Perdita Durango
Avanzada la noche
Era muy tarde, pero Lily Fakaofo seguía levantada, sentada a la mesa de la cocina leyendo el periódico y oyendo las noticias en una emisora de radio, mientras fumaba un cigarrillo y estaba a punto de terminar la segunda caja de wafers de vainilla que había abierto después de que Doug, Romeo y Perdita se fueran, hacía dos horas y media. Estrellita y Duane dormían en el cuarto de Tutu.
—De Harare, Zimbabue, nos llega la siguiente información —decían en la radio —. La federación de fútbol de Zimbabue sancionó ayer de por vida a cuatro jugadores después de que mearan públicamente en el estadio de Harare. El presidente de la federación, Nelson Chirwa, dijo que su organización estaba horrorizada ante el comportamiento del pasado domingo de cuatro jugadores del equipo de Tongogara. «Es una indecencia pública que un jugador orine abiertamente en el terreno de juego», dijo Chirwa. «Todos sabemos que sólo es una superstición, y que la creencia en el juju, arraigada en casi todos los equipos, es algo que esta federación deplora profundamente.» Dijo también que los brujos habían aconsejado a los cuatro que measen en el campo para conseguir la victoria. No ganaron. Tongogara perdió por dos a cero.
Lily se rió y dio una calada a su Bel-Air largo mentolado. Doug le había contado que Romeo Dolorosa andaba mezclado en una especie de culto vudú allá en México o Texas, pero no se quiso enterar. Ya había bastantes misterios en el mundo, pensaba Lily, sin necesidad de participar en esa magia negra de pega. Como aquel extraño asunto de Rusia que estaba leyendo.
Un francés de origen armenio de cuarenta y dos años, marchante de arte, multimillonario, y también conocido poeta, había desaparecido en Moscú cinco meses antes. Celebraba una reunión con tres socios suyos soviéticos en un hotel cerca de la Plaza Roja, cuando recibió una llamada telefónica. Habló brevemente con el que llamaba, colgó, y les dijo a sus socios que le esperaran allí, que estaría de regreso antes de una hora. Los socios le vieron subir a su limusina negra Zhiguli y alejarse, y es lo último que vieron o supieron de él. Tampoco su familia, en París, volvió a tener noticias suyas.
La policía, el KGB y el gobierno soviético, en especial el Departamento de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, con el que mantenía relaciones desde hacía años, investigaban el caso. Se especulaba que, con la reestructuración de la sociedad soviética y el creciente clima de apertura a una economía de mercado, el marchante había iniciado la exportación ilegal de iconos ortodoxos rusos y otros objetos artísticos, en asociación con varias organizaciones criminales que operaban por toda la Unión Soviética. Las autoridades moscovitas prestaban una atención especial al caso porque tenían la sensación de que podía llevar al descubrimiento de una especie de mafia local.
Según un funcionario del Departamento de Asuntos Culturales, este marchante de arte era un hombre listo que hablaba con fluidez varios idiomas, tenía multitud de amigos en muchos países, se sentía muy seguro de sí mismo y pensaba que era capaz de arreglárselas con cualquier asunto. Había hecho sus millones en un período de tiempo muy breve, diez años o así, después de haber empezado casi de cero con una pequeña galería en París. Su familia estaba convencida de que no tenía tratos con gángsters.
Los que participaban en las investigaciones mantenían la teoría de que el marchante de arte se había encontrado implicado en una lucha por el poder entre las siete familias mafiosas más importantes de Moscú, y no pudo controlar la situación; o que simplemente había sido víctima de un doble juego y lo habían quitado de en medio. Otro rumor que circulaba en Armenia y París sostenía que había estado vendiendo obras de arte al propio gobierno soviético, y que se demostró que algunas de ellas eran falsas, por lo que le habría liquidado el KGB, abandonando su cadáver en un bosque de las afueras de Moscú. Esta versión afirmaba que habían encontrado el cuerpo cinco días después de su desaparición, y que la familia fingía no estar al corriente de nada y no saber nada de él, en un esfuerzo por no desacreditar la galería o su reputación. Se trataba, en suma, de un misterio que no se resolvería jamás.
—¡Ja! —dijo Lily, pasando la página—. Otro que no supo montárselo bien.
Lily tomó otro wafer de vainilla y estiró la espalda. Imaginaba que Doug lo estaría celebrando con Romeo y Perdita después de que hubieran hecho la entrega, y pensó que lo mejor sería que se fuera ya a la cama, cuando la radio interrumpió sus pensamientos.
—Esta noche, durante un tiroteo, en Hollywood, dos hombres resultaron muertos y otro detenido por agentes federales de la brigada contra estupefacientes, el FBI y el departamento del sheriff del condado de Los Ángeles. Una fábrica ilegal de cosméticos, especializada en la utilización de productos no autorizados y que funcionaba en el corazón de Hollywood bajo la dirección del crimen organizado, fue objeto de una intervención de la policía esta medianoche, cuando recibían un cargamento de una tonelada de placentas humanas. Las autoridades identificaron a los muertos como Romeo Dolorosa, de Tampa, Florida, y Douglas Fakaofo, de Los Ángeles. El detenido fue identificado como Reginald San Pedro Sula, ciudadano de la república centroamericana de Caribe. Todos los hombres son presuntos miembros de una organización criminal dirigida por Marcello «Ojos de Loco» Santos, que tiene su base en Nueva Orleans, Louisiana, y Dallas, Texas. Según el agente especial de la brigada contra estupefacientes Woodrow W. Dumas, que dirigió la operación, el decomiso de un cargamento de una tonelada de placentas, que se iban a utilizar para la fabricación de cremas antiarrugas, y el descubrimiento de la fábrica ilegal, constituyen un gran éxito policial. Se espera que haya más detenciones. Bien, amigos, se trata de un tipo de fábrica un tanto peculiar, ¿no creen?
Lily dejó el cigarrillo y la galleta que acababa de sacar de la caja y se puso bruscamente de pie, derribando la silla. Corrió al dormitorio de atrás, abrió la puerta y encendió la luz.
—¡Arriba! ¡Levantaos inmediatamente! —les gritó a Estrellita y Duane, que estaban acurrucados en la cama uno contra otro—. ¡Arriba y fuera de aquí! ¡Fuera de esta casa! ¡Fuera! ¡Fuera!
Estrellita y Duane se lanzaron a correr en la noche, bajando por la calle lo más rápido que podían. Lily se derrumbó en el suelo del cuarto de Tutu.
—¡Doug! —gritó—. ¡Doug, mi grandullón moreno! ¡Mi pobre, mi hermoso, mi muerto grandullón estúpido! ¿Qué va a hacer ahora tu vieja y fea chica samoana?