Ella
Capítulo 7
—¿Ahora qué quieres?
—¿Ya se la llevaron para el velatorio?
—Sí. Me dijeron que me van a avisar cuando todo esté listo.
—¿Ya llamaste a la familia?
—¿Qué familia?
—No te hagas la tonta y comienza a llamar a la gente. No querrás que el velorio esté vacío.
—¿Acaso no te acuerdas de que ella se llevaba mal con todos? ¿Quién va a ir a verla?
—Llama a la familia. Es lo menos que puedes hacer.
—No voy a llamar a nadie. Que hayas pagado todo no significa que tenga que hacer lo que tú quieres. Finalmente, ni siquiera vas a venir.
Cuelgo el teléfono. Siento una pequeña satisfacción porque incluso en la distancia, mi gemelo también debe sentirse un poco culpable. Después de esta conversación al menos me dejará tranquila algunas horas. Sé que luego comenzará de nuevo, pero no me importa. He aprendido a valorar los momentos de tranquilidad por muy cortos que sean. Con ella nunca sabía cuándo podría volver a tenerlos.
Ahora busco entre sus pertenencias la agenda telefónica. Comienzo a llamar. Hay nombres de personas que casi no recuerdo. La familia ha sido una sombra, una presencia muda que no solo se conformó con tratarnos con indiferencia, sino que nos hizo sentir a cada instante nuestra condición de excluidos. En primera instancia, esa condición nos la impuso ella. Creía que nuestro mundo de tres era suficiente y asumo que el resto solo respondió naturalmente a sus acciones. Las voces que me responden al teléfono no me resultan familiares. Supongo que mi voz también les sonará extraña. Pocos me dicen que irán. La mayoría solo me da el pésame. Alguien me pregunta por mi gemelo. Yo le respondo que no sé mucho sobre su situación, asumiendo que no puede regresar. Seguro que tiene problemas migratorios, que si viene perderá su vida en ese país. Sé que nadie lo creerá. Todos conocen nuestra historia. Todos saben que, aunque él pudiera hacerlo, lo último que haría sería regresar.
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