El refugio de Sandrine
Capítulo 8
8
Sandrine se despertó con dificultad. Con la mente nublada por los medicamentos, intentó comprender lo que hacía en aquella cama de hospital. Se acordó de la ambulancia, de esa mujer con la que había estado hablando así como de la visita de dos hombres.
Luego, con lentitud, emergieron otros recuerdos.
Se acordó de la isla.
¿Era posible que se hubiese escapado de ella?
Sandrine cerró los ojos un instante y trató de concentrarse.
¿Qué había pasado? ¿Cómo había llegado a aquella playa?
Por mucho que buscase una explicación, ninguna traspasaba la niebla de su amnesia delirante. Intentó erguirse, pero aquel sencillo gesto le resultó difícil. Cada músculo de su cuerpo parecía estar paralizado, y el más mínimo esfuerzo le causaba dolores insoportables.
Miró fijamente el techo rememorando los últimos acontecimientos: el hostal, los habitantes que se desplomaban uno a uno, su carrera hacia el campamento vacacional, la aparición de su abuela, el ahogamiento de los niños…
Y luego las palabras de Paul.
Al evocar a aquel nombre, a la joven le entraron ganas de llorar de rabia. ¿Por qué la había abandonado así? ¿Por qué no la había acompañado? ¡Ahora estarían juntos, en tierra firme, lejos de ese Rey de los Alisos, de Suzanne y de todo aquel sufrimiento!
Pero para eso tampoco tenía ninguna explicación. Solo el sentimiento de vacío en la boca del estómago y la frase pronunciada con un adiós postrero: Si te cruzas con el gato errante, mátalo, Sandrine, es el único medio de escapar para siempre del Rey de los Alisos…
¿Qué habría querido decir?
Sintió que la migraña le despuntaba en el interior del cráneo. Como el primer trueno inofensivo, pero engañoso, de una tormenta lejana. Sin embargo, lo que le preocupaba más en aquel instante fue el hombre de los vaqueros y la sudadera con quien había hablado el día anterior. Mientras le contaba a él, y a su compañero vestido de policía, lo que había vivido, Sandrine había percibido la agitación en su mirada.
No la había creído, estaba segura de ello.
No dudó ni por un segundo que aquel hombre trataría de conocer la verdad.
¿Qué pasaría si este a su vez intentase llegar a la isla?
¿No sabía que el Rey de los Alisos lo estaba esperando?