PornoBurka
Capítulo 12
Paco se lanza a la calle («¡cómo se está poniendo!») vestido para matar. Se quiere, se gusta y le gusta gustarse, pues lo suyo le ha costado. Su amor propio se nota en cada gesto, en la manera que deja caer las palabras, en la forma en que sigue con la mirada a todo aquel que se cruza en su camino. Estar bueno le ha costado mucho dolor, muchas dietas, muchos gimnasios atiborrados de heteros homófobos o de locas ostentosas dispuestas a reírse de su cuerpo enclenque. Pero ese tiempo pasó y ahora Paco tiene el teléfono lleno de llamadas perdidas de gente que quiere acostarse con él. Para colmo, Paco, Pack, es famoso. Famoso en ciernes, si quieres, pero desde luego no es un vecino anónimo. Un vídeo de su banda, Brigada Rosa, ha fulminado YouTube y sus conciertos en salas alternativas de Barcelona están siempre a reventar. Esa es la razón por la que Pack no puede salir a la calle («¡cómo se está poniendo!») vestido de cualquier forma, pues en cada esquina puede acechar un fan dispuesto a flipar con su presencia.
Cada vez que Pack y ©Jor-dee salen juntos, ya sea a comprar o a tomar un café, Paco y Jordi tienen una bronca descomunal. Cuarenta y siete minutos ha tenido que esperar Jordi a que Paco estuviese lo bastante acicalado para bajar a la esquina a comer algo. Cuarenta y siete. Ha valido la pena esperar, qué duda cabe. Ahora camina en dirección al local más marica del barrio («¡cómo se está poniendo!») al lado de la mismísima encarnación de Tom of Finland, de la versión barcelonesa del policía de Village People, todo cuero y tachuelas, con un tupé digno de Loquillo y los ojos más pintados que los de Sara Montiel. Es sencillamente agotador ser el centro de todas las miradas, pero es el precio a pagar por estar casado con una estrella del rock en ciernes. Y, aunque pierda los nervios ante tanta compostura, la compostura le favorece: al fin y al cabo, ©Jor-dee es un artista y a ningún artista le conviene verse del brazo de un chandalero cualquiera.
¿Cómo se está poniendo?
–Primero: que el comercio está degradado. Fíjate si no en la tienda de Lucy, súper bien situada en la calle Lluna, con unos escaparates de impresión y una ropa monísima, que tenía que haber sido un bombazo. Salió en el Time Out y todo. ¿Te acuerdas? Y después se le llenaba de guiris constantemente que venían con la revista y esperaban encontrar el barrio como en las fotos. ¡Ay, qué graciosos son los guiris, por favor, qué cosa, sobre todo las japonesas así tan monas con las piernas torcidas! Pues nada, ni así… A Lucy se le han empezado a colocar alrededor que si tiendas de mantas y colchas de contrabando, que si fruteros pakistaníes, que si zapateros chinos… Bueno, cero glamur, qué quieres que te diga. Y al final la pobre va a tener que cerrar y trasladarse al Born o al barrio de Gràcia, lugares, la verdad, donde uno todavía puede ser artista. ¿Y así en qué se va a convertir al final este barrio, eh? Y que conste que a mí me encanta vivir en un barrio étnico. Sólo te tienes que ir a Londres o a Nueva York para ver que en la mezcla está el futuro, que las zonas más cool son las zonas más exóticas. ¡Claro que sí! Pero creo que tendrían que seleccionar un poco mejor a quién dejan entrar, la verdad. Porque una cosa es tener tu cultura (que puede estar muy bien, te la respeto y todo eso) y la otra es ser un cerdo, no adaptarte a vivir aquí y pasarte el día escupiendo en la calle o rezando por las esquinas. A ver, que la gente se queja mucho de esos moros que se han ido apalancando en la calle Hospital a hacer sus trapicheos, que tienen las aceras abarrotadas día y noche, que ni se apartan para dejarte pasar y a la que te descuidas ya te han tocado el culo y se te han llevado de paso la cartera. Pues a mí no me molestan, qué quieres que