Claude Lévi-Strauss
10. “La ciencia de los mitos es una anaclástica”
Focalizada en los indios de América del Sur y del Norte, la suma de las Mitológicas
no aspira a lo universal, por lo menos en lo que concierne a los temas de los mitos
estudiados. Pero, sin embargo, lo universal no está ausente: en el método, apoyado
por el desciframiento de lo sensible en sus lazos con lo inteligible, en los esquemas
lógicos que allí se demuestran, las Mitológicas permiten descubrir pensamientos que
podemos comprender, hasta reconocer, como propios. Publicadas de 1964 a 1971 en
cuatro volúmenes, la obra mayor de Claude Lévi-Strauss sigue apoyándose en los
datos de la experiencia sensible, en un largo relato iniciático que, de manera
recurrente, va de lo más natural a lo más cultivado. Primer libro: Lo crudo y lo
cocido, o cómo pasar de la carne cruda a la carne cocida encendiendo el fuego.
Segundo libro: De la miel a las cenizas, o cómo explicar el olor a miel que propaga el
tabaco al arder. Tercer volumen: El origen de los modales en la mesa, o cómo
domesticar el matrimonio entre el hombre y la mujer. Cuarto volumen: El hombre
desnudo, donde el hombre, inventor de los adornos y la vestimenta, corta
malhadadamente la cuerda que lo une al cielo, mientras que la mujer salva a la
humanidad ocupándose del horno de barro.
En todos los casos —Lévi-Strauss lo aclara en varias oportunidades—, se trata de
reintegrar lo sensible a lo inteligible: la ambición estructuralista no tiene otro
proyecto. Así formulada, se inspiraría en la filosofía, si un método nuevo no viene a
echar sus basamentos. Comparar por analogía mitos cuyos motivos parecen
repercutirse de un punto del planeta a otro, ésa es la tentación de lo universal. Por
ejemplo, podría expresarse que la pareja griega de Orfeo y Eurídice “se parece” a la
pareja mítica de las divinidades de Japón, Izanami e Izanagui: los dos héroes
descienden a los Infiernos para arrancarles a sus bienamadas muertas
prematuramente; lo logran, a condición de no mirar nunca hacia atrás, pero como no
respetan su compromiso, pierden para siempre a su Eurídice. ¡Vana comparación!
Fuera de que las diferencias son cuantiosas (la muerta japonesa se transforma en
ogresa temible, por ejemplo), la tentación analógica, dice Lévi-Strauss, vuelve a caer
en el jungismo, o sea, a pensar sin pruebas concretas que en el inconsciente colectivo
existen arquetipos universales.
Como el estudio de los mitos consiste en trenzar briznas de textos, fragmentos de
ritos o ceremonias, leyendas y tradiciones recogidas poco a poco, su cuerpo nunca es
exhaustivo y su unidad permanece inaccesible. Así ocurre con el tejido de la reina
Penélope, que, para ganar tiempo, deshace de noche lo que tejió de día, de manera
que los motivos deben rehacerse de otra forma. Sin embargo, el ideal exigido por el
espíritu impone una unidad ficticia. Más precisamente, “la unidad del mito no es sino
tendencial y proyectiva, jamás refleja un estado o un momento del mito”. Anaclástico
—tomado en el sentido etimológico del término— es el nombre del estudio de los
rayos reflejos y los rayos quebrados: la ciencia de los mitos procede de ese funcionamiento, a condición de aclarar que los rayos no tienen ningún centro real.
¿Esto para qué sirve? Para deslindar un sistema de códigos que reúna en una
significación común a formas inconscientes; la lección de arqueología común a Marx
y a Freud no se ha perdido en las Mitológicas. Este método nuevo y complejo no
tiene ninguna utilidad para deslindar lo que piensan los hombres a través de los mitos,
porque los mitos se piensan a través de los hombres y, sobre todo, los mitos se
piensan entre sí.
En las Mitológicas, varios centenares de mitos amerindios del Sur y del Norte
pivotean alrededor de un mito de referencia, numerado M1, de origen bororo, y que
Lévi-Strauss tituló, como en una forma musical, “tema del buscador de pájaros”. Ése
es el tema, seguido de sus variaciones. Érase una vez, en tiempos muy antiguos…