PornoBurka
Capítulo 22
©Jor-dee no cabe en su cuerpo de alegría. Es tan feliz que levita sobre la calle del Carme en dirección a su estudio para preparar el encuentro con su amor angelical. Va sobrevolando las cabezas de los transeúntes, que lo miran extrañados creyendo que es un hombre anuncio. Pero no lo es. Es un ser enamorado que levita por los aires. Y, qué curioso, en las alturas no está solo, pues se cruza con Rachid que va también levitando queriendo encontrar a Lo. Se miran un instante…
–Aquests moros —piensa ©Jor-dee.
–Estos maricas —piensa Rachid.
… y ambos siguen su camino aéreo varios metros por encima del vulgar asfalto.
©Jor-dee se detiene en la sex-shop y compra de todo: sprays desodorantes para la polla, crema de depilar, condones con sabor a plátano y aquella película cuyo título traducido, Gola pregona, le parece el colmo de la poética. Se abalanza sobre un supermercado: ¡nata! ¡chocolate! ¡yogur de frutas! ¡flan! ¿Qué será lo que le gusta a Lahore, además de los plátanos?
©Jor-dee prepara el escenario, el sofá y la calefacción. Busca en internet desesperadamente rock català que seguro anima al pakistaní y le envía un whatsapp a Pack diciéndole cuánto le quiere, no sea que el muy cabrón aproveche su ausencia para acostarse con otro.
Lahore llega al caer la noche. Llega y se queda allí plantado, en medio del estudio, sin saber muy bien qué hacer. Els Pets resuenan y el proyector escupe una luz azulada contra la pared. ©Jordee cierra la puerta con llave, sudoroso. Se lo follaría al instante, pero eso sería una violación, supone, y de momento cree que no será necesaria.
–Siéntate, querido, ven al sofá. No te preocupes que le he puesto una sábana encima por si lo manchamos, que este cuero sintético es muy difícil de limpiar. Aquí no debes preocuparte por nada, este es un lugar de ensueño donde la realidad queda en suspenso. Aquí sólo cuenta el arte. Y lo que sucede aquí, en verdad no sucede. ¿Ves lo que quiero decir?
Lahore no ve nada. Está cansado.
–¿Te gusta el cine, Lahore? Es que justo estaba yo viendo una película muy interesante, ¿sabes? Un clásico del cine que seguro que conoces. ¿Te apetece verla conmigo?
Sí, asiente Lahore. Ver una película está bien.
©Jor-dee sonríe. Le ofrece una cerveza y unos taquitos de jamón, que el otro rechaza. Apaga la música, coge el mando del proyector y baja la luz. La habitación queda iluminada por una escena que deja a Lahore perplejo: una mujer de pelo rizado y cara pecosa se come, extasiada y hasta la mismísima raíz, una polla enorme. Está tan concentrada que no advierte que se le cae el moco. El primer plano lo recoge embelesado: polla, pelo, pecas, baba, semen, saliva, moco. Lahore observa con la boca abierta, una boca que ©Jor-dee llenaría de inmediato con su polla. Se queda muy tieso en el sofá, hipnotizado y horrorizado a partes iguales. «¡Esto no es bien!», susurra. Pero ©Jor-dee lo tranquiliza. «Sí, Lahore, es arte, tranquilo».
El pakistaní sigue mirando la pantalla: una enfermera rubia con unas tetas enormes se hace encular por un señor vestido de médico; otra enfermera morena, la del moco, se deja comer el coño por el mismo médico, que al tiempo le mete un dedo en el ojete.
©Jor-dee no tiene ganas de muchos preámbulos, no está para hostias. Le pasa la mano por encima de la nuca a Lahore, que le lanza una mirada de reojo asustada.
–Lahore —inicia ©Jor-dee con voz sensual—. Te voy a enseñar tu primera frase en catalán. Repite conmigo: vull un plàtan.
–Plàtan? —contesta Lahore desconcertado—. Plátano de noche no es bien.
©Jor-dee se pone de pie ante Lahore, se baja los pantalones, planta su pene erecto ante la cara del pakistaní y lanza una carcajada atronadora y triunfal, los brazos en las caderas y un balanceo nervioso que lo asemeja a una cantante de jotas peluda y post-punk.
