Querido vecino
13 Muy Jodido
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MUY JODIDO
Un vistazo a través de la mirilla reveló una versión distorsionada de Tyler.
«¿Qué estaba haciendo aquí en mitad de la noche?».
Se me hizo un nudo en el estómago. Me había despedido de los chicos en mi puerta hacía media hora. Me había puesto el pijama y me había desmaquillado. Sabía que estaba aquí, así que no podía ngir que no estaba en casa. Inspiré hondo y abrí la puerta.
—Tyler. ¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Puedo entrar?
—Ehh… Claro.
—Damien acaba de meterse en la ducha, así que pensé que era seguro llamar a tu puerta sin que me oiga —dijo mientras pasaba a mi lado—. Lo oye todo, es increíble.
—Sí. —Me reí con nerviosismo—. Oído supersónico.
—Y que lo digas.
Sus ojos se posaron en el gran chupetón que tenía en la base del cuello.
—Madre mía. ¿Es lo que creo que es?
No tenía sentido negarlo.
—Sí.
Después de que Damien me succionara el cuello en el baño de la discoteca, me había quedado como resultado un moretón enorme.
Abrió los ojos de par en par.
—¿Te lo ha hecho Damien?
—Sí.
—¿Cómo es que no lo había visto?
—Bueno, estaba oscuro. No se veía bien hasta ahora.
—No, quiero decir, ¿cómo ha sido?
—¿No sabes cómo se hace?
Se rio.
—Vale, listilla… ¿Cuándo ha sido? —Cerró los ojos y luego chasqueó los dedos cuando pareció caer en la respuesta—. En el baño. Fuiste y él te siguió. Ahora me siento como un idiota.
—¿Qué te trae por aquí, Tyler?
—Es la primera ocasión que tengo esta noche de estar a solas contigo.
Me tragué el nudo de la garganta.
—Es tarde.
—Lo sé.
El comportamiento de Ty parecía más serio en comparación a como había sido el resto de la noche, así como notablemente menos coqueto.
—¿Te traigo agua o algo? —pregunté, ya que no sabía qué decir.
—No. Estoy bien.
—Vale.
Entró en el salón.
—¿Puedo sentarme?
—Claro.
Se acomodó en el sofá.
—¿Por qué te vas en realidad? —inquirió. Cuando no respondí al momento, añadió—: Igual debería reformularlo. Te mudas por Damien, ¿verdad?
Vacilé antes de responder.
—Sí.
Asintió en silencio. Lo que dijo a continuación me tomó por sorpresa.
—Nunca he traicionado la con anza de mi hermano, pero estoy a punto de hacerlo por su propio bien.
—¿A qué te…?
—Mi hermano está enamorado de ti.
El corazón empezó a latirme más rápido a medida que procesaba sus palabras.
«¿En serio acababa de decir lo que creía que había dicho?».
Sacudí la cabeza.
—No, no lo está.
—Lo está.
—¿Por qué dices eso? Ni siquiera quiere salir conmigo.
Apoyó los brazos en las piernas mientras me miraba.
—Está loco por ti. Lo sé desde hace tiempo, pero esta noche lo he visto con mis propios ojos.
El corazón seguía latiéndome con fuerza, deseando que tuviera razón.
—Si de verdad piensas eso, entonces ¿por qué has estado, ya sabes…?
Alzó una ceja.
—¿Tonteando tanto contigo toda la noche?
—Sí.
—Estaba actuando. Intentaba demostrar algo. No me malinterpretes. Eres una chica preciosa. Pero nunca iría detrás de una persona por la que mi hermano siente algo auténtico. Nunca. En el fondo, él también lo sabe.
—¿Por qué parecía que eras una amenaza, entonces?
—Sabía lo que estaba haciendo. Estaba molesto porque tenía miedo de que yo te gustara y tuviera que presenciarlo.
Me estaba devanando los sesos para encontrarle sentido a la conversación, y necesitaba que me echara una mano para entenderlo. Damien: Casi incendia el edi cio.
—Has dicho que estabas intentando demostrar algo. Lo siento, pero no lo entiendo. ¿Puedes explicármelo, por favor?
—Intentaba demostrarle que no soporta dejarte ir. Ha estado intentando alejarte. Pero eso no es lo que quiere en realidad.
—¿Por qué? —grité—. ¿Por qué está intentando alejarme?
