PornoBurka

Brigitte Vasallo · Capítulo 17 de 43

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Capítulo 16

 

Cuando se construyó la Rambla del Raval hubo protestas vecinales. La avenida era un golpe de machete clavado en la mitad misma del barrio, una herida que se abría desde el puerto y que dividía el mundo en dos metiéndole un cortafuegos, una calle ancha por la que circulasen los furgones antidisturbios y donde todo el mundo quedase expuesto. Para construirla hubo que tirar decenas de bloques de pisos infectos de vecindario, llenos de ratas y de recuerdos. Hubo que hacer borrón con el pasado, aunque a ese pasado aún le quedase futuro. Pero los proyectos del ayuntamiento, amiga, no saben de pequeños futuros. Saben del ahora y del Futuro, así, con grandes letras. Y en el ahora del barrio había dinero que hacer, amiga, mucho dinero y un Futuro londinense, tan melting pot, tan guay, para una ciudad que escaseaba de mezcla racial para ser europea y moderna com cal. Los edificios fueron cayendo día tras día bajo los bulldozers en una época de desolación, de hundimiento. El barrio se venía abajo. ¿Dónde seguiría la vida? Las noches del Chino cada vez eran más tristes, cada local era el último. A cada momento los espacios se esfumaban, engullidos, todo el mundo amenazado; las noches, al fin, tenían un fin. La mañana nos encontraría ciegos y ciegas de nocturnidad, abrasadas por un sol para el que no había defensa. ¿Qué haríamos?

Cuando la gente normal se instalase en nuestro barrio volveríamos a ser elefantes prehistóricos señalados con el dedo. Y con la normalidad vendrían las multas, el derecho de admisión, el pago de impuestos. Impotentes, nos veíamos transmutar del sujeto al objeto, del ser al desear, otra vez convertidos en lo Otro.

Tras meses de polvo y explosiones, en el corazón del barrio sólo quedó un edificio en pie, un fantasmal último reducto, un esqueleto pelado que se elevó durante años, tembloroso, sin más soporte que su propia planta, sin cobijo alguno alrededor, súbitamente desnudo y expuesto en mitad de una explanada yerma que se iba llenando con cemento. El último perfil de lo que fue el Barrio Chino, la última Twin Tower de la mala vida acabó cayendo como caen todos los símbolos con el tiempo. Y se hizo el silencio. El barrio quedó destripado y por el agujero que dejó su vientre se colaron las cimentadoras, que hicieron su agosto en la Rambla del Raval. Cemento por todos lados. Cemento duro, frío, gris. Cemento que se limpia con un golpe de manguera, descuidado, ajeno a la delicadeza, a los buenos tratos. La Rambla del Raval fue una opa hostil sobre la vida del barrio, un abordaje, un asalto a mano armada. El resto del desastre lo consumaron los shawarmas, que se instalaron en los márgenes del asfalto y dieron el escenario ideal al drama del nuevo barrio: terracita legal, fast food exótico y barato, camareros sumisos y morenos. Graciosos incluso. ¿No es superguay lo multiculti? Yes, it is.

–¿Costo, amigo?

Buenaonda, siempre al límite de la colgadura, no compra costo. Si acaso lo vende, cuando no hay más remedio y por pura lógica de supervivencia. Cuando ningún centro cívico le compra su curso de percusión terapéutica o el de marionetas con material reciclado, cuando ningún coleguilla le pide que le acompañe a la guitarra un par de noches en un bar a cambio de cervezas y cincuenta euros o cuando no le sale ningún currito repartiendo carteles. Ahora, en situación de sequía sexual, emocional y económica, la única salida que le apetece es sentarse en la Rambla del Raval a esperar que alguien pase y se fume un porro con él.

–Qué lástima que se llevaron el césped… ¡Cómo me gustaba sentarme en el césped y oler a tierra en medio de este mar de cemento! Es verdad que la tierra aquí huele bastante a pipí de perro, pero eso también es naturaleza, supongo. Pero ahora se han llevado el césped y han plantado palmeras enanas que pican el culo si te intentas sentar. ¡Qué desastre! ¿Dónde iremos a hacer el botellón y a pegarnos unas risas?

Y así está Buenaonda, intentando decidir si se sienta directamente en el suelo o en unas sillas individuales que el urbanismo ha diseñado para la rambla, cuando, de pronto, sucede.