La chica del delivery

Laura A. Lopez · Capítulo 1 de 56

Páginas del PDF

La chica del delivery

Capítulo 1

El asfalto estaba caliente, todavía ardiendo por el largo día, pese a que anochecía en la capital del país, lo sentía por el calor que le chocaba en la zona de la frente y los ojos, cuando estaba presentándose a trabajar en un día martes.

Lucila Cabral había empezado a ocuparse porque necesitaba hacerlo.

Su hermana mayor, quien la mantenía desde una de las ciudades cerca de la capital del país, había fallecido. Sus padres no podrían solventarla. Eran de una familia humilde del distrito de nombre 25 de diciembre.

Ella estaba en Asunción desde el primer año de la secundaria. Estudió en la Escuela Nacional de Comercio N° 1 en donde obtuvo excelentes calificaciones para acceder a una beca proveída por el Estado. Vivía con Ana, su hermana fallecida, y su esposo, pero ante la muerte de ella, prefirió buscar otro lugar para irse. Se juntó con un compañero de facultad, pero terminaron involucrándose sentimentalmente hasta que la relación fue insostenible. Tenía veintitrés años y sus padres no sabían que había compartido una vivienda con un hombre. Tampoco lo sabía su hermana que vivía cerca y que también estaba casada.

Buscó una habitación para alquilar sin tener cómo pagar porque no conseguía trabajo. Estudiaba Administración de empresas en la universidad Columbia del Paraguay, estaba en el cuarto año de la carrera y tenía que sobrevivir sin perder esa beca, para ella sería imposible pagar ese lugar sin un empleo.

En un cumpleaños familiar, su primo Héctor les había mostrado a todos que había comprado un automóvil y que dejaría su motocicleta, entonces, a Lucila se le ocurrió pedirle prestada la moto urbana que tendría aparcada en el patio de su casa. Ella tenía experiencia con motocicletas, pues desde los diez años tuvo que aprender a hacerlo para poder salir de los caminos de tierra por donde no entraban los buses con itinerarios. Lo único que su familia podía comprar era un biciclo. Héctor le dio la motocicleta con la condición de que la cuidara, hiciera su mantenimiento y le cargara nafta de la buena, incluso, él le dijo que podía desempeñarse como delivery en caso de no conseguir un empleo de auxiliar administrativo.

Esas palabras de su primo se convirtieron en la puerta al cielo para la solución a sus problemas.

—¡Lucila! —La llamó Wanda, una de las asistentes de la farmacia —.

Apresúrate que tenemos entregas, llegas tarde...

—¡Ya sé, ya sé! No quería llegar tarde, pero tenía que hacer un trabajo práctico que debo entregar mañana.

—Bueno, pero ya coge lo que necesitas para irte. Un cliente pagará con post y el otro con efectivo.

—¿Crédito o débito? —preguntó Lucila.

—Crédito —respondió Wanda.

—Excelente. Coloca eso en mi mochila, entraré al baño y después salgo a toda prisa. ¡Me estoy haciendo pis! —avisó.

Lucila corrió al baño y con apuro se sentó a hacer sus necesidades. Se lavó las manos y mojó su cara con el agua que debería estar fría, pero el calor de 40° en verano, calentaba las tuberías de agua. Miró que su rostro estaba muy rojo. Ella era blanca, de cabellos castaños y ojos pardos.

Cuando estaba tan quemada como ese día, sus ojos parecían de color miel.

Se secó el rostro con el papel que era para secarse las manos.

—¡Ya estoy! —exclamó la chica del delivery.

—Una es sobre la calle Brasilia casi Concordia y la otra es a la altura de España casi Brasilia.

—Están cerca, volveré pronto para más entregas —dijo Lucila que miró las facturas que tenía en la mano en caso de que necesitara llamar para una dirección exacta.

Ella salió rumbo al aparcamiento de la farmacia Farmacentro, que tenía muchas sucursales en la zona de Asunción y Gran Asunción. Saludó al guardia de seguridad y después agarró su casco, se lo colocó en la cabeza e intentó arrancar la motocicleta “a patadas”, porque el arranque eléctrico no funcionaba, le faltaba una batería nueva, entonces debía usar el pedal de encendido. Estuvo un par de minutos en ese menester hasta que encendió y pudo salir de la zona de aparcado.

Estaba concentrada en su camino. Tenía todas sus luces funcionando para que no le multaran los policías municipales en sus recorridos por la ciudad. Cuando llegó a la zona de las entregas, una de las direcciones no era exacta y tuvo que parar la motocicleta para hacer una llamada y poder entregar el pedido. Tenía un móvil con plan de llamadas que le había dado la empresa y lo ocupaba para poder llegar hasta los clientes.

Las casas que visitaba eran bastante lujosas. Entre casas y departamentos de lujo, siempre se preguntaba, ¿en qué trabajaba toda esa gente? Era interesante saberlo. Esas personas podían gastar en medicamentos lo que ella ganaba en un mes haciendo sus entregas. No podía quejarse, la situación no era tan mala. Quizá fuera conformista con sus pensamientos, pero no podía hacer mucho. Pobre era y pobre se moriría si no hacía algo. Para eso se esforzaba, quería una vida mejor y ayudar a sus padres, ya no quería verlos sufriendo por saber qué comer.

Cuando terminó esos pedidos que tenía pendientes, escuchó a su estómago, recordó que no había comido. Cerca de la calle Concordia, en donde realizó la última entrega, había un lugar que se llamaba Mass Chipa's. En el sitio pidió una croqueta de carne y una gaseosa personal.

Tuvo que dejar la motocicleta por unos minutos para comer a toda velocidad, estaba muy atrasada y ella tenía un objetivo diario que cumplir, se lo había propuesto porque ganaba el dinero por cada entrega, mientras más llevaba, más ganaba.

Al acabar se dispuso a regresar a la farmacia y continuar con sus futuros recorridos. Nunca sabía en qué momento se le terminarían acumulando los pedidos. Tenía días en que no había mucho qué hacer, en

especial los días de lluvia, aunque ella siempre estaba bien equipada para no mojarse.

Una vez que llegó a la farmacia le dijeron que todavía no había nada que entregar, eso era bueno, pues Lucila podría aprovechar el tiempo para estudiar. Necesitaba mantener un buen promedio para que la beca se conservara intacta. Ya llevaba cuatro años, debía aguantar dos semestres más y esperar a tener su título de licenciada en administración.

OceanofPDF.com