—Damien cree que estarías mejor sin él.
—No lo entiendo.
Tyler hizo una pausa y miró al techo durante un rato en un intento por ordenar sus pensamientos.
—Hay algo que no sabes, Chelsea. Pero no puedo ser yo el que te lo diga. No me corresponde a mí. Tiene que explicártelo él. Lo único que puedo decirte es que no es nada que debas temer y que no es nada que vaya a hacer que lo mires de forma negativa. No te estarías poniendo en ninguna clase de peligro estando con él. No es nada de eso. Es simplemente que siente de verdad que no puede tener algo contigo, aunque eso le duela.
No paraba de darle vueltas. ¿Qué podría ser?
—Estoy confundida.
—Lo sé. Todavía hay muchas cosas que son desconocidas, incluso para nosotros. Pero, por favor, ten paciencia con él. Te lo dirá cuando esté preparado. Sé que lo hará. No renuncies a él. Espéralo si puedes. Eso… si de verdad quieres estar con él.
—Quiero estar con él casi desde el principio, desde la noche del incendio del horno tostador. Sentí una conexión más fuerte que todo lo que había sentido antes.
La boca de Ty se curvó en una sonrisa.
—Esa fue la noche en la que te abrió el per l en esa página de citas, ¿verdad?
—Sí. ¿Te ha hablado de eso?
—Voy a ir al in erno por esto.
—¿Por qué?
Sacó el móvil.
—Te voy a enseñar un mensaje que me mandó esa noche. Dame un segundo, que tengo que buscarlo. En ese momento, recuerdo que pensé que lo que me estaba diciendo era muy divertido y muy poco propio de él. Espera que lo encuentre.
Mientras Ty buscaba en el móvil, el corazón me latía con fuerza. Me sentía como si estuviéramos invadiendo la privacidad de Damien, pero Dios sabe que no era una novata en esa materia. Me moría por saber qué había dicho de mí.
—Vale. —Me puso la pantalla delante—. Aquí. Mira.
Le quité el móvil y leí la conversación.
Damien: Estoy muy jodido.
Ty: ¿Qué pasa?
Damien: Estoy MUY jodido.
Ty: ¿Qué demonios pasa?
Damien: La rubia que vive al lado, esa de la que te hablé.
Ty: ¿Te has acostado con ella?
Damien: No.
Ty: ¿Qué ha pasado?
Damien: MUY jodido.
Ty: ¿Malo? ¿O bueno?
Damien: MUY jodido.
Ty: Sí, lo capto.
Ty: ¿Qué demonios?
Damien: El horno tostador se prendió fuego. Lo apagué. Todo está bien. Vino a mi piso después.
Ty: ¿Y ahora te arden los pantalones? JAJAJAJA.
Damien: Básicamente. Sí. Es preciosa. Pero no solo eso. Es increíble. Súper dulce. Honesta. Nada de tonterías. Lo que ves es lo que hay.
Ty: ¡Entonces es bueno!
Damien: No. No puedo acostarme con ella.
Ty: ¿Por qué no?
Damien: Es una buena chica, un imbécil le ha roto el corazón.
Ty: ¿Por qué no puedes salir con ella?
Damien: ¿Cuántas veces hemos hablado de esto?
Ty: Menuda idiotez.
Damien: Le he abierto un per l en una página de citas.
Ty: ¿Qué demonios? ¿Estás loco por ella y la preparas para salir con otros hombres?
Damien: Tenía que hacer algo. Me tiene acojonado.
Ty: Es la primera vez que te oigo decir eso.
Damien: Lo más probable es que no vuelvas a oírlo.
Ty: Joder…, vaya.
Ese fue el nal de la conversación.
Me temblaba la mano mientras sostenía el móvil. Aunque me sentía un poco culpable por haberme entrometido en sus mensajes personales, sentía que el corazón me iba a estallar. Me sobrecogió saber que Damien había experimentado todo lo que yo había sentido esa noche. Nuestra química había sido increíble. Eso con rmaba que no me lo había estado imaginando. Aunque en aquel momento me dejó con la sensación de haber sido muy rechazada, al parecer había algo más que un simple desinterés.
Ty me quitó el móvil.
