PornoBurka
Capítulo 3
Brigitte y yo compartimos la pasión gamberra por la verdad, que nos hace reír juntas de casi todas las cosas. Pero lo cierto es que modulamos esta pasión de maneras diferentes. Desde la misma alergia contra la impostura y la hipocresía, yo soy más indulgente porque creo que las fronteras entre la verdad y la mentira son borrosas (que no relativas). Por eso le digo a Brigitte, en broma, que ella es una moralista y que quizás es ella quien acaba acercándose al filósofo virtuoso de Diderot. Yo me siento más cerca de la amoralidad de Nietzsche, cuando decía que la verdad son mentiras que han olvidado que lo son. O cuando aceptaba con ternura, él que lo machacaba todo a martillazos, la necesidad de mentirnos un poco para poder soportarnos, para poder amarnos, para poder disfrutar de las verdades más altas que son el amor y la amistad. También me sentiría cerca de aquellas potencias de lo falso que perseguía Deleuze o de las verdades hipotéticas y ficcionales con las que el mismo Diderot empujaba y distorsionaba el proyecto de las luces de la Ilustración. Tal vez por eso no me acabo de creer esto de la relación del sexo con la verdad, con la posibilidad de encontrar lo que somos… Hay momentos, sí, en los que «el cuerpo está aquí»: lo hemos vivido en las plazas, lo podemos vivir cuando nace un hijo o cuando una caricia cambia del todo el mundo que pisábamos un minuto antes. ¿Pero cuál es la presencia de los cuerpos?
Es curioso, y se puede seguir en los textos que hemos estado escribiendo en los mismos años una y otra: del cuerpo a mí me interesan los pliegos, el recogimiento, los lugares donde no se acaba de ver todo, donde alguna cosa queda escondida, la opacidad de aquello que no se expone completamente, aquello que la mano no puede ver porque lo tapa cuando acaricia la piel de otro. A Brigitte, está claro, le atraen los agujeros, lo que se puede abrir, penetrar, destripar. La verdad velada, la verdad inacabada, por mi parte; la verdad destripada, por parte de Brigitte.
He empezado diciendo que este es un libro sobre la verdad. He dicho después que era un libro en busca de la verdad. Y en todo momento he dicho que es un libro contra la impostura. Si este es un libro contra la impostura es, sobre todo, porque la vida de Brigitte también lo es. Ahora se ha hecho activista (del poliamor), pero eso es lo de menos. Es un pedazo de mujer enorme, un pedazo de carne que no engaña. Y yo le quiero dar las gracias porque me ha dejado acompañarla en este tramo de vida, en el proceso de escritura de este libro y en este momento de verdad en el que hemos podido pensar juntas.
Gràcies, princesa.
Marina Garcés