PornoBurka

Brigitte Vasallo · Capítulo 15 de 43

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Capítulo 14

 

En el Raval, hasta el cutrerío tiene clases. Una clase que viene dada por la actitud, pues no es lo mismo el cutrerío inevitable que el escogido, el perpetuo que el temporal. Hay una diferencia enorme entre vivir en la miseria y vivir en la bohemia miserable, aunque el balance de ambas sean setecientos euros al mes, un piso compartido y unos cuantos recibos sin pagar. Pero, al margen de las apariencias, el fracaso no participa de lo moderno. La actitud, esa palabra…

El glamur se relaciona mal con el cutrerío, si bien los perdedores y las perdidas también tienen su poética. Es de una vulgaridad intolerable haber intentado una vida gris y aún así haber fracasado, tener un piso de clase media apañado con materiales baratos, trabajar de revisor de contadores, haberte casado con tu novia huesuda de primaria, haberla visto parir dos hijos poco más sanos que ella, ver cómo se le amarga el carácter hasta volverse chiflada y, aún así, aguantarla cada día. Hay algo espantoso en ver a tu prole crecer sin mejor futuro que los sueldos bajos y las vidas grises, en reconocer que tu hija, tan mona como tú misma hace unos años, se ha buscado un novio tan cateto como tu propio marido, que le dará la misma existencia de pena que has tenido tú y así descubrir con horror que la vida se reproduce sin más, que sigue adelante haciendo círculos, que ni tú ni tu estirpe seréis nunca nada más que pura fealdad. Cutrerío transgeneracional.

La bohemia es miserable por definición, pero es temporal. Borracha de adolescencia, la casta bohemia pasa sus días en callejones oscuros, cantando las virtudes del puterío, de la fecunda convivencia entre camellos y artistas que le proporcionará recuerdos suficientes para el resto de su vidas cuando, consagrada ya, madura, se pongan a criar descendencia rubia e infantilmente moderna lejos del pestilente barrio, refugiada en un pueblecito costero limpio, elegante, civilizado al fin. Será entonces una casta de artistas auténticas, intelectuales de raza orgullosas de haber tocado fondo durante unos años, de saber lo que es la vida de verdad. Al contrario que la gente fracasada, la bohemia siempre tiene un lugar donde volver, una redención, un más allá. Un colchón donde, al fin, tirarse a dormir la siesta y dejarse de hostias.

Entre lo uno y lo otro, hay otra clase de miseria que son los y las colgadas, una raza de seres mixtos, venidos de cualquier parte y olvidados en un limbo desde el que presumen de estar de regreso cuando en realidad ni tan siquiera se han ido. Los seres colgados van por la vida vestidos de prestado y con el pelo revuelto, con la mirada perdida y el gesto convulso, la risa eterna y una belleza extraña que surge por entre la mugre. No tienen conversación aunque hablan mucho, acostumbran a dar la razón y, en caso contrario, las discusiones acaban con una súbita explosión de risa. ¡Qué importa el tema que se discute cuando ya no importa nada! Los y las colgadas viven pensando en la noche, sólo la noche, el momento en que el mundo entero parece instalarse en el mismo limbo que ellos habitan, cuando todo parece de pronto tan natural.

Son seres nacidos de la rebeldía. Una rebeldía idiota y estéril. Pero al menos nacen del disgusto, de la negación, del rechazo a la masa y a la norma, de la resistencia a ser engullidos por un mundo gris. La gente glamurosa se puede relacionar con la gente colgada porque ésta, de noche, tiene un halo de glamur. O porque vende costo, folla sin mucho esfuerzo y al día siguiente apenas se acuerda.

Pack selecciona cuidadosamente a sus colgados. Nada de suciedad ni de olores corporales. Nada de drogas duras, que se les cae la baba. Pack sólo quiere gente guay, guapa, que le admire y le quede bien. Y, a ser posible, que sean hombres. Les hace caminar unos pasos por detrás, les deja esperando en las puertas de los bares y, ya de madrugada, les permite comerle la polla a escondidas de ©Jor-dee.

Y así, seguido por sus colgados, formando una especie de cortejo fúnebre, va caminando Pack cuando, de pronto, sucede.