. La oscura penumbra que la había seguido durante sus años de novata como policía se había disipado. Su vida pasada como abogada ahora era entendida por lo que había sido: un intento desesperado por escapar su antigua vida y ser alguien que nunca había disfrutado ser en primer lugar.

Avery se puso de pie para irse.

"No te vayas," suplicó Howard. "Por favor. Todavía no."

"¿Qué más quieres?"

"Nunca terminaste tu historia," susurró Howard, y una sonrisa torcida se formó en sus labios, y sus ojos eran cuentas brillantes.

"¿Mi padre?" preguntó ella. "¿Quieres saber qué sucedió?"

En silencio, Howard la observó.

Avery se dio vuelta. Esta parte de la historia no se la había relatado a nadie, ni a Jack ni a Rose ni a los reporteros que la había entrevistado cuando era niña. Recordaba las piernas de su madre en el pasto, y la sangre en su vestido, y su padre, de pie sobre ella con la escopeta en la mano.

Tomó un profundo aliento, cerró los ojos, y se preparó para enfrentar a sus más profundos demonios. No estaba segura de estar lista.

"Los escuché gritar," comenzó, su voz trémula.

Luego pausó por un minuto antes de continuar.

"Antes de los disparos," añadió. "Él la estaba llamando zorra, una zorra borracha que no valía nada, y ella estaba diciéndole cosas horribles," susurró y miró a Howard sólo por un momento. "Cosas horribles. Luego escuché el disparo y lo vi ahí. Se rio, de verdad se rio al verme, como si fuese un chiste que yo apareciese. Dijo: 'Ve a traerme una pala. Tienes que enterrar a tu madre.'"

Avery lo enfrentó con lágrimas en los ojos.

"Y me hizo hacerlo," dijo. "Estuve ahí hasta el anochecer. Hice ese pozo yo sola. Mis brazos temblaban, mis piernas estaban negras de tierra. Sinceramente creí todo ese tiempo que él iba a dispararme y tirarme ahí adentro con ella. Estaba tan asustada. Cada segundo parecía una eternidad. Estaba oscuro cuando terminé. Ninguna luz en ninguna parte excepto las estrellas. Él me miró todo el tiempo. 'Buen trabajo', dijo cuando terminé, y me tocó, me tocó como lo había hecho antes, sólo que esta vez fue más duro, más forzado. Ahora supongo que, habiéndose ocupado de mi madre, pensó que finalmente podía hacer lo que quería conmigo."

Levantó la vista e inhaló profundamente.

"Ahí fue cuando me fui," dijo. "Esa misma noche escapé de casa. La policía me encontró e intentaron llevarme de regreso. Les conté, les conté todo. Unos meses después, estaba bajo la tutela del estado y fui asignada a una familia. No quieres saber sobre esa época," dijo ella. "En algunas maneras, era peor que con mi padre."

"Sí quiero saber, Avery," susurró como un alcohólico que solo quería un trago más, "Sí quiero."

En ese momento, Avery lo vio por lo que verdaderamente era: la fealdad, sus facciones marchitas y mirada demoníaca. Le recordó a la historia de la mariposa y el capullo. Él era más como la oruga de la historia, se dio cuenta, una criatura babosa y extraña que era capaz de transformarse en una hermosa mariposa, pero nunca lo hizo.

"Tú me has ayudado," dijo ella, con verdadero afecto. "En mi vida, y en el caso. No voy a regresar. No necesito hacerlo más."

Howard se recostó y lentamente, endemoniadamente, esbozó una sonrisa. Pero a diferencia de las otras veces, era una sonrisa débil, una que mostraba una grieta en su seguridad, que mostraba que no se sentía tan seguro.

"Oh, lo harás," dijo él. "Lo harás."

* * *

Fuera de la prisión el cielo estaba cubierto, el primer día nublado en más de una semana. Desde el primer día del caso, Avery había deseado la lluvia, había deseado nubes para combinar con su estado de ánimo. Ahora, ni siquiera le importaba.

