Claude Lévi-Strauss
Preludio
Catherine Clément
Claude Lévi-Strauss
ePub r1.0
Titivillus 25.07.16
Título original: Claude Lévi-Strauss
Catherine Clément, 2002
Traducción: Víctor Goldstein
Editor digital: Titivillus
ePub base r1.2
BREVIARIOS
del
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
439
CLAUDE LÉVI-STRAUSS
PRELUDIO
¿Qué es lo que yo sé sobre Claude Lévi-Strauss? En 1962, cuando lo conocí, a los
cincuenta y tres años ya era el más grande antropólogo de su tiempo, fundador de la
teoría estructuralista francesa con Georges Dumézil y Émile Benveniste. Yo tenía
veintidós años; gracias a uno de sus libros, El pensamiento salvaje, había ganado las
oposiciones de filosofía. Estábamos, ¿cómo decirlo?, en plena juventud. Hoy,
colmado de honores, miembro de la Academia Francesa, mi viejo amigo es respetado
en forma unánime como un “tesoro nacional viviente”, según la bella denominación
japonesa; y si la edad encorvó levemente su alta estatura, la acuidad de su espíritu no
cambió. En 1970 publiqué la primera obra francesa consagrada a Claude Lévi-
Strauss; treinta años más tarde, me resulta imposible escribir otra sin primero dar
cuenta de tantos años de afecto compartido. Lo que equivale a decir que no seré
imparcial.
¿Qué es lo que yo sé sobre Claude Lévi-Strauss? Filósofo de formación, llegó a
ser etnólogo en Brasil, donde lo habían llevado un rechazo por el oficio de profesor
de filosofía —demasiado repetitivo— pero también una emocionada curiosidad por la
manera como vivían sus semejantes. ¿Cómo llegaba uno a ser etnólogo en los años
treinta? En esa época no había estudios tan estructurados como hoy; el aprendiz debía
asegurar su “terreno” por sus propias fuerzas. Lévi-Strauss organizó varias
expediciones difíciles en el Mato Grosso y en la Amazonia, estudió a los indios
caduveo, bororo, nambikuará y tupí-kauahib, y volvió a Francia cargado con una tesis
que la segunda Guerra Mundial paró en seco: la amenaza nazi lo obligó a exiliarse, y
la tesis vio la luz del día en los Estados Unidos de América, antes de sostenerla en
París en 1949. Las estructuras elementales del parentesco produjeron el efecto de una
revolución; cincuenta y tres años más tarde se las sigue discutiendo. Fundadas en la
intuición de que determinadas estructuras inconscientes rigen hasta el menor detalle
el funcionamiento de las sociedades, el pensamiento de Lévi-Strauss se desplegó
luego en toda su amplitud explorando la magia, la religión, las formas artísticas, las
formas clasificatorias y, por último, los mitos, que son su soporte para la expresión de
la emoción colectiva. Pocos pensadores abarcaron un campo tan amplio con
explicaciones argumentadas de una manera tan elegante: “Si hay leyes en alguna
parte, debe haberlas en todas”, ésta es la frase de Tylor que ubicó como epígrafe de
Las estructuras elementales del parentesco. Este “inventario de los recintos
mentales”, tal como es definido en las Mitológicas, es de una prodigiosa riqueza. Más
allá de las ciencias humanas, leer a Claude Lévi-Strauss permite comprender
infinidad de cosas para quien quiere tomarse el trabajo de observar el mundo. Cada
uno de sus libros es un manual de pensamiento que fuerza a la inteligencia a abrirse y
una suerte de evangelio laico que ayuda a conmoverse ante la vida.
¿Qué es lo que yo sé sobre Claude Lévi-Strauss? Este conservador declarado no
dejó de manifestar una preciencia ampliamente superior a la de sus contemporáneos. ¿Quieren comprender el presente? Lean Tristes trópicos, allí está todo. En 1949, esto
es lo que escribía acerca del islam:
Que el Occidente se remonte a las fuentes de su desgarramiento: al interponerse entre el
budismo y el cristianismo, el islam nos islamizó, cuando el Occidente permitió que las cruzadas
lo llevaran a oponerse a él y por lo tanto a asemejársele, antes que prestarse —si no hubiera
existido— a esa lenta ósmosis con el budismo que nos hubiera cristianizado más y en un
sentido tanto más cristiano en la medida en que nos hubiéramos remontado incluso más acá del
cristianismo. Fue entonces cuando el Occidente perdió su posibilidad de seguir siendo mujer
(1955: 473).[*]
¡El Occidente como mujer! Pero ¡qué extraña idea! ¿De dónde salía? De
intuiciones surgidas en un humilde templo budista sobre la frontera birmana, lugar
donde la androginia de los oficiantes se expresaba sin vueltas; de una visión precaria,
pero atinada, del Pakistán recién nacido, teocracia musulmana fundada en la pureza,
el etnólogo había extraído los elementos necesarios para presentir, con más de
cincuenta años de anticipación, el horror que los fundamentalistas musulmanes tienen
de las mujeres, el futuro rigorista del actual Pakistán, la persecución de los budistas y
la escisión forzada entre el Occidente y el Islam, problema de nuestra actualidad. ¿De
dónde le vino ese talento de profeta? No sé. Pero al comenzar este libro en el
momento en que los talibanes, hace no tanto tiempo, aterrorizaban a las mujeres y las
ejecutaban en público en el estadio de Kabul, esta frase, aparentemente insensata,
sobre el Occidente que no pudo seguir siendo mujer, finalmente encuentra todo su
sentido.
¿Qué es lo que yo sé sobre Claude Lévi-Strauss? Nunca el difícil diálogo entre los
dos sexos fue tan apasionante como con este gran hombre. Jamás olvidó pensar la
dimensión mujer del universo, que convirtió en la materia prima de sus trabajos. Sin
embargo, nada de compromisos: Lévi-Strauss desaprobó la entrada de las mujeres en
su Academia, porque no se cambian las reglas de una institución secular.
Conservador, les digo.
A decir verdad, lo que yo sé sobre él no dejó de cambiar. En 1970 creía tenerlo
sólidamente agarrado, como se atraviesa el abdomen de una mariposa muerta con un
alfiler para desplegar el esplendor de las alas: a mi manera de ver, Lévi-Strauss era un
filósofo disfrazado de etnólogo, un constructor de sistemas inