Causa para matar

Blake Pierce · Capítulo 25 de 41

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Causa para matar

Capítulo Veinticuatro

Talbot se alejó enseguida de terminar de gritarle, para consultar a su equipo. La mayoría de los policías de Belmont le echaban miradas hostiles a Avery, o sacudían la cabeza. Se escuchó a uno de ellos decir, "¿Por qué demonios tenemos que compartir? Esto es un crimen en Belmont."

Avery se tomó su tiempo para recorrer la zona.

Observó el cuerpo desde diferentes perspectivas. Todos la ignoraban, pero cada tanto podía oír a madres gritando desde fuera de los portones, o reporteros gritando preguntas.

Una sensación del asesino había comenzado a habitar en Avery. Todo había comenzado en Lederman Park, y luego en el cementerio, una sensación de que de alguna manera lograba entenderlo. Había elegido lugares tranquilos, lugares respetuosos para los muertos. Este era diferente. Aunque la chica estaba colocada en un parque entre árboles y plantas, era un parque de niños, el cual tiene una energía más agitada que un cementerio o un banco cerca del río.

¿Por qué aquí? se preguntó.

La imagen de la chica, también, era diferente: estaba mirando hacia varios niños, de diferente género y color.

Algo sucedió, pensó.

¿Qué cambió?

El informe de los forenses le diría si había diferencias dentro del cuerpo o en la escena del crimen, pero incluso si no encontrasen nada, Avery estaba segura de sus instintos. Luego de años trabajando en casos con asesinos, y antes de los asesinos, en casos que involucraban personas sórdidas en general como abogada, se había convertido en una experta en las pequeñas diferencias entre las personas, y en las escenas del crimen.

Sola, sin nuevas puestas, en una pésima mañana y con manifestantes, padres, y la policía de Belmont mirándola como si fuese un invitado no deseado, Avery bajó la cabeza y volvió al auto.

Su llegada a la oficina A1 era el final perfecto para un día horrible. En el momento que las puertas del elevador se abrieron y Avery quedó al descubierto, la oficina entera se quedó en silencio. Muecas de desprecio en sus rostros. Jones sacudió la cabeza y miró hacia otro lado y Thompson la dio la espalda. La falta de chistes y risas sólo lo hizo peor.

Finley estaba en su escritorio. Apenas más solidario que es resto de su departamento, le ofreció una mirada de lástima y bajó la cabeza.

El periódico de la mañana, con su escandaloso artículo sobre la visita a Howard Randall, estaba en una cantidad de escritorios, y algunas pantallas de computadoras mostraban una fotografía similar de Avery, llorando en su auto fuera de la prisión.

"Black," llamó alguien, "ven aquí."

O'Malley hizo señas desde su oficina.

Connelly se puso de pie.

"No. No," señaló O'Malley. "Tú no. Sólo Black."

"Este es mi caso," argumentó Connelly.

"Si quieres que lo siga siendo, te sientas y te callas."

Connelly se quedó de pie, desafiante, y sacó pecho.

"¿Estoy en problemas?" preguntó Avery.

"Entra." O'Malley le hizo señas y cerró la puerta detrás de sí. "¿Qué te hace pensar que estás en problemas, Black? Tú dímelo."

"No lo sé", dijo. "Fui a ver a Howard Randall para buscar pistas. Me dio una, bueno, no una muy buena, pero era una conexión entre las chicas. Él sabía algo."

Un profundo suspiró salió de O'Malley.

"¿Que podría Howard Randall saber sobre tu caso?" dijo él. "El tipo está en la cárcel. Todo lo que sabe es lo que lee en los periódicos."

"Tiene la mente de un asesino," insistió Avery. "Él piensa como nuestro tipo."

O'Malley frunció el ceño.

"Detente," dijo, "por favor, detente. Escúchame, Avery. Me caes bien. Te vi hacer cosas increíbles en la patrulla: valiente, dedicada, honesta, y lo más importante, inteligente. Otras personas también lo vieron. Puede que te hagan la vida imposible, pero eso es porque están envidiosos y asustados. La gente teme lo que no comprende, y estoy empezando a sentir ese miedo."

"Capitán, que es lo que quiere—”

Una mano la detuvo.

"Por favor," dejo, muy calmado, casi destrozado, "déjame terminar. Este caso, es uno grande. Más grande de lo que creía. Tenemos cuerpos desparramados por tres condados hasta el momento, tres muchachas muertas, ninguna pista, y mucha gente enojada. Eres un animal, Avery. Lo veo. Lo veo incluso ahora. Estás consumida por este caso. Realmente quieres encontrar a este tipo, tanto que has cometido algunos errores de principiante muy estúpidos."

Levantó un dedo.

"Uno," dijo, "acosaste a un civil esta mañana en Cambridge."

"Tenía motivos para creer que—”

"No me importa lo que creíste," gritó. "Intimidaste a un hombre en una tienda de arte, un hombre con muy buenas conexiones, dicho sea de paso, un hombre que ya ha pasado por cientos de situaciones muy difícil debido a su pasado. El tipo tuvo una crisis nerviosa luego de que te fuiste. Intentó suicidarse en el baño. Su jefe tuvo que tirar la puerta abajo. Llamaron a la ambulancia. Luego me llamó a mí, y llamó al jefe, y llamó al alcalde. ¿Y sabes qué dijo? Dijo que permitimos que una psicópata manejase este caso. Por suerte, no ha presentado cargos, todavía."

"¿Suicidio?"

Avery bajó la cabeza. La penetrante mirada de Wilson Kyle le vino a la mente, y recordó su apasionado discurso sobre la historia de Lang.

"Eso fue un error," dijo. "No fue mi intención."

"Dos," dijo O'Malley, levantando dos dedos. "Apareciste en los diarios. Sé que eso no fue tu culpa. Andas como si fueses la única persona en el universo la mitad del tiempo. Me hace preguntarme cómo es posible que veas algo, pero lo ves. Lo que no viste fue el montón de basuras paparazzi haciéndose un festín a tus expensas. A la fotografía del parque puedo tolerarla. Lo que no puedo tolerar es la fotografía de la prisión. Fuiste a visitar al asesino serial más famoso de la historia de Boston, un hombre al que tú dejaste libre, un hombre que luego volvió a matar en tu nombre, ¿y no se te ocurrió preguntar? ¿O tener cuidado de las cámaras? ¿O al menos darme una advertencia así podía decirte que estás loca?"

"Necesitaba la perspectiva."

"En ese caso me llamas, o a Connelly, o a cualquiera que esté conectado al caso. No vas a una prisión federal a reavivar una vieja llama. Es decir, por Dios. ¿Acaso lees los periódicos? Lo hicieron ver como que todo el departamento es un montón de idiotas, y que las únicas pistas que podíamos conseguir eran por una antigua llama. Es malo, Avery, realmente malo."

"Capitán, estoy—”

"Tres," dijo, levantando tres dedos, "tienes disidentes en tus filas. Thompson y Jones se están quejando sobre el trabajo de vigilancia."

"¡Desperdiciaron un día entero ayer!"

O'Malley levantó la mano.

"Connelly ni siquiera quiere hablar contigo—”

"¡Eso no es culpa mía!"

"No sé qué le hiciste a Finley," dijo, sorprendido, "pero de hecho ha estado trabajando muy duro y está realmente preocupado por todo esto."

De pronto, Avery comenzó a darse cuenta hacia dónde iba la conversación.

"¿Preocupado por todo qué?" dijo ella.

"Quizás te promoví demasiado pronto," O'Malley murmuró para sí.

"Capitán, espere."

Él sacudió la cabeza e hizo una mueca.

"No más, Avery, por favor. No más. ¿De acuerdo? Tengo al jefe molestándome. El alcalde está furioso. Tengo quejas entrando vaya uno a saber de quién, y todas son sobre ti. Pero lo peor de todo, de verdad," dijo con verdadero dolor en los ojos. "Lo peor de todo, es que esto no se trata de ti, ni nada de toda esta mierda insignificante. Tenemos tres chicas muertas en menos de una semana. Tres muertas, Avery. Y ninguna pista. Y un rastro muerto. ¿Estoy en lo cierto?"

Avery revivió la imagen del giro y reverencia del asesino frente a la cámara del estacionamiento.

"Voy a encontrarlo," dijo, "Lo juro."

"No mientras yo esté a cargo," contestó O'Malley. "Estás fuera del caso. Efectivo inmediatamente. Connelly se va a hacer cargo."

"Capitán—”

"Ni una palabra, Black. Ni una palabra porque ahora estoy tranquilo, ¿sí? Estoy tranquilo porque esto también me afecta, pero si me presionas me voy a enojar muchísimo por toda la presión que tengo sobre mí en este caso. Estás fuera. Quiero toda tu investigación en el escritorio de Connelly en la próxima hora. Cualquier información sobre la última escena del crimen en Belmont. ¿Cómo vamos con eso? ¿Dónde está el cuerpo? No, no quiero que me lo digas ahora. Lo quiero todo por escrito, junto con cualquier pista que estés siguiendo, cualquier cosa. No dejes nada afuera. ¿Entendido? Entonces puedes irte. Tómate el resto del día libre. Vuelve el lunes y hablaremos de lo que pasará a continuación. Necesito el fin de semana para pensarlo."

"Estoy fuera del caso," dijo ella.

"Estás fuera."

"¿Para siempre?"

"Para siempre." Él asintió.

"¿Estoy en homicidios todavía?"

O'Malley no contestaba.

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