Para darte mi vida
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A los pocos minutos de decidir dejar de visitar la casa de Carolina con la excusa de ver a Esperanza, recibió una invitación de Joaquín para almorzar en su departamento.
―¿Quién estará? ―preguntó temiendo la respuesta.
―Toda la familia de Antonia. ―Camilo se tensó pero al mismo tiempo le respondió firme.
―No voy a ir, Joaquín. Te agradezco la invitación, pero la verdad es que dentro de poco tengo una entrevista de trabajo y no quisiera perderla.
Quizás uno de estos días me pase por tu departamento.
Quiso parecer convincente y hasta ese momento lo logró.
Lo de la entrevista era real. Un amigo de un amigo de Ximena le había conseguido una reunión con el dueño de un diario bastante pequeño, pero que de seguro le serviría de experiencia.
No había estudiado periodismo pero mientras estuvo fuera, se anotó a algunos módulos relacionados con lo mismo.
Durante dos horas, le explicaron el funcionamiento del periódico. Se notaba un lugar serio y a pesar de ser pequeño, trabajaba un montón de gente.
Se embebió de todo lo que veía y le decían para poder desempeñarse mejor. Una semana bastó para descubrir que su compañero de oficina estaba llevando a cabo una investigación que le pareció muy interesante.
―Es sobre… ¿el gobernador? ―preguntó echando un vistazo al ordenador de Ivo, un joven de aspecto hippie.
Éste, al escuchar la pregunta, cambió de ventana y se quedó en silencio unos segundos, luego añadió:
―No te incumbe.
―Quisiera ayudarte, Ivo. ―Estaba obsesionado con saber de ese tipo. Por descubrir algo que hiciera entender a Carolina que ese hombre no
le convenía ni un poquito. Y la posibilidad se la podía dar su colega.
Ivo, por su parte, lo estudió. Miró al nuevo y le advirtió:
―Es confidencial. Es mío y ni te creas que te voy a dar el crédito.
―No necesito el crédito. Lo que quiero es ayudar y aprender.
―Camilo te llamas, ¿verdad?
―Sí… Ivo, en serio. Dime de qué trata… quizás puedo averiguar y aportar en la investigación.
―Estuviste dos años en el extranjero, no creo que seas de aporte. O
quizás sí, no lo sé.
―Sigo sin entender.
―No tienes que entender nada. Te voy a dar acceso a un link en el que tienes toda la información, estúdiala y mañana conversamos. Es tarde.
―Gracias. No voy a defraudarte.
Ivo apagó su computador, se levantó y antes de cruzar la puerta, se volvió.
―Si decides entrar a la investigación, no puedes decir ni una sola palabra, y tampoco puedes recular. Es un tema jodido que cuando salga a la luz, va a traer serios problemas; no solo a él, sino a un par de empresarios importantes del país. Piénsalo bien, no sabemos con qué más nos vamos a encontrar ni qué tan peligroso puede resultar meterse donde supuestamente no debemos.
―De acuerdo. ―Asintió Camilo.
No creyó que fuera tan grave investigar un par de cosas irregulares en la gestión de Álvaro. No lo creyó hasta que leyó sin parar toda la noche.
El gobernador había ocupado dinero estatal para su futura campaña. No conforme con eso, además se registraban un par de contactos con empresas que le compraron tierras que habían sido adquiridas con dinero estatal con la intención de construir allí las casas de los afectados. Algo que nunca se cumplió. ¿Dónde mierda estaba el gobierno para regular todo aquello? Cada cosa que leía, más le indignaba. No sintió miedo a pesar de saber que había muchos empresarios de dudosa conducta.
Al día siguiente, ya sabía qué haría.
―Entro al caso. Anoche estuve averiguando un par de cosas que nos pueden servir.
―Camilo, esto es serio. No se trata de ser superhéroes, se trata de investigar cosas certeras.
―Lo sé y no te imaginas lo serio que me lo voy a tomar.
La investigación y la involucración en el caso, le permitió abstraerse lo suficiente como para que Carolina desapareciera durante el día de sus pensamientos.
Sus amigos lo llamaban constantemente para cenar, pero se excusaba con el trabajo.
―¡Mira lo que tenemos aquí! Escucha ―dijo Ivo un día. Camilo se acercó y esperó atento a que continuara―. «El gobernador manipuló información confidencial para adquirir becas extranjeras para hijos de empresarios y funcionarios públicos que le ayudaban a ocultar las transacciones que hacía para recibir el dinero por las ventas de las tierras».
La taza de café que Camilo sostenía entre sus manos, se deslizó como si fuera jabón.
