Una corte de hielo y estrellas

Sarah J Maas · Capítulo 26 de 28

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Una corte de hielo y estrellas

Capítulo 26. Rhysand

CAPÍTULO

26

Rhysand

Las chicas estaban en el ruedo de entrenamiento.

Eran solo seis, y ninguna de ellas se veía muy complacida, pero allí estaban, abriéndose camino a través de las órdenes poco entusiastas de Devlon acerca de cómo empuñar una daga. Al menos Devlon les había dado algo relativamente simple de aprender. A diferencia de los arcos ilirios; una pila de ellos permanecía junto al ruedo marcado con tiza de las chicas. Como una provocación.

Un buen número de varones disponían de la fuerza necesaria para blandir esos poderosos arcos.

Yo todavía podía sentir el latigazo de la cuerda contra mi mejilla, mi muñeca, mis dedos durante los años que me había llevado dominarlo.

Si alguna de las chicas decidía elegir el arco ilirio, yo supervisaría sus lecciones personalmente.

Estaba con Cassian y Azriel en el extremo más lejano de los ruedos de entrenamiento, el campamento del Refugio del Viento deslumbrantemente brillante con la nieve fresca que había caído con la tormenta. Tal como esperaba, la tormenta había terminado ayer… dos días después del

Solsticio. Y, como había prometido, Devlon tenía a las chicas en el ruedo.

La más joven tenía alrededor de doce años; la mayor, dieciséis.

—Pensé que habría más —masculló Azriel.

—Algunas se marcharon con sus familias por el Solsticio —dijo Cassian, con la mirada puesta en el entrenamiento. De tanto en tanto lanzaban un silbido, cuando una de las chicas hacía una penosamente mala que pasaba sin corregir—. No volverán hasta dentro de unos días.

Le habíamos mostrado las listas que Az había compilado de los posibles alborotadores en estos campamentos. Desde entonces, Cassian había estado distante. Más insatisfechos de los que esperábamos. Un buen número de ellos provenía del campamento Cresta de Hierro, un notorio rival de este clan, donde Kallon, hijo de su señor, se esforzaba por suscitar tanto disenso como fuera posible. Todo dirigido hacia Cassian y hacia mí.

Un movimiento desafiante, considerando que Kallon era todavía un guerrero novicio. Que ni siquiera debía pasar por el rito esta primavera o la siguiente. Pero era tan malo como el bruto de su padre. Peor, decía Az.

Ocurren accidentes en el rito , solo había sugerido cuando la cara de Cass se puso tensa con la noticia.

No deshonraremos el rito manipulándolo , su única respuesta.

Los accidentes ocurren en el cielo todo el tiempo, entonces , había respondido Azriel fríamente.

Si el cachorro quiere romperme las bolas, puede conseguirse un par él mismo y hacerlo en mi cara , había gruñido Cassian, y ahí acabó todo.

Lo conocía suficientemente bien como para dejarlo a su criterio… decidir cómo y cuando ocuparse de Kallon.

—Pese a las protestas en los campamentos —le dije a Cassian, haciendo un gesto hacia los ruedos de entrenamiento. Los varones mantienen una

saludable distancia del sitio donde se entrenan las pocas hembras, como si estuvieran asustados de contagiarse alguna enfermedad letal.

Patético—. Este es un buen signo, Cass.

Azriel asintió para expresar su coincidencia, mientras sus sombras se movían a su alrededor. La mayoría de las mujeres del campamento se habían refugiado en sus casas cuando él había aparecido.

Una rara visita del cantasombras. Tanto mito como terror. Az también parecía a disgusto por estar aquí, pero había venido cuando se lo pedí.

Era saludable, tal vez, que Az a veces recordara de dónde venía. Todavía usaba los cueros ilirios.

No había tratado de que le borraran los tatuajes. Alguna parte de él aún era iliria. Siempre lo sería.

Aun cuando quisiera olvidarlo.

Durante un minuto, Cassian no dijo nada, su rostro era una máscara de piedra. Había estado distante aun antes de que nos reuniéramos alrededor de la mesa en la vieja casa de mi madre para entregar el informe esta mañana.

Distante desde el Solsticio. Apostaría una buena cantidad para adivinar por qué.

—Será un buen signo —dijo Cassian al fin—, cuando haya veinte chicas allí afuera y hayan venido durante un mes entero.

Az bufó suavemente.

—Te apuesto…

—Nada de apuestas —dijo Cassian—. No sobre esto.

Az sostuvo la mirada de Cassian durante un momento, mientras los Sifones cobalto titilaban. Y