—Nunca has visto eso, ¿vale? Y tampoco hemos tenido nunca esta conversación. Es que… cuando me enteré de que te ibas a mudar, supe que tenía que decirte algo. Quiero a mi hermano más que a nada. No me gusta ir así a sus espaldas, pero al n y al cabo siento que es por su propio bien.
—¿Qué sugieres que haga?
—Creo que deberías continuar con tus planes. Conociendo a Damien, se dará cuenta del error que ha cometido un tiempo después de que te hayas ido. Sigue siendo su amiga. No puedo garantizarte que entre en razón, pero sospecho que se dará cuenta una vez que ya no estés cerca.
—No creo que esté del todo de acuerdo con eso de que entrará en razón si no lo ha hecho ya, pero no voy a dejar de ser su amiga. Nunca. Mi intención nunca ha sido esa. Sin embargo, dadas las circunstancias, vivir prácticamente uno encima del otro es demasiado para mí. Por eso me mudo.
—Lo entiendo. ¿Sabes? A pesar de que nos parecemos mucho… en el fondo, Damien es más como nuestra madre: complejo y sensible, tal y como se expresa a través de su arte. Esas imágenes. ¿Qué signi carán? Te aseguro que hay un signi cado en todas y cada una de ellas. Yo soy más como nuestro padre, relajado y más fácil de leer. —Bajó la mirada para comprobar la hora en el móvil—. Será mejor que me vaya antes de que me oiga. Recuerda que esta visita nunca ha ocurrido.
—¿Qué visita? —bromeé.
Fue difícil conciliar el sueño después de que Tyler se marchara. Si bien es cierto que su revelación me había llenado de nuevas esperanzas, no bastó para convencerme del todo de que las cosas con Damien fueran a cambiar en algún momento.
No me quedaba más remedio que con ar en la palabra de Ty, en que fuera lo que fuera lo que le pasaba a Damien, no había nada que temer, y debía creer en que el destino lo resolvería todo.
Las dos semanas pasaron volando y, cuando quise darme cuenta, estaba en mi apartamento ya vacío, mirando decenas de cajas y, una vez más, cuestionando la decisión que había tomado.
Mis padres iban a llegar por la mañana y el plan seguía siendo que Damien nos ayudara a hacer la mudanza. Aunque Tyler también se había ofrecido, Damien le había dicho que no se molestara, que quería encargarse él solo.
Era sábado por la noche, y no estaba segura de lo que estaba haciendo Damien. Los perros estaban con él este n de semana, y lo único que sabía era que quería pasar mi última noche aquí con los tres.
Alcancé el móvil y lo llamé.
—Servicio de mudanzas y peluquería canina de Damien —contestó en broma.
Me reí.
—¿Peluquería canina también?
—Somos un establecimiento que ofrece un servicio completo.
—¿Qué otros servicios ofrecen?
«Dios, eso había sonado sugerente».
—¿Para usted? Puedo negociar.
Me aclaré la garganta.
—¿Cómo están los Doble D?
—Están bien. De hecho, acabo de darles un baño, de ahí lo de la peluquería canina. Juro que estos perros tienen los culos más limpios de la faz de la Tierra.
—No lo dudo.
—¿Cómo estás?
—Bien…, un poco triste mirando todas estas cajas. Está tan vacío que hay eco.
—Deberías gritar un montón de obscenidades. Seguro que eso hace que te sientas mejor. Pero no las dirijas hacia mí.
—A mi casero no le gusta que perturbe la paz.
—No creo que le importe hoy. Está un poco deprimido porque va a perder a su inquilina favorita.
—Bueno, me va a subir el alquiler. Tengo que irme.
—Ya le gustaría que esa fuera la razón por la que te vas.
Se produjeron varios segundos de incómodo silencio antes de que volviera a hablar.
—¿Crees que el propietario querría quedar conmigo en mi última noche? A menos que tenga otros planes.
—Si los tuviera, los cancelaría.
Eso me provocó mariposas en el estómago.
—Vale. Menos mal, porque lo tengo todo metido en cajas, así que, si no me acogieras, no tendría más remedio que quedarme hambrienta y mirando a la pared.
—Irónico. ¿No es así como empezó nuestra amistad? Por una pared.
—Sí, más o menos. Técnicamente, empezó porque tú me escuchabas a escondidas.
—Tienes razón. Empezó así.
—Oh, ¿lo admites ya?
—Puede que escuchara a escondidas sin querer. Te aseguro que aprendí mucho sobre ti en muy poco tiempo.