―¡Mierda! ―exclamó Camilo.
―¡Hey! Cuidado…
Él había gestionado esa beca. Era un buen alumno, obtuvo un buen puntaje… ¿pero qué tan real era? ¿Carolina estaría al tanto? ¿Se pusieron de acuerdo ambos para sacarlo de en medio? No, no era posible. ¿O sí?
Las semanas siguieron avanzando y cada paso que daban, se volvía peligroso.
Una tarde, Ivo fue trasladado al hospital. Un vehículo negro sin patente lo embistió por detrás y se dio a la fuga.
―¿Crees que se hayan dado cuenta de lo que estamos buscando?
―preguntó Camilo cuando Ivo ya estaba mejor. Se había volcado y tenía algunas heridas, nada de mucho cuidado.
―Fue capaz de enviar a desmantelar la oficina de su ex esposa. No me cabe duda que también está detrás de esto que ves. Su pellejo está en peligro. Se supone que aquellos empresarios son intachables.
Camilo registró hasta «ex esposa». El resto ya lo había escuchado antes.
―¿Por qué haría algo así? ―preguntó intentando ocultar la preocupación.
―¿Hacerme daño? Para que me calle. ¿Lo de la esposa? Porque lo dejó por un chico mucho menor que ella. ―Eso era mentira. Ella ya estaba
separada hacía un año.
―¿Estás seguro que lo dejó por un chico menor?
―No tengo idea, no entra en la investigación. No me fijo en su vida privada y menos en la de su ex. Eso de que se quieren reconciliar no se lo cree nadie… Nadie que sea inteligente. ―Camilo carraspeó. Él sí se lo había creído.
Carolina, al ver que Joaquín llegaba solo y no acompañado de Camilo como lo hacía antes, preguntó:
―¿Están enojados con Camilo?
―No, Carolina… al parecer tiene mucho trabajo.
―Ah… ―Fue lo único que dijo antes de ir hasta su oficina.
Llevaba varias semanas preguntándose si habría visto el diario.
Coincidía con la fecha en que dejó de verlo en su casa. Y aunque no se hablaban, por lo menos podía saber cómo estaba.
Tomó su teléfono con la intención de llamarlo, pero desistió al instante y prefirió pasar más tarde por casa de Paola para desahogarse.
―…Está trabajando, supuestamente. Paola, necesito verlo. Lo extraño tanto. ―Suspiró y hundió su rostro entre sus manos―. Pero no quiere saber nada de mí.
―Entonces búscalo, Carolina. Tú lo dejaste, búscalo.
―¿Crees que estaría bien? Digo… decirle todo como realmente fue
―dijo esperanzada. Esperaba que Paola le dijera lo que su corazón le venía gritando hacía tiempo.
―Mira, Carolina, ustedes tienen mucho en contra. La edad, que fue lo primero que los frenó ―comenzó a enumerar―, los prejuicios de tu madre y la intromisión de Álvaro. La beca que justo llegó cuando sabías que él era capaz de todo por ese amor que te decía tener y la enfermedad que vino para asustarte y que luego como por obra de magia, no fue nada más que un susto. Ahora que tu madre no tiene tanta entidad sobre ti. Que Álvaro ya descubrió que eres capaz de todo y que no te dejas amedrentar.
Que además Camilo logró terminar su carrera, ¿no te parece que no hay nada que los separe? ¿Que todo está en orden?
―Hay algo que no estás tomando en cuenta, Pao ―dijo secándose las lágrimas que habían surgido una vez que recorrió mentalmente cada
suceso que habían transitado y los había distanciado―. Nos separa su orgullo herido.
―Habla con él, haz que te escuche. Estoy segura que sabiendo lo que realmente sucedió, comprenderá que debe dejar su orgullo de lado.
―No lo sé, Pao. Al fin y al cabo la edad siempre seguirá siendo un problema. No puedo obligarlo a que esté atado a una mujer que en muy poco tiempo no servirá para nada.
―Tienes razón, me había olvidado de algo más. La mayor barrera, eres tú.
―Es lo que te digo, mi edad… ―dijo Carolina, sin embargo, Paola negó con la cabeza.
―No es tu edad, es tu empeño en boicotearte la felicidad. Él no considera que la edad sea un impedimento y te lo demostró tantas veces…
Pero para ti, sus demostraciones no fueron suficientes.
―Sí lo fueron, nunca dudé de su amor.
―Pero sí dudas de lo que pueda sentir en un futuro. Mira, si hoy estás en pareja, no puedes prever qué sucederá. Ya viste que lo que los separó no fue la edad, sino una beca. Y puede que en el futuro los separe la edad u otra cosa… Nunca lo sabrás si no te arriesgas a vivirlo.
