PornoBurka

Brigitte Vasallo · Capítulo 22 de 43

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Capítulo 21

 

Cuando ©Jor-dee dobla la esquina para llegar a la tienda de Lahore, puntual como cada mañana, encuentra la calle abarrotada de gente, policía y cámaras de televisión. «¡Una desgracia!», piensa aterrado. «¡A mi Lahore le ha ocurrido una desgracia!».

A codazos consigue abrirse paso por entre la gente («si us plau, sóc de la família») hasta cruzar, sudoroso, el umbral de la tienda y toparse con la cruda realidad.

Lahore está pasando su Examen de Integración.

©Jor-dee no entiende.

–Per què ningú no m’ha avisat? Això no es fa així, de sobte. Qui és el responsable aquí? Amb qui he de parlar?

El burka no va a traer nada bueno.

©Jor-dee, que ha pasado la noche encerrado en su estudio, aún no sabe que la ciudad ha sufrido una gran transformación, que la idílica convivencia multiétnica se ha visto truncada por el elemento azul. Fernands y Gonçals han dado la alarma y ahora las brigadas de integración recorren el barrio detectando elementos discordantes. Debemos evitar que los disturbios que aún no se han producido alcancen dimensiones londinenses.

La productora de TV3 hace los últimos retoques al encuadre («El barret cerimonial del senyor Mosso d’Esquadra, si no us fa res, ens agafa massa plànol. Que se’l podria treure? Y el señor guardia civil, por favor, si pudiese quitarse el tricornio, tiene unos reflejos demasiado duros… Muy bien, gracias a todos. Ahora un momento de silencio, por favor. ¡Filmamos intro! Tres, dos, u, acció!»).

«La Brigada Especial BDSM (Barcelona Diversa Sempre Mola) és un excel·lent exemple dels magnífics programes d’integració aplicats a Barcelona (Marca Registrada) i exportats a tot el planeta sota les credencials de les més prestigioses institucions internacionals. L’elecció dels membres de cada unitat es realitza amb visió multicultural, donant lloc a equips com aquest en què conviuen un Mosso d’Esquadra resultat de set generacions de sang amb denominació d’origen de Ripoll, un immigrant xarnego de quarta generació originari de Huelva i una secretària (quota de gènere obligatòria) que té com a funció subtitular les declaracions dels agents en compliment de la normativa sobre les llengües estatals. És des d’aquesta perspectiva de pluralitat d’origens i sentiments que la Brigada s’enfronta al problema de la immigració».

Tres, dos, u, acció!

–¡Los papeles, cojones! (Subtítulos: «Bon dia, documentació»). Lahore, instalado sobre un patíbulo realizado con cajas de verduras, les muestra un permiso de residencia que el amigo de un primo lejano le vendió antes de regresar a su país. Los agentes miran repetidamente la foto de un turco en la cincuentena, con bigote y sonrisa radiante, y la comparan con la cara lampiña y asustada del jovencísimo Lahore. Son la misma persona, está claro. Los y la miembra de la brigada se miran de reojo, resoplando. ¡Con lo fácil que es todo cuando son ilegales!

El Mosso d’Esquadra se gira hacia las cámaras con sus enormes pestañas y una sonrisa indudablemente nacional.

–Li farem al ciutadà nouvingut unes preguntes molt senzilles per detectar el seu grau d’integració. Segons la puntuació obtinguda es procedirà o bé a matricular-lo en un curs de la Generalitat per la catalanització de les minories ètniques, o bé a oferir-li de pagar una multa terapèutica per tal de motivar el seu interès integracional. En els casos més extrems se li donarà com a record d’Espanya (topem aquí amb competències encara no transferides al Govern legítim de la Generalitat) el paquet «Relaxin’ cup of café con leche» dissenyat, si se’m permet la rauxa, per la Victòria Beckham espanyola (àlies Ana Botella) i que consisteix en un bitllet d’avió a una destinació turística de primer ordre amb acompanyament d’escolta policial com si es tractés d’una estrella del cinema i uns valiums a càrrec de la Seguretat Social per fer el viatge més agradable a tothom. (Subtítulos: «Vamos a hacer un test para ver cómo va el moro y entonces decidir si se lo mandamos a Marta Ferrusola para que lo apañe, si le metemos una multa o le pegamos directamente una patada en el culo y lo mandamos de regreso a su país, no sin antes haberle retirado las subvenciones que seguro que estos de CiU le han dado aunque sólo sea para joder»).