–¡Mírala! ¿No te parece majestuosa? ¡Esto es una polla, Lahore! ¡Una polla catalana, un auténtico fuet de Vic, una llonganissa, una sobrassada, una titola, una verga, un flabiol de venes! Has vist què bonic que és el català? Vinga, fes-li un petonet, Lahore, fes-li un petonet a aquesta cigala tan maca que tinc per tu!
El capullo ardiente de ©Jor-dee apunta directamente a la boca de Lahore, morado, hinchado, palpitante, con una gotita transparente asomando en la punta, como una gota de rocío sobre una flor (carnívora). El muchacho está pegado al respaldo del sofá, aturdido, asustado. Mira a su alrededor para ver por dónde huir, pero sólo consigue ver al maldito médico metiéndole el dedo en el culo a la tía del moco. Según los cálculos de ©Jor-dee, Lahore debería caer de rodillas ante él, adorándolo como posiblemente adoran a los dioses allá en su país lejano, embelesado con la belleza de su pene erecto, agradecido por haber sido elegido entre miles de hombres para recibir en su boca el preciado jugo del extraordinario falo. Pero Lahore no parece estar de humor para adoraciones, bien al contrario.
A ©Jor-dee le va a explotar la polla, se le está acabando su escasa paciencia, no puede más. Reprime el impulso de abalanzarse, coger la cabeza de Lahore entre sus manazas de oso, forzarlo a abrir la boca y meterle la polla hasta el fondo. Le pegaría una hostia, le golpearía la cabeza contra el suelo, lo ataría a la silla para así forzarlo mejor. Pero en lugar de eso se derrumba, cae de rodillas, lloriqueando, y empieza a acariciarle el paquete al muchacho. El pakistaní sigue en tensión, pero no se aparta. Más bien cierra los ojos y apenas se molesta cuando el artista le baja la bragueta y le saca con delicadeza una polla morcillona que cuelga de lado.
©Jor-dee suspira, consciente de que su plan no iba en absoluto por estos caminos. Sin embargo, piensa, algo es algo. Toma la polla inerte amorosamente entre las manos y se la mete en la boca con delicadeza, la moja, la estruja entre sus labios esperando que el contacto con su lengua la devuelva a la vida. El pene empieza a reaccionar, a volverse vigoroso. Ver la erección del pakistaní le renueva los ánimos hasta atreverse a desabrocharle el cinturón y bajarle los pantalones hasta media pierna. Tiene a su alcance ahora los cojones, que recorre a lametazos y llena de besos, los huevos que le caben juntos en la boca y que agarra en la mano con fuerza mientras los labios se recrean en el pene en un movimiento acompasado que provoca casi al instante el palpitar inconfundible del orgasmo que se acerca. El artista siente al mismo tiempo una especie de frenesí que viene más de la victoria que del sexo mismo. Coge su propia polla, dolorida de la excitación frustrada, y se masturba con violencia. Difícil ser violento con la mano izquierda y delicado con la derecha, aunar tempos distintos. Pero ahí tiene a Lahore, a la polla de Lahore, a su boca herméticamente cerrada. Y la fantasía de tenerlo, aun si no lo tiene, es suficiente para generarle a él también un orgasmo que desparrama semen encima de la polla del pakistaní, que se corre también, lubricado por el esperma caliente del artista, en una mezcla de líquidos, saliva, manos, dedos y capullos ardientes rozándose en pleno espasmo.
Lahore suspira tras la corrida, se coloca los pantalones sin decir nada, sin tan siquiera mirarlo a la cara, y se dirige a la salida. ©Jor-dee lo acompaña cabizbajo, con la cigala fuera y las manos pegajosas. Le abre la puerta y mira cómo desaparece calle arriba, el flequillo cayéndole sobre la cara, los pasos cortos y rápidos, mientras la tía del moco explota en un orgasmo descomunal con el médico de la polla enorme.
Y así de triste se encuentra ©Jor-dee cuando, con varias horas de retraso, a él también le sucede.