—¿Y qué fue lo que aprendiste?
—Que eras mucho más que la vecina de al lado que no paraba de quejarse de los perros. Descubrí que eras una persona sensible y cariñosa a la que le habían roto el corazón, una persona que ama y confía con todo su s er…, una persona a la que hay que tratar con cuidado, aunque tú lo niegues. Básicamente, sabía que eras increíble mucho antes de que nos hiciéramos amigos.
Cerré los ojos para no llorar. Respiré hondo y dejé que sus palabras calaran.
«Estaba ocurriendo. Me estaba mudando de verdad».
—Bueno…. amigo… ¿qué te parece si me preparas una pizza esta noche? Llevaré una película. ¿Voy cerca de las seis?
—Perfecto. Estaremos esperándote.
Con el corazón pesado, maté algo de tiempo limpiando la vivienda vacía antes de que llegara la hora de ir a casa de Damien. El olor a Lysol me dio dolor de cabeza.
Cuando por n llegaron las seis, escogí una botella de vino y un DVD y me dirigí a su apartamento.
Damien abrió la puerta y me recibió el olor a salsa marinera y a su colonia. Llegué a la conclusión de que esos dos olores eran básicamente como un hogar para mí. Este era mi hogar, no el apartamento vacío de al lado, sino aquí mismo, con él y los perros.
Dudley y Drewfus corrieron hacia mí al instante. El pobre Drewfus todavía cojeaba.
—¡Estáis súper limpios y suaves! Vuestro padre os cuida muy bien.
—No les voy a decir nada sobre ya sabes qué —dijo Damien—. Te juro que entienden nuestro idioma. Seguro que se volverían locos.
Me entristeció que los perros pronto se darían cuenta de que ya no vivía en la puerta de al lado. De entre todo, pensar en su reacción era lo que me hacía sentir más culpable.
—Creo que es lo mejor, aunque no tardarán en darse cuenta.
—Ya me ocuparé de ello cuando tenga que hacerlo.
Al entregarle el DVD, sonreí.
—He traído una película.
Examinó la carátula.
—La profecía. Debería haber sabido que me la devolverías en algún momento.
—Es justo. Hiciste que viera mi autobiografía, así que esta noche toca ver la tuya.
Puso los ojos en blanco.
—Qué ganas. —Se acercó a la encimera y dijo—: La pizza está lista. ¿La quieres de champiñones y aceitunas o de pepperoni?
—Ambas, una de cada.
Me dirigió una sonrisa maliciosa.
—Una de cada, ¿eh? ¿Vuelves a tus raíces de los tríos?
—Me lo vas a estar recordando toda la vida, ¿verdad? ¿Por qué estar aquí esta noche parece un déjà vu? Tú haciendo pizza… y burlándote de mí por querer ser doblemente penetrada.
Empezó a cortar la pizza.
—Bueno, chica pervertida, ¿qué motivo les has dado a tus padres por el que te vas a mudar?
—No les he dicho nada sobre ti, si es lo que te estás preguntando. Simplemente les he dicho que he encontrado un apartamento mejor.
—Pero no es un apartamento mejor.
Abrí los ojos de par en par.
—¿Lo has visto?
—Sí. Fui a comprobarlo, a asegurarme de que era seguro.
—No tenías por qué hacerlo.
—¿Cómo vas a explicarles por qué te mudas a un sitio más cutre?
—No van a cuestionarlo. Les diré que tengo mis razones y ya está.
—Justo antes de que tu padre me mire a los ojos, se dé cuenta y me dé una patada en el culo —dijo antes de ponerme mis dos trozos de pizza delante.
—No va a pasar nada. Mis padres son muy buenos. Te gustarán. —Le di un bocado y luego pregunté—: ¿Va a venir alguien a ver mi apartamento?
—Todavía no. Cuando te vayas voy a darle una nueva capa de pintura a las paredes y a ventilarlo para que se vayan todos los piojos de Chelsea antes de volver a ponerlo en alquiler. —Guiñó un ojo.
—Muy gracioso. Bueno, sea quien sea, tendrá suerte de vivir aquí. Haces que sea un entorno agradable, limpio y seguro.
—Claro. Un lugar estupendo… No te involucres emocionalmente con el propietario y todo irá bien, ¿verdad? —Cuando me quedé en silencio, dijo —: Lo siento. Basta de hablar sobre la mudanza.