–Talleu!

La productora de TV3 cambia a los actores de posición.

–No hi ha cap ventilador? Mare meva, quina calor que fa aquí! Podrien deixar una mica d’espai lliure a la porta? Passin cap a aquí, que ens faran de públic!

Tres, dos, u, acció!

–A ver. Empezamos con el Examen de Integración. Primera cuestión: idioma. ¿Hablas español?

Lahore está temblando. Desde que llegó a Barcelona sus primos le han estado preparando para este momento. Cierra los ojos, toma aire, responde.

–¡Sí, señor! Hablo un español de puta madre.

–¡Bravo! Un punto por hablar español.

(El público aplaude).

El Guardia Civil mira satisfecho al Mosso d’Esquadra. Es evidente que hasta los moros prefieren aprender la lengua del Imperio antes que los dialectos regionales.

–I el català? Parles català? —pregunta el Mosso.

–Sí, senyor, parlo català, que és la llengua del meu país d’acollida.

El público lanza un suspiro admirado. També parla català! Tres puntos y ovación. La muchacha en biquini pasea con un cartel en alto: total, cuatro puntos.

Desde el fondo de la tienda en Pepet alza el bastón a modo de queja.

–Un moment! —grita—. Aquest moro parla català amb accent xarnego!

El público murmulla. La brigada delibera. Acento charnego, según los manuales de acogida, quita puntos respecto a los conseguidos por hablar catalán.

–Feu-li la prova de la doble ela! —grita una filóloga desde el fondo.

El Mosso d’Esquadra se acerca a Lahore. Carraspea. Coloca la lengua en una cuidada posición y pronuncia, alargando las eles:

«Lluís Llach, Lluís Llach».

–Yuís Yac, Yuís Yac —responde Lahore.

-No, no, més lateral, menys postalveolar i més velar lateralitzada —instruye el Mosso—. Lluís Llach!

–Yuís Yac —se esfuerza Lahore.

La decepción se instala en el público que pronto sabe, sin embargo, agradecerle el esfuerzo al nouvingut y rompe en un aplauso orgulloso.

El acento resta dos puntos, pero el esfuerzo suma uno. Chica. Biquini. Tres puntos. Aplausos.

–Carallo, manda cojones. ¡Y será que el español no lo habla con acento moro! — reclama el Jacinto.

El Guardia Civil toma ahora posiciones delante de Lahore, con el pecho hundido y las caderas apuntando hacia adelante, chulesco.

–A ver. Pronuncia: Ehpaña!

–Ssssbania…

–Ehpaña!

–Ssssbania? —murmura Lahore.

El público niega con la cabeza: indudable acento moro. La brigada delibera.

–Este jodido inmigrante no habla ningún idioma. Es que manda narices, tú, no hacen ningún esfuerzo por integrarse. ¡Al final tendremos que aprender nosotros inglés para pedirles la documentación, joder! Yo, la verdad, que no le daría ningún punto y así evitamos el efecto llamada.

Chica. Biquini. Cero puntos.

–Segona qüestió: alimentació. Menges porc?

–No, senyor —responde Lahore, aleccionado—. Jo sóc vegetarià. Una parte del público aplaude («carne es asesinato»). Pero los agentes y la secretaria no lo ven claro. Aunque ser vegetariano, por norma general, suma dos puntos gracias a la modernidad (chica, biquini), en el caso de un ciudadano musulmán el tema es extremadamente sospechoso. ¿No será vegetariano para no comer cerdo?

