Ella
Capítulo 17
Me pregunto qué clase de familia hubiera podido formar. Hacía un tiempo que se venía discutiendo en el país sobre tipos de familia, y yo había leído un extenso artículo que explicaba que el núcleo básico padre/madre/hijos se había roto y que esta ruptura creaba nuevas relaciones familiares. Pensé en cuántas vidas distintas hubiese podido tener si me lo hubieras permitido. En ese punto me detuve largo rato.
Si mi gemelo se hubiera quedado, quizá hubiéramos podido formar un núcleo unido por el odio, el miedo y la culpa. Una especie de matrimonio fuera de la ley, dos viejos derrotados que sobreviven esperando tu muerte, y con ello el final del ciclo que nos habías impuesto. Otra posibilidad hubiera sido el mismo núcleo convencional: madre/padre/hijos. Difícil, improbable. Creo que tu matrimonio siempre estuvo destinado al fracaso. No recuerdo ninguna muestra de cariño entre nuestro padre y tú. Ni siquiera entiendo cómo pudieron soportarse durante los primeros años de nuestra existencia. Tú repetías que aquel hombre se había enamorado de ti, pero que tus enfermedades, y sobre todo, el problema de tu fertilidad, lo habían alejado. Sin embargo tú no te sentías culpable. Los responsables eran las pastillas, tu cuerpo arruinado y los años que pesaban. Te costó mucho quedar embarazada y, cuando por fin sucedió, parecía demasiado tarde: él ya no te veía como una persona sana, sino como una carga, una inválida empeñada en fabricar dolencias para retenerlo a tu lado. Cuando nacimos tu dependencia aumentó. Tu sistema nervioso colapsó y para ti nosotros éramos los responsables. Fue en esa época cuando mencionaste por primera vez el suicidio. La amenaza parecía funcionar bastante bien con nuestro padre. Pero hubo un día en que su reacción, normalmente sumisa, fue distinta. Recuerdo vagamente que fue a la cocina, sacó un cuchillo de carnicería y lo tiró a tus pies. Mátate de una vez, te dijo. Nunca había escuchado su voz tan clara y convencida, y supongo que tú entendiste que él estaba hablando en serio y por eso no hiciste nada. No recuerdo si fue esa misma noche o pocos días después cuando él desapareció. Entonces nuestra familia se redujo a una pequeña sociedad enferma.
A veces me pregunto qué hubiera sido de nosotros de no haber estado sometidos a tu control. ¿Había manera de ser diferentes? Supongo que lo único era desaparecer, tal como lo hicieron ellos: primero nuestro padre y después mi gemelo. Quizá ellos hayan podido estar más tranquilos. El hombre que dormía contigo puede que haya tenido otros hijos y nietos, aunque ya debe estar muerto. Mi gemelo tuvo suerte de encontrarse con nuestro amigo para llevar una vida juntos. Supongo que le debo reconocer la valentía de abandonar la casa y formar su propio núcleo en un lugar donde ni ella ni yo teníamos cabida. ¿Hubiera podido escaparme con ellos? ¿Podríamos haber formado un núcleo los tres? ¿Por qué no me llevó con él o por qué no regresó por mí? Me imagino que era demasiado para él verse obligado a lidiar otra vez con ese pasado que decidió dejar atrás. Yo era una sombra turbia, muy parecida a ella, que bloqueaba el futuro que él seguramente imaginaba cuando se perdió por la calle con esa mochila que yo le ayudé a preparar.
¿Y si me hubiera escapado yo también? ¿Me hubiera enamorado? ¿Hubiera pensado en tener hijos? Supongo que no los hubiera tenido. El miedo a ser como ella hubiera bloqueado mis ovarios, tal como pasó en mi adolescencia, cuando mi sistema reproductivo se negó a producir óvulos y la menstruación desapareció por completo. Parecía que mi útero sabía que la historia iba a repetirse, y por eso se negaba a recibir a otro individuo. Si hubiera tenido hijos, seguramente los hubiera acosado con llamadas telefónicas. Los hubiera obligado a volver a casa para bloquear mi miedo a que les pase algo. Los hubiera encerrado con candado para que nunca pudieran salir sin mi permiso. Los hubiera amenazado para que el miedo a que yo atente contra mí les impidiera alejarse y construir su propia vida. Eso es lo que tu abuela me enseñó y tenía razón, repetías.
Si hubiera seguido la estrategia de rebelión de mi gemelo, hubiera buscado estar con una mujer para hacerte sentir asco, para que me botaras de la casa a palos y no quisieras verme más. O quizá, si me hubieras dado la oportunidad, hubiese podido conocer a alguien que me enseñara a ser feliz a pesar de tener que cargar contigo. Es verdad que mi miedo a tener hijos hubiera sido permanente, pero quizá lo hubiera podido superar y ahora los tendría. Los hubiera dejado libres, porque cada vez que notara que me estaba pareciendo a ti hubiera corrido a la cocina a cortarme la piel y dejar salir por la herida tu sangre y tu locura. Cada cicatriz hubiera sido una marca de mi verdadera identidad.
¿Y si me hubieras dejado estudiar como aparentemente ibas a hacerlo cuando visitamos varias universidades? Le hubiera demostrado a la familia que no soy la retrasada mental que todos creen. Me hubieran visto como una persona exitosa, y seguramente ahora sería mejor que ellos. Pero no me permitiste estudiar, y por eso no solo he fracasado, sino que rozo la anormalidad. ¿Crees que no sé que siempre me han visto así? ¿Crees que eso no me duele? Pero yo sé que mi verdadera identidad está debajo de este cuerpo agrietado y de esta cara adormecida que expresa lo que ellos creen que soy.
¿Qué hubiera sido de mí si llegabas a darme una oportunidad? Sé que nunca lo hubieras hecho porque sabías que eso podría haber sido tu ruina. Sabías también que mi miedo se iría desvaneciendo y que mi falta de cariño llegaría a transformarse en una indiferencia total hacia ti. Por eso no lo permitiste. Y yo que siempre fui una cobarde que nunca pudo rebelarse porque tenía miedo de cargar con la culpa de tu muerte toda la vida. Ahora estoy sola, como tú tanto temías estarlo. Pero no tengo miedo porque quizá ahora que tu muerte por fin ha llegado, me queda la esperanza de que algo va a cambiar. Y si no cambia nada, no me importa, acá seguiré esperando que esto termine.
OceanofPDF.com