Cambié de tema.
—¿Cómo está tu madre?
—La verdad es que bien. El n de semana que viene voy a ir a por ella para que pase el día aquí. Los perros estarán con Jenna, así que bien. Ty y yo vamos a llevarla a comer por ahí.
—Genial. Me alegro. —Siempre me había preguntado cómo era la madre de Damien—. ¿Tienes una foto de ella?
—¿De mi madre?
—Sí. Me encantaría saber cómo es.
—Sí. Tengo. Espera.
Damien sacó el móvil y comenzó a revisar el carrete de la cámara. Sonrió y lo giró hacia mí.
—Esto fue el verano pasado.
La madre de Damien estaba de pie entre sus dos hijos frente a una enorme fuente de agua. Tenía el pelo castaño hasta los hombros y, aparte de algunas arrugas alrededor de los ojos, parecía bastante joven. Veía mucho de Damien en ella.
—Te pareces a ella.
—Ya. Eso dicen.
—¿Qué edad tiene?
—Bueno, tenía veinte años cuando me tuvo, así que tiene cuarenta y siete.
—Es muy guapa. ¿Cómo se llama?
—Monica.
—Un nombre bonito.
—Le gustarías.
—¿Cómo lo sabes?
—Tienes pulso.
—¿Cómo?
—Era broma. Lo he dicho porque no traigo chicas a casa.
—Ah.
—En serio, le gustarías porque sabe calar a la gente muy bien y pensaría que eres un amor.
—¿Llegó a conocer a Jenna?
—Sí. La vio un par de veces, no la volvía loca, pensaba que era demasiado ruidosa.
Me reí.
—¿Demasiado ruidosa?
—Sí. Mi madre es una persona tranquila, muy introspectiva. Es más de escuchar que de hablar.
—Bueno, tiene suerte de tener dos hijos buenos que la cuidan.
Damien y yo hablamos un rato y nos terminamos las dos pizzas. Le di un sorbo al vino e intenté disfrutar de ese momento con él, sin la certeza de si todo sería igual entre nosotros después de mañana.
Después de la cena, los Doble D se unieron a nosotros en el sofá. Tenía un perro a cada lado, lo que servía de grato intermediario entre Damien y yo. Empezamos a ver La profecía, una de las películas más extrañas que he visto en mi vida. Siempre había oído hablar del personaje de Damien, pero nunca había visto la película.
El salón estaba a oscuras, excepto por las luces de la televisión. Me volví hacia él.
—Lo siento. Tu autobiografía es mucho más aterradora que la mía.
—¿Tú crees?
Lo más extraño de la película era la inclusión de los sabuesos infernales, perros que ayudaban a Damien en sus actos diabólicos. Eran exactamente de la misma raza que los Doble D.
No pude evitar reírme.
—Te juro por Dios que no tenía ni idea de que en esta película salían rottweilers —dije.
Fingió estar enfadado.
—Lo tenías todo planeado, ¿no?
—Sí. En los setenta estuve por ahí orquestando una película con la que perseguirte años después.
—No puede ser más rara. —Miró a los perros—. Míralos. A ellos tampoco parece agradarles su cameo.
—No los culpo. De nitivamente voy a tener pesadillas esta noche.
Le sonó el móvil y bajó la vista para mirarlo. Me pregunté si sería una mujer, pero contuve la tentación de preguntar. Mi reacción me sirvió para recordar exactamente por qué me estaba mudando.
Aguantamos hasta el nal de La profecía. Los perros habían renunciado a la película y estaban escondidos en la otra habitación. Se estaba haciendo tarde.
—Bueno, ¿qué toca ahora? —preguntó Damien—. ¿Quieres ver otra cosa?
—Debería irme. Mañana nos espera un día largo.
—¿Esto es todo? Tu última noche aquí, ¿y terminamos viendo esa mierda sin sentido? ¿Así es como vas a recordarme? ¿Damien y sus sabuesos infernales?
—Actúas como si no fueras a volver a verme.