El Mosso d’Esquadra hojea discretamente el manual. Aquí está: «Es perfectamente lícito que un ciudadano sea vegetariano, si bien en el caso de ser un ciudadano de origen musulmán, eso no le exime de comer cerdo como todo el mundo».

Vegetariano musulmán resta cuatro puntos. Total: menos cuatro puntos.

©Jor-dee se empieza a poner nervioso: que Lahore deba puntos de integración no presagia nada bueno.

–Religión. ¿Cuántas veces al año vas a misa?

El sector catalán de la audiencia no está de acuerdo con esta pregunta. Catalunya es un país laico que bastante ha sufrido ya con los obispos y toda su cuadrilla.

–Perdona, perdona —interviene el Mosso d’Esquadra—. El manual no diu res de tot això. Parla només de matrimoni, bateig i d’enterrar els morts com cal.

–A ver. ¿Tú estás casado por la iglesia?

Lahore titubea, respira con dificultad, suda.

–¡Un momento! —se lanza ©Jor-dee—. ¡Protesto! El muchacho aquí presente no puede casarse por la iglesia por ser homosexual. Por lo tanto, exijo inmediatamente o bien que se retire esa pregunta por ser discriminatoria con las minorías sexuales, o bien que la iglesia católica nos permita casarnos inmediatamente, ¡vírgenes y de blanco!

¡Marica!

El barrio entero aguanta la respiración. Lo que nos faltaba, mira tú. Cuando no vienen a robarnos las mujeres, vienen a mariconear. Es que son lo que no hay…

Desde la calle se oyen darbukas y pitadas. ¿Qué sucede? Las asociaciones ciudadanas por los derechos de aquellos que no lo son se han puesto en marcha y ya recorren el barrio exigiendo dignidad. Traen periodistas free-lance, abogados de izquierdas y políticos oportunistas dispuestos a parar todos los juicios que se están produciendo en ese mismo instante.

«La situació en el cas d’aquest judici és extremadament delicada», enuncia la periodista de TV3 mirando a la cámara. «Hi ha un conflicte legal generat pel fet que el ciutadà és alhora nouvingut i homosexual, i pertany, doncs, a dues minories que no tenen pas els mateixos drets. Si se l’ha de defensar en tant que homosexual o en tant que nouvingut és quelcom que només els seus advocats poden decidir. Joana Codonyat, TV3, Raval».

–¡Lahore, mi Lahore! —lo abraza ©Jor-dee cuando todos se han ido al fin—. ¡Han estado a punto de expulsarte! ¿Te das cuenta? ¡He tenido tanto miedo!

Lahore está mareado y tiene ganas de vomitar.

–Ahora no te preocupes por nada. ¿Has oído lo que ha dicho el señor policía? Eres mi moro. Ahora eres responsabilidad mía y todo va a ir bien. Voy a darte clases de integración. Ya verás como en unos meses serás catalán y/o español, según por donde se mire y como el que más. Y ya nadie podrá expulsarte, querido. ¡Nadie! A Lahore le encantaría entender qué está pasando, pero no sabe por dónde empezar a preguntar. Está contento de que todo haya acabado. Y se da cuenta de que la solución ha tenido mucho que ver con su amigo accidental.

–¿Sabes qué vamos a hacer? Cuando cierres la tienda, ven a mi estudio. Está a pocas calles de aquí y yo paso allí la noche entera. Nadie nos molestará, ya verás. Podremos estar tranquilos, contarnos nuestras cosas y ver a dónde nos lleva el futuro. ¿Te parece?

Lahore asiente. ©Jor-dee se queda tan sorprendido que no reconoce el gesto. «¿Lahore, vendrás?». Y Lahore vuelve a asentir. Irá. ¿Por qué no? Claro que irá. Un ratito sólo. Para darle las gracias por su ayuda.