Perdita Durango
Críticos
—He pensado que sería una buena idea que fuéramos al cine —dijo Romeo—. Nos podría distraer a todos un poco.
Romeo, Perdita, Duane y Estrellita estaban en una habitación del Orbit Motel de Buck’s Bend, Nuevo México, a medio camino entre El Paso y Las Cruces. Eran las cuatro de la tarde; habían dormido ocho horas.
—Podremos volver a coger la carretera en cuanto termine, cuando se haga de noche. Al entrar en la ciudad me fijé en que había uno de esos multicines en el centro comercial. ¿Qué tipo de películas te gustan, Estrellita, cariño?
Estrellita estornudó y tosió.
—¿Te has resfriado? —preguntó Romeo.
—Me encuentro bien —dijo Estrellita—. Me da lo mismo la película que veamos.
—¿Y a ti, Duane?
—También me da igual.
—Oídme todos, ¡haced el favor de animaros! —dijo Romeo—. Después de todo os invito yo.
Perdita no hizo ningún comentario.
Romeo llevó a todo el mundo hasta el Cherokee, dejando el camión aparcado bajo el rótulo de Orbit, un planeta de neón naranja con una nave espacial púrpura, unida por un lado por medio de una varilla de metal. Varias estrellas amarillas y blancas parpadeaban alrededor del planeta, y unas cuantas que no funcionaban, emitían un zumbido.
Una vez en el cine, Romeo dijo:
—Esta que se titula Shocker parece divertida. Según ese cartel, es sobre un tipo que cometía asesinatos múltiples y es condenado a la silla eléctrica, sólo que, en vez de matarle, la descarga le proporciona energía y le vuelve más loco y más fuerte. Vamos a verla.
Romeo sacó las entradas y se metieron en la sala. La película resultó aún más extraña de lo que prometían los anuncios. Un asesino demente y sádico, que reparaba televisores y otros aparatos electrónicos, es condenado a muerte, y lo último que pide en la cárcel es un televisor. Conecta las manos a los tubos del aparato mediante unos cables de empalme y recibe una transfusión de corriente eléctrica. Los guardias se precipitan al interior de la celda y le desconectan, y en la pelea que sigue el tipo arranca prácticamente de un mordisco el labio inferior de uno de ellos y le rompe los dedos a otro. Cuando por fin le ejecutan, la silla eléctrica y toda la cárcel sufren un cortocircuito, y el asesino electrocutado se escapa en forma de partículas fantasmales, y vuelve a sembrar el terror. La película pasa sin cesar del sueño a la realidad, y el monstruo consigue conectarse a un satélite y transmitir su imagen a los receptores de televisión de todo el país. Sobrevive en un paisaje de cables y redes hasta que el protagonista consigue programarle para que desaparezca, después de una persecución por las ondas.
—Tíos, apuesto lo que sea a que ese tipo era de Louisiana —dijo Romeo cuando salieron del cine—. Bubba comosellame, al que frieron el otro día, habría pedido un televisor, en lugar de gambas y ostras, de haber visto antes esta película.
—Era bastante interesante —admitió Duane.
—Yo he disfrutado como un loco —dijo Romeo—. Demuestra que la pena de muerte en realidad no importa tanto, después de todo. ¿Que os ha parecido a vosotras, chicas?
—Muy desagradable —dijo Estrellita—. Este tipo de películas son para subnormales.
—¿Has oído eso, Duane? —dijo Romeo, riéndose—. Tu novia te está llamando subnormal.
—Por lo menos tiene compañía —dijo Perdita, encendiendo un Marlboro.
—Bien, Duane amigo, ya ves lo que pasa —dijo Romeo—. Todos se meten a críticos. No es extraño que el mundo esté tan liado. Nadie está de acuerdo en nada.