—Honestamente, me siento un poco así. Cuando vives al lado de alguien, no supone ningún esfuerzo. Pero vas a estar en la otra punta de la ciudad y, siendo realistas, es solo cuestión de tiempo para que las cosas cambien. Conocerás a alguien…
Escocía cada vez que usaba las palabras para juntarme con otros hombres. Me di cuenta de lo silencioso que estaba todo de repente, con los perros en la otra habitación y la televisión apagada. También noté que Damien estaba mirando el moretón que me había hecho en el cuello. Me recorrió un escalofrío cuando rozó brevemente la zona con la yema del dedo.
—Deberías tapártelo mañana.
Era la primera vez que le hacía caso.
—¿Por qué?
—Tus padres se van a preguntar de dónde ha salido.
—Les diré que me atacaste el cuello en un baño de mujeres.
A Damien no pareció hacerle gracia.
—No, no lo harás.
—Estaba de broma.
—En serio, deberías tapártelo.
—¿No te gusta verlo?
Cuando pasó el pulgar por encima, se me aceleró la respiración. El breve contacto encendió una conciencia en todo mi cuerpo.
Lo que dijo a continuación me descolocó por completo.
—Me encanta verlo. Demasiado.
Nos quedamos mirándonos un rato. Tenía las orejas rojas, y notaba que por dentro estaba ardiendo tanto como yo. Deseaba tanto que me besara, que me tocara, que chupara cada centímetro de mi cuerpo. Nunca lo había deseado tanto como en ese momento. El hecho de que me mudara mañana no hizo nada para frenar el fuego que había en mi interior.
—¿Qué hubiera pasado si esa mujer no nos hubiera interrumpido, Damien? —susurré. Era una pregunta que había estado persiguiéndome.
Tardó en responder.
—No lo sé, Chelsea. Habría estado jodido.
—Técnicamente, me habrías jodido a mí.
Esbozó una sonrisa y me miró como si no supiera si quería besarme o estrangularme.
Quería gritar que sabía que estaba ocultando algo. Quería gritar que, fuera lo que fuera, no me importaba porque no había nada peor que perderlo. Pero no podía traicionar a su hermano, que había compartido esa información conmigo en con anza. Sentía que iba a estallar, necesitaba desahogarme.
—Tengo que decir algo, porque dudo que mañana vayamos a tener mucho tiempo a solas, y quiero dejar las cosas claras. Y te juro, Damien, que es la última vez que me oyes hablar sobre eso.
Se apartó un poco de mí.
—Vale.
—Según tú, voy a olvidarte una vez que me vaya, pero te aseguro que eso no es cierto. Puede que pase página, sí, porque no me has dejado otra opción. Pero eso no cambia lo que siento por ti. Estás en mi corazón, y no puedo sacarte. No sé si quiero hacerlo. Estar contigo es lo único que me parece correcto. Otra cosa sería que no sintieras nada por mí, pero si te estás convenciendo de que estoy mejor sin ti, entonces te equivocas. Si el vacío que siento esta noche sirve de señal, de nitivamente no estoy mejor sin ti.
—Chel…
—Déjame que termine. Cuando te conocí, estaba fatal. Fatal. Lo irónico es que, aunque después del día de mañana elijas desaparecer de mi vida, eres la razón por la que ahora tengo la fuerza para soportarlo, para soportar cualquier cosa. Siempre estaré en deuda contigo por haberme sacado de esa depresión, por mostrarme que merecía algo mejor, por ser un amigo y por ser honesto conmigo incluso cuando me hacía daño. Ahora soy más fuerte de lo que era y soy más fuerte de lo que crees. Cualquier cosa que tengas que decir… puedo soportar la verdad, Damien. Eso es todo. He dicho mi verdad.
Mi declaración fue un poco arriesgada. En cierto modo implicaba que sabía que él estaba ocultando algo cuando, técnicamente, esa conversación con Tyler «nunca había ocurrido», pero necesitaba decirlo.
—Lo entiendo —se limitó a decir.
—Dicho eso, debería intentar dormir un poco. —Me levanté del sofá de un salto—. Mañana es un gran día.
Me siguió de cerca mientras me dirigía a la puerta. Parecía que no quería que me fuera o que se estaba preparando para decir algo. No lo hizo. Se quedó en la puerta con una mirada que parecía llevar el peso de mil palabras sin pronunciar. No sabía si alguna vez se permitiría liberarlas. Mientras tanto, necesitaba seguir adelante con mi vida.
Se podría decir que estaba tirando la toalla. Pero en cierto sentido, me parecía más bien que se la estaba dando, a la espera de que algún día me la devolviera.
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