Una corte de hielo y estrellas
Capítulo 25. Feyre
Su respuesta se hizo eco en las rocas y los árboles y las nubes grises de arriba.
Ve. Ve .
CAPÍTULO
25
Feyre
Dos días más tarde, yo estaba en la entrada del estudio abandonado de Polina.
Ya no estaban canceladas las ventanas ni pendían las telarañas. Solo quedaba el espacio abierto, limpio y amplio.
Seguía mirando cuando Ressina me encontró, deteniéndose en su camino por la calle, sin duda hacia su propio estudio.
—Feliz Solsticio, mi señora —dijo, con sonrisa brillante.
No le devolví la sonrisa mientras seguí mirando y mirando la puerta abierta, el espacio que estaba más allá.
Ressina puso una mano sobre mi brazo.
—¿Pasa algo?
Mis dedos se apretaron, envolviendo la llave de bronce en mi palma.
—Es mío —le dije tranquilamente.
La sonrisa de Ressina empezó a crecer nuevamente.
—¿Lo es, ahora?
—Ellos… su familia me lo dio.
Había ocurrido esa mañana. Había volado hasta la granja familiar de Polina, de algún modo sin sorprender a nadie. Como si me hubieran estado esperando.
Ressina inclinó la cabeza.
—¿Entonces por qué esa cara?
—Ellos me lo dieron —extendí los brazos—. Yo traté de comprarlo. Le ofrecí dinero a su familia.
—Meneé la cabeza, todavía dando vueltas. Ni siquiera había regresado a la casa de la ciudad. Ni siquiera se lo había contado a Rhys. Me había despertado al alba, Rhys ya se había ido a encontrarse con Az y Cassian en el campamento de Devlon, y decidí al demonio con tanta espera. Postergar la vida no tenía ningún sentido. Yo sabía lo que quería. No había motivos para demorar—. Me entregaron la escritura, me dijeron que la firmara con mi nombre, y me dieron la llave —me froté la cara—. Se negaron a recibir mi dinero.
Ressina soltó un largo silbido.
—No me sorprende.
—La hermana de Polina, sin embargo —dije, mientras la voz me temblaba al guardar la llave en el bolsillo de mi abrigo—, sugirió que usara el dinero para otra cosa. Que si quería darlo, debería donarlo al Pincel y el Cincel.
¿Sabes qué es eso?
Había estado demasiado asombrada para preguntar, para hacer algo más que asentir y decir que lo haría.
Los ojos ocre de Ressina se suavizaron.
—Es una institución de caridad para artistas necesitados de ayuda financiera… para proporcionarles a ellos y a sus familias dinero para comida o renta o ropa. Para que no tengan que pasar hambre o necesidad mientras crean.
No podía detener las lágrimas que empañaban mi visión. No podía dejar de recordar esos años en aquella cabaña, el hueco dolor del hambre. La imagen de esos tres pequeños envases de pintura que había saboreado.
—No sabía que existía —logré susurrar. Ni siquiera todos los comités a los que había ofrecido ayudar me habían mencionado la institución.
No sabía que había un lugar, un mundo, donde los artistas podrían ser valiosos. Podrían ser cuidados. Jamás soñé con algo así.
Una cálida mano delgada se apoyó en mi hombro, lo apretó suavemente.
Ressina preguntó:
—¿Entonces qué vas a hacer con eso? El estudio.
Miré el espacio vacío ante mí. Vacío no… esperando .
Y desde muy lejos, como si estuviera llevada por el viento frío, escuché la voz del Suriel.
Feyre Archeron, un pedido. Deja este mundo como un lugar mejor al que encontraste .
Me tragué las lágrimas, y acomodé un mechón suelto de mi pelo otra vez en mi trenza antes de volverme hacia el hada.
—¿No estarás buscando una socia comercial absolutamente inexperta, por casualidad?