te diga. ¿Por qué me iban a molestar? ¿Porque trapichean? Pues todos tenemos que buscarnos la vida, ¿no? ¿O debería molestarme que me metan mano? Pues mira ¡es lo que tiene estar buena! ¿O el problema es más bien que sean moros y negros? Pues no, a mí eso me encanta. Da gusto bajar a la calle y verla tan colorida. Al fin y al cabo, son como nosotros, ¿sabes? Todos esos chavales, por muy moros que sean, tú los miras y ves a alguien como tú, no sé, te puedes identificar con ellos, son de tu misma tribu. Ya se ve que están en nuestro mundo, que visten como nosotros, que salen de fiesta como nosotros y, además, para el que le gusten los moros, están bien buenos. Es verdad que cuando se compran esos coches tuneados y se pasean con su musiquita mora a todo trapo son un poco pesados. Pero, bueno, no son más pesados que cualquier macarra de l’Hospitalet. Otra cosa son las tías, a mí eso sí que me pone malo. Yo veo por ahí a las dominicanas, con sus taconazos y sus tejanos marcando hasta la raja del coño, y esos escotazos que da miedo verlas, y me digo ¡ole, leonas! ¡Eso sí que son mujeres! Y p’alante, oye, bien orgullosas y con la melena al viento. Pero luego me encuentro por la calle a las moras y se me cae el alma al suelo que me pongo hasta violenta, mira. Las veo ahí, tan atontadas, tan acojonadas ante todo, tan tapadas que parecen monjas de clausura. ¡Por dios, nena, suéltate el pelo! ¡Qué rabia me dan! ¿Tú te crees que una tía que va cubierta así de pies a cabeza como un saco de patatas, con el pañuelo en el pelo que parece mi abuela, gorda como una cerda, sin depilar, sin desodorante, tú crees que eso se puede adaptar a nuestra forma de vida? Por favor, ¡un poco de feminismo! Y sí, te reconozco que la mujer de la limpieza es una mora, qué quieres que te diga. Pero desde luego tú sabes que la tenemos porque no hemos encontrado nada mejor. Yo ya dije que rumanas no quería ni en pintura, que ya nos han dado bastantes disgustos, y Tito nos recomendó ésta. ¡Y cómo curra la tía! Eso no te lo niego. Curra como una bestia, no se mete en nada, siempre en silencio… Pero la ropa, eso es lo que no puedo soportar. Y el bigote sin depilar, la dejadez esa, el puto islam… Yo, si dependiera de mí, que entren, no te digo que no, pero el que quiera vivir aquí, que se vista como nosotros. ¡De disfraces, nada!
©Jor-dee camina a su lado como ausente, antes público de un monólogo que auténtico interlocutor. Sólo piensa en esos cuarenta y siete minutos que le ha estado esperando, en los tres cuartos de hora perdidos en la nada y que podría haber aprovechado para hacerse una paja, para subir una entrada a su blog o para diseñar una performance.
–¿Sabes cuál es el problema del barrio? ¡Ellas, las moras! Porque, a ver, las tiendas de mantas de contrabando. ¿Quién las abre? Pues un moro con un rebaño de hijos. ¿Y quién quiere tener tantos hijos? Pues la mora del moro. Los supermercados estos, que parece que en este barrio sólo se vende Dixan y plátanos radiactivos. ¿De quién son esos supermercados? ¡Pues de moros con familia numerosa! ¿Y quién quiere tener familia numerosa? ¡Pues la mora del moro, si está clarísimo! Si fuese por ellos, todo serían bares o venta ambulante de chocolate. Pero las moras no les dejan. A ver, la inseguridad. ¿Quién se siente inseguro en el barrio? Pues ellas, te lo estoy diciendo. Porque a las dominicanas, con lo putas que son (y te lo digo, ya sabes, con todo el respeto del mundo), les importa un comino que las asalte un violador más o menos. Pero a las moras no, que parece que son todas vírgenes y si las violan ya no se pueden casar para tener la familia numerosa de los cojones y jodernos el barrio. ¡Si es que es un círculo! Y se nos está llenando de tías que ni producen, ni se adaptan, ni aportan nada ni nada. Y