Cuando llegó a casa, Carolina se preparó un café. Dio tantas vueltas con la cuchara, como veces pasó por su mente una idea. Y entonces…
decidió hablar con él en cuanto tuviese la oportunidad.
A la mañana siguiente, estaba sentada para comenzar a desayunar, cuando Antonia le preguntó algo que no esperaba.
―Mamá, el otro día preguntaste por Camilo… ¿Lo extrañas?
―¿No te parece que es muy temprano para hacer esas preguntas?
―Revolvió el pelo de su hija en cuanto ésta se sentó frente a ella―. ¿Cómo van los preparativos de la boda?
―Tranqui… La verdad es que aún no me acostumbro a la idea…
―Antonia hizo un gesto con su boca que a Carolina le preocupó.
―Hija… ¿Estás segura de casarte?
―Yo amo a Joaquín, mamá. Tanto como padre como pareja, pero casarse es un paso muy grande. Si bien vivimos juntos casi la mayoría del tiempo… Casarse es… Es complicarlo todo, me parece.
―No lo veo así, pero si no estás segura, siempre puedes retractarte, mi amor. ―Carolina acarició la mano de su hija y sonrió.
―Lo sé, supongo que es normal tener dudas, ¿no? ¿Qué sentiste cuando papá te pidió matrimonio?
Carolina tomó aire y luego de pensarlo un poco, de hurgar en sus recuerdos, dijo:
―Felicidad. Era todo lo que quería. Siempre fui la muñequita de mi padre y Álvaro me recibió de la misma forma. Yo era intocable… Era su princesa.
Antonia notó nostalgia en los ojos de su madre y preguntó:
―¿Qué hizo que todo cambiara?
―Una vez que me supo suya, dejó de ser el hombre que conocí… Y
no me pidas que te cuente más porque eso es parte de la intimidad entre él y yo. Pero sí tienes que saber que Joaquín te adora, ese chico es el hombre más feliz estando contigo.
―¿Y quién me asegura de que siga siendo igual?
―Tu corazón, mi amor.
―¿Y tu corazón no sintió que mi padre podría cambiar?
―Mi corazón me avisó muchas veces que el mundo que Álvaro tenía pensado para mí, era comparable al de una planta. Y yo quise ser parte de ese mundo hasta que me di cuenta que en ese mundo, no se me permitía florecer.
―Y Camilo sí te ofreció ese mundo… ¿no?
¿Para qué negarlo? Con Camilo había descubierto mil formas de florecer, de sentirse bella y mujer. Había descubierto que el corazón podía latir siempre más fuerte cuando él aparecía para alegrarle el día.
―Sí, Camilo me ofreció eso y muchas cosas más. ―Estaba sonrojada.
―Mamá, él te ama. No logro aceptar que se lleven tantos años de diferencia, pero no puedo negar lo que él siente por ti.
―Sentía, hija… Sentía.
―¿Me contarás alguna vez qué fue lo que los separó?
―No vale la pena. ―Suspiró Carolina.
―Él no ha querido venir. Dice que es por trabajo pero es poco lo que le creo ―comentó Antonia.
―Está molesto, lo conozco. ―Carolina desvió la mirada y revolvió su café.
―¿Tiene que ver con que tú y papá se están reconciliando?
―¡Qué preguntas haces, hija! Nosotros con Álvaro no nos estamos reconciliando… Si lo dices por el diario, sabes de sobra cuánto inventan esos tipos.
―Mmm… puede ser, pero eso no tiene por qué saberlo Camilo.
Y su hija tenía razón… No tenía cómo saberlo.
Norma entró en ese instante y exclamó contenta:
―¡Alvarito me acaba de llamar para que nos vayamos todos de viaje durante unos meses! ¿A que no es lindo?
―¿Qué? Está loco. Olvídate, yo no voy a ningún lado.
―Hija, no seas injusta. Ni siquiera tendría que invitarnos a ningún lado, pero se ha acordado de nosotras. No puedes rechazar tan buen regalo.
―Tú no cambias, mamá. ―La miró a los ojos y negó con la cabeza―. Olvida el viaje, mañana hablo con él y le digo que no es necesario.
―¡Pero claro que lo es! Todas mis amigas comentan sus vacaciones… ¿Crees que es muy bonito decir que al único lugar que he ido en los últimos años es a la esquina a comprar el pan? No, señorita… Nos vamos, porque nos vamos.
―Pues irás sola, yo no te acompañaré.
