Perdita Durango
Una luz en elbosque
UNA LUZ EN EL BOSQUE
—¿Mamá?
—¿Estelle? ¿Eres tú? Soy Rita Louise.
—Oh, Mrs. Samples. ¿No está mi madre?
—No, querida, no, está en la funeraria, haciendo los arreglos necesarios. Estaba muy inquieta por ti. ¿Dónde has estado? ¿Te encuentras bien?
—¿Qué arreglos, Mrs. Samples? ¿Por qué está en la funeraria?
—¡Oh, Dios mío, Estelle! Claro, tú no podías saberlo.
—¿Saber qué? ¿Qué es lo que no podía saber?
—Tu padre, Estelle, querida. Ernest Tubb. Se mató en un accidente de coche en Madre Island. El cuerpo ha llegado hoy.
—¿Un accidente de coche? ¿Papá muerto?
Estelle soltó el auricular, cayó al suelo de la cabina telefónica y perdió el sentido.
—¿Estelle? Estelle, ¿estás ahí? —la voz de Rita Louise salía por el auricular que colgaba al borde del cable.
Duane semiincorporó a Estelle con el brazo derecho y se llevó el teléfono al oído izquierdo.
—¿Mrs. Samples? Soy Duane Orel. Estelle se acaba de desmayar. Dígale a Glory Ann que ya estamos a salvo, que hemos escapado, y que por favor nos mande un giro telegráfico con el dinero para unos pasajes de avión, y así podremos volver a casa.
—Haré lo que dices, Duane, claro, pero ¿dónde estáis?
—En Los Ángeles, California. Que nos lo mande a la estafeta central de la Western Union. Nos pondremos en marcha en cuanto Estelle se recupere un poco. Llevamos toda la noche escondidos en un bosque.
—¡Dios santo, Duane! La vida a veces es un auténtico lío.
—Así es, señora. Y perdone que se lo diga, pero hay días que son realmente una mierda.