no, ©Jor-dee, no y no. No me vengas ahora con que mi discurso es racista, que eso no te lo tolero. Por favor, ¿a quién le compro yo el chocolate, eh? Y las vacaciones en Túnez que nos regaló tu hermana por la boda, ¿qué me dices de eso? ¿Es racista ir de vacaciones a Túnez? ¿Acaso no hablaba con los camareros, tan graciosos como eran? No tenía ningún problema con los camareros, ni con los taxistas, ni con el guía turístico, ni con la chacha, ni con la comida, ni con nada. ¿Y Ray? ¿Acaso mi amigo Ray, mi guitarrista Ray, no es brasileño? ¡Y bien que me lo hubiese follado si no te hubieses metido tú por en medio! Yo no soy racista, querida, no te equivoques. Soy, en todo caso, realista. Y sincero. Mira, he pensado mucho en el tema. Sería racista si quisiera que las moras se fuesen de aquí. Pero yo no pido eso: mi visión es mucho más amplia. Porque eso de la tolerancia y el buen rollo está genial, pero nosotros somos un colectivo especialmente frágil y castigado, hemos sufrido discriminaciones horribles hasta que Ricky Martin salió del armario, como quien dice, y es totalmente injusto que nadie nos aplique discriminaciones positivas, como a los negros. ¡Cuando además nosotros somos de aquí! Después de tantos años aguantando que si al Papa, que si a Franco, que si a Aznar, ahora que ya podemos casarnos y Jesús Vázquez puede ser marica e ídolo de masas, ahora tenemos que aguantar que venga esta peña del culo profundo del Tercer Mundo a tocarnos las pelotas. Yo estoy agotada de luchar. Ahora sólo quiero vivir. Ahora voy a empezar a reivindicar no un país diferente, que eso ya sería la hostia, pero al menos una zona donde podamos ser nosotros mismos sin ser interrumpidos todo el rato, sin que nos miren como a bichos raros. Y para lograrlo, pues yo creo que lo mejor sería tener un barrio sólo para tíos. Que tú sabes que a mí las chicas me parecen estupendas, ¿eh? Pero, bueno, podría ver a mis amigas fuera de aquí. ¡Con lo grande que es esta ciudad, ya no te digo el mundo! Podría quedar con ellas en el Born, en la Barceloneta, en Girona o en París, fíjate qué bonito. Con eso también acabaríamos con el problema de los niños, que la verdad es que son un coñazo y están ocupando un montón de espacios públicos que se podrían dedicar a la cultura, a hacer exposiciones y conciertos, en lugar de tanto tobogán y tanta mierda. Y así los heteros estarían tranquilos sin soportar rarezas y nosotras también, sin aguantar miraditas. A ver, si los catalanes queréis vuestra independencia… ¿Por qué no íbamos a reivindicar los maricas la nuestra? ¿Eh, ©Jor-dee? Oye, ¿me estas escuchando? ¡©Jor-dee, qué harta me tienes, hija!
A Pack le gusta especialmente el bar al que acaban de entrar porque se siente homenajeado. El local tiene un pequeño escaparate, heredado de los tiempos en que era un colmado. Esa vitrina privilegiada se ha convertido gracias a los dueños, Biel y Nil, en una joya del orgullo gay materializada en diversas escenas pastoriles con muñecas Barbie y muñecos Ken vestidos de cuero. Toda la iconografía gay-hard tras un cristal. Pack y Biel se besan, Biel y ©Jor-dee se besan, ©Jor-dee y Nil se besan, Nil y Pack se besan («uy, Nil, ¡cómo pica esa barba!»), encantados de verse. Biel está colocando las muñecas en el escaparate. En esta escena, Barbie tira de la cuerda que sujeta por el cuello a un Ken a cuatro patas.
–Uy, no me gusta, ¡no me gusta! —protesta Pack—. ¿Y no podría ser ella la que esté a cuatro patas y él tirando de la cuerda, mientras el novio lo encula?
–No, no —replica Biel—. Eso parece machista. Déjala a ella de pie, que aún nos montan un lío las feminazis y nos cierran el garito.
–¡Ay, hija! —se descompone Pack—. ¡Qué aburrimiento, siempre quejándose! Pues a nadie le hacen daño un par de hostias, qué quieres que te diga.