―Yo menos. Y con Joaquín y Esperanza ni cuenten. Con los preparativos de la boda estoy hasta la coronilla ―anunció Antonia, haciendo que la sonrisa de Norma se borrara por completo.
Carolina tomó su cartera, se despidió de su hija y luego de su madre.
―Iré a buscar a Esperanza al jardín, para que no te preocupes.
―Llévala a casa de Joaquín porque estaremos allá.
―Perfecto.
Álvaro no estaba loco, estaba desesperado. Había sido advertido por uno de los empresarios involucrados en el caso « terrenos post terremoto»
de que los estaban investigando. Descubrieron en varias oportunidades a un periodista rondando las empresas, haciendo preguntas a algunos empleados y un par de llamadas de dudosa procedencia.
Le habían advertido.
―Caemos nosotros y caes tú. Y contigo, toda tu familia.
Necesitaba alejar a su familia del país, porque si se destapaba la olla, no irían solo tras él, sino que también tras sus allegados, y no precisamente la justicia.
Tal como prometió, Carolina llevó a Esperanza hasta la casa de Joaquín. Antonia no estaba y su yerno hablaba por teléfono cuando le abrió la puerta.
―…Te tengo que colgar, ¿seguro está todo bien?... Ajá… Por favor no hagas una locura. ¿Quieres que vaya a la cabaña?
Carolina había pasado a la sala y jugaba con la niña mientras escuchaba la conversación sin mirar directamente. Al escuchar «cabaña», supo que quien estaba al otro lado del auricular era Camilo.
―Confío en eso entonces…
Cortó la llamada y miró a Carolina.
―¿Todo bien? ―preguntó ella, sin dejar de jugar con su nieta.
―Es Camilo... ―Joaquín evaluó el efecto que ese nombre causaba en su suegra, y entonces, vio el brillo que siempre había notado en sus ojos cuando se trataba de él―. ¿Aún lo quieres, verdad?
Carolina desvió su atención hacia su nieta e hizo otra pregunta.
―¿Él está bien? ―Intentó que en su voz no se notara la necesidad de saber de Camilo. Habían pasado semanas sin siquiera conocer su paradero.
―Me imagino que igual que tú. ¿Qué fue eso que los alejó? Lo de la edad lo venían manejando bastante bien... ¿Lo dejaste porque decidió irse?
―Esa elucubración le molestó sobremanera.
―Nada que ver, Joaquín. Lo que más quería y quiero para él es que crezca, que se perfeccione y que sea feliz. ―Esperanza comenzó a jugar con la cartera de su abuela y ésta la dejó hacer.
―Creció, se perfeccionó, pero no lo veo feliz. ―Joaquín tomó en brazos a su hija y se sentó al lado de Carolina―. No tengo idea qué sucedió, pero para que los dos estén así después de tanto tiempo, es porque lo que sintieron no se ha acabado.
―Él parece llevarlo muy bien con Ximena. No creo que no sea feliz si está con ella.
―Ximena es su amiga ―respondió Joaquín.
―Pero tú y yo sabemos qué clase de amistad tienen. No voy a tapar el sol con un dedo. ―Se aclaró la garganta, en clara señal de nerviosismo y finalmente decidió marcharse―. Bueno, creo que estoy un poco atrasada.
Me voy.
Besó a su nieta, luego la mejilla de su yerno y se dirigió a la puerta.
Sin embargo, antes de abrirla, Joaquín habló.
―Por si te interesa, está en la cabaña y no lo noté nada bien...
Carolina lo miró, asintió con la cabeza y cerró la puerta sin decir nada más.
Era cierto. Camilo no estaba nada bien. La investigación lo tenía ocupado y desde que supo que estaban en peligro constante, estaba asustado. Pero precisamente ese día había estado pensando en Carolina. En pocas semanas sería su cumpleaños y por más que quisiera dar su brazo a torcer, no podría acercarse a ella hasta que todo acabara y ojalá, de la mejor forma. No podía retractarse, y tampoco quería arriesgarla.
Era difícil olvidar lo que ella le hacía sentir. Aun teniéndola lejos, la pensaba... extrañaba el olor a rosas y el sonido de su risa.
Había estado tomando durante una hora. Llamó a Joaquín para avisarle que cancelaba la cita que tenían esa noche. No se sentía bien y la verdad es que no tenía ganas de salir.
Intentó cocinarse algo, pero le fue imposible. Terminó sentado, comiéndose un emparedado mal hecho y viendo una película de acción.
Y entonces, cuando se disponía a apagar la televisión e irse de una buena vez a dormir, sonó el timbre.
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