Causa para matar

Blake Pierce · Capítulo 21 de 41

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Causa para matar

Capítulo Veinte

Molly Green estaba teniendo una noche difícil. Sopló un mechón de rubio cabello lejos de su rostro, se secó la ceja, y fingió enrollarse las mangas.

"¡Luke y Gidget!" gimoteó. "¡Ya tuve suficiente de esto!"

La casa donde trabajaba como niñera a medio tiempo parecía grande y vacía. Estaba de pie en la sobredimensionada sala de estar en el primer piso y buscó detrás de los sillones. Con la cara pegada a las puertas corredizas de vidrio que llevaban al porche trasero, se protegió con las manos los ojos de la luz del interior y pensó: Mas les vale que no estén afuera.

No había nadie en la cocina, armarios, ni en el baño de abajo.

Una pequeña habitación de huéspedes estaba igualmente vacía.

"Lo digo en serio," gritó, "hace mucho que debían estar en la cama."

Subió dando pisotones en tacos altos, una minifalda de cuero negra, y la diminuta musculosa que planeaba ponerse para la fiesta luego esa noche.

"¡Mas les vale que estén en la cama!"

Desde luego, Luke y Gidget estaban escondidos bajo las sábanas, riéndose como locos porque habían sido más listos que ella una vez más.

Los niños compartían una habitación y cada uno tenía su propia cama. Se podía apreciar un fuerte contraste entre el lado de la habitación que pertenecía a Gidget, y el de Luke. El de lado de ella estaba pintado de rosa; estaba limpio y ordenado, con los juguetes en los lugares indicados y la ropa en sus cajones. El lado de Luke de la habitación estaba pintado de azul. Todos sus juguetes estaban en el piso, la ropa tirada por todas partes, y las paredes manchadas con tierra y marcadores.

"Ahora veo como es la cosa," dijo Molly. "Me hacen correr por toda la casa y luego fingen que todo este tiempo estaban dormidos. Buen intento."

Las sabanas fueron arrojadas y ambos compitieron por su atención.

"Léeme un libro, Molly."

"No apagues la luz del pasillo," dijo Luke.

"Tus padres me van a matar si los encuentran despiertos cuando vuelvan. Tienen que ir a dormir. No más libros. Dejaré la luz del pasillo encendida. ¿Me escucharon? Si encuentro a alguno de ustedes deambulando por los pasillos de nuevo o intentando asustarme abajo, me pondré chillona. Y saben lo que significa eso."

"No, no," gimió Gidget.

"No le digas a papá," imploró Luke.

"De acuerdo pues. Hora de dormir. Buenas noches."

Nuevamente, cerró la puerta, dejándola entreabierta como un centímetro para que pudiesen ver la luz del pasillo.

De nuevo abajo pensó: Uf... Niños.

Un rápido vistazo en el espejo de la sala de estar confirmó que aún se veía increíble, la sombra de ojos verde en su lugar, pestañas largas, labial perfecto, ojos azules brillantes.

Te ves tan sexy, pensó ella con un chillido.

Alrededor de veinte minutos más tarde, mientras Molly veía una edición grabada del Show de John Oliver, El Sr. y la Sra. Hachette abrieron silenciosamente la puerta principal.

Se repartieron cumplidos.

Molly los puso al día con lo que había ocurrido en la noche. "La cena estuvo genial. Leímos libros. Les di baños a ambos. Correteamos un rato y luego se fueron a la cama. Nada especial.

Como siempre, los Hachette preguntaron si quería quedarse un rato, comer algo, o dormir en la habitación para huéspedes. Molly rechazó sus propuestas.

Todo lo que podía pensar era la fiesta, un enorme baile organizado por una de las fraternidades más grandes del campus. Tres chicos con los que había estado saliendo estarían allí, pero ninguno de ellos tenía potencial de novio. Esta noche, esperaba conocer a alguien nuevo.

Tomó su bolso y salió por la puerta.

Que comiencen los juegos, pensó, sonriendo.

* * *

Él había estado esperando afuera por un rato, escondidos en las sombras del interior de su camioneta. Durante la última hora, él había estado allí, mirando y preparándose para el momento indicado. Había visto en silencio como Molly buscaba a los niños por la casa y los había encontrado en su cama. Había visto a los Hachette entrar a la casa.

Estaba aparcado en una calle muy tranquila en un vecindario lleno de árboles justo al noreste de la Universidad de Brandeis, a tan sólo unos minutos en carro de la universidad y unos veinte minutos a pie. Molly, sabía, elegiría caminar. Bajaría saltando los escalones, giraría a la izquierda en calle Cabot, y luego a la derecha hacia la calle Andrea. Luego de eso, normalmente cambiaba su ruta según donde necesitaba ir en el campus.

Como sospechaba, Molly bajó brincando los escalones de la casa y giró a la izquierda.

Él salió en silencio de la camioneta y caminó hacia la parte trasera, donde fingía estar descargando algo del maletero. Cerró con fuerza el maletero, suspiró, y se dirigió a la calle. Molly venía directamente hacia él. Se quitó la gorra y levantó la vista.

Sumergida en sus propios pensamientos, Molly casi se lo lleva por delante. "Oh, disculpe," murmuró.

"Está bien," respondió él.

"¡Oye!" Ella de pronto se iluminó. "Yo te conozco. ¿Cómo estás?"

"Estoy bien." Sonrió. "Tengo algunos problemas con mi auto. Espera un minuto." Frunció el ceño y se frotó la barbilla. "Pensé que vivías en algún lugar en campus de Brandeis."

"Sí, es cierto," reconoció ella, "Sólo trabajo aquí. ¿Ves esa casa?," y se dio vuelta para señalarla, "cuido a los niños durante la semana. Pero no te preocupes, yo..."

En el momento en que giró, él la perforó rápidamente con su aguja.

"¡Oye! ¡Ay! Qué demonios..."

Molly comenzó a caer. Él se deslizó hacia atrás para atraparla.

"¿Estás bien?" Fingió entrar en pánico. "¿Molly?" Golpeó suavemente sus mejillas fingiendo preocupación. "Molly, ¿estás bien?" Echó un vistazo alrededor.

Las calles estaban oscuras y vacías.

"No te preocupes," susurró, "Yo te ayudaré."

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