En las paredes del local hay fotos de Pack. Pack actuando, Pack posando, Pack sonriendo, el torso desnudo de Pack en blanco y negro, Pack pasando la lengua por el mástil de una guitarra, el culo de Pack enfundado en unos pantalones de cuero decorando la puerta del lavabo. Pack mira a la cámara con ojos desafiantes en el cartel que anuncia su próximo concierto: sala Apolo, 29 de febrero, el extraordinario día extra del año bisiesto.
–Ay, hijas, venimos desconsoladas. ¡Cómo se está poniendo el barrio! —suspira Pack mientras mordisquea una tartaleta de humus con albahaca—. Es que cada vez veo yo más velos, hija, más velos y más chilabas. ¡Madre mía, cuánto atraso! ¡Si es que nos van a meter otra vez en el siglo XV! Así andan luego los moros de salidos, que los encuentras en la sauna y no quieren más que meter, meter, meter!!!
–Pues mira —replica Biel, toda asqueada—, nosotras también pensábamos eso. Pero el otro día se pasó por aquí Chus, que acababa de volver de Marraquech. Escolta, ens va deixar mortes! Diu que com més tapades van, més putes són. ¡Como lo oyes! Bueno, dice que no podía ni caminar del agobio, que yo me dije la calor. Doncs no, de les putes! Mira, que se le tiraban encima, que si henna, que si masaje, que si baños, que si yo qué sé. Un escàndol! Pack y ©Jor-dee no dan crédito y se lanzan miradas sorprendidas entre bocaditos de arroz tailandés. ¿Será posible que detrás de esas piernas sin depilar se escondan auténticas bestias sexuales?
–¿Sin depilar, dices? ¡Qué va, qué va! Dice Chus que rasuradas total, fins el potorro, mira què et dic. Y que tienen unas tetas que para qué.
A Pack se le cae el montadito de cuscús de las manos. ¿Cómo rasuradas? ¿El potorro? ¿Qué potorro? ¿Pero cómo sabe Chus lo del potorro?
–Sí, hija, lo que te digo —concluye Biel con una mueca—. Chus las ha probado. Como te lo cuento. Nos dio una cantidad de detalles totalmente íntimos y repugnantes que jo em vaig passar la tarda sencera vomitant, malísima del estómago. Y ahora sueño con coños gigantes morunos que me atacan por la calle. Lo estoy pasando fatal.
Los cuatro amigos guardan silencio, acompañados apenas por la música de Cheb Khaled con la Orquesta Sinfónica de Notre Dame que resbala por los altavoces y se deja caer con desidia por encima de las mesas y las sillas y las velas y las lámparas y las cortinas granate. ¿Cómo puede ser que Chus, que es la cosa más anti-chica del planeta, se haya follado a una así, como si nada? ¿De dónde ha sacado fuerzas, ganas, razones?
–És la màscara —afirma de repente ©Jor-dee.
Los demás se lo quedan mirando, esperando más explicaciones. ¿Qué máscara? Nadie ha hablado de máscaras.
–El viaje, estar fuera, ser alguien que no eres, ser una fantasía de ti mismo…
–Tendría ganas de probar algo nuevo. Como allí nadie la conoce… Si os pudieseis acostar con cualquiera, con cualquier persona en el mundo, ¿con quién os acostaríais? —pregunta Nil—. Si os pudieseis follar a cualquiera sin tan siquiera dar la cara ante esta persona, sin tener que verla al día siguiente ni tener que explicar nada. Si os fueseis a morir al momento siguiente y os quedase tiempo sólo para un último polvo, ¿qué polvo no os querríais perder?
Los cuatro se miran con ojos forzadamente embelesados: te follaría a ti, amor, porque te amo, porque usaría la última gota de semen que me queda para dejar una marca en tu cuerpo que tratase de curar mi ausencia.
Pero ¿a quién te follarías si te quedasen millones de polvos y uno de ellos pudieses echarlo en el total abandono, sin tener que mirar a nadie a la cara, sin tener siquiera que mirarte ni explicarte quién eres ni con quién vas?
Sonríen, coquetean, disimulan. Ninguno va a abordar una respuesta que sólo generaría infinitas preguntas.
–Es la máscara —concluye ©Jor-dee como en sueños— que te permite, de tanto mentir, acabar diciendo la verdad.