Mientras Avery caminaba a través del vasto estacionamiento hacia su auto, se sintió más liviana de lo que se había sentido jamás. Por primera vez en mucho tiempo, nada parecía importar. De hecho, el aire más fresco y las nubes oscuras se sentían bien: el comienzo de algo nuevo.

Se detuvo y respiró la brisa fresca, y por primera vez en un largo tiempo sintió que tenía una vida por delante.

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CAUSA PARA CORRER

(Un misterio de Avery Black—Libro 2)

"Una dinámica historia que atrapa desde el primer capítulo y no deja ir."--Midwest Book Review, Diane Donovan (sobre Una Vez Desaparecido)

Del autor de misterio #1 mejor vendido Blake Pierce llega una nueva obra maestra del suspenso psicológico.

En CAUSA PARA CORRER (Un misterio de Avery Black—Libro 2), un nuevo asesino serial acecha a Boston, matando a sus víctimas de maneras extrañas, provocando a la policía con misteriosos rompecabezas que hacen referencia a las estrellas. A medida que las apuestas suben y la presión aumenta, el Departamento de Policía de Boston es forzado a llamar a su más brillante, y más controversial, detective de homicidios: Avery Black.

Avery, aún conmovida por su último caso, se encuentra enfrentada a una comisaría rival y un brillante e ingenioso asesino que siempre está un paso delante de ella. Se ve forzada a entrar a su oscura y retorcida mente a medida que él deja pistas para su siguiente asesinato, y forzada a buscar en lugares en su propia mente adonde preferiría no entrar. Se encuentra obligada a buscar el consejo de Howard Randall, el retorcido asesino serial al que puso tras las rejas años atrás, todo mientras su nueva y floreciente vida con Rose y Ramírez se derrumba.

Y justo cuando las cosas no podrían ser peores, descubre algo más: ella misma puede ser una víctima.

En un juego psicológico del gato y el rato, una frenética carrera contra el tiempo lleva a Avery a través de una serie de sorprendentes e inesperados giros, culminando en un clímax que ni siquiera Avery podría haber imaginado.

Un oscuro thriller psicológico con suspenso que acelera el corazón, CAUSA PARA CORRER es el libro #2 de una fascinante nueva serie, con un querido nuevo personaje, que te dejará dando vuelta las páginas hasta tarde en la noche.

El libro #3 de la serie Avery Black estará disponible pronto.

"Una obra maestra del thriller y el misterio. Pierce hizo un magnífico trabajo desarrollando personajes con un lado psicológico, tan bien descritos que nos sentimos dentro de sus mentes, seguimos sus miedos y los alentamos en sus éxitos. La trama es muy inteligente y te mantendrá entretenido a través del libro. Lleno de giros, este libro te mantendrá despierto hasta dar vuelta la última página."

--Books and Movie Reviews, Roberto Mattos (sobre Once Gone)

CAUSA PARA CORRER

(Un misterio de Avery Black—Libro 2)

 

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Blake Pierce

Blake Pierce es el autor de la exitosa serie de misterio RILEY PAGE, la cual incluye las novelas de suspenso y misterio UNA VEZ DESAPARECIDO (libro #1), UNA VEZ TOMADO (libro #2), UNA VEZ ANHELADO (#3) y UNA VEZ ATRAIDO (#4). Blake Pierce es también el autor de las series de misterio MACKENZIE WHITE y AVERY BLACK.

UNA VEZ DESAPARECIDO (Libro #1), que cuenta con más de 100

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Ávido lector y admirador de toda la vida de los géneros de misterio y suspenso, a Blake le encanta tener noticias de sus lectores, así que no dudes

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LIBROS DE BLAKE PIERCE

SERIE DE MISTERIO DE RILEY PAIGE

UNA VEZ DESAPARECIDO (Libro #1)

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SERIE DE MISTERIO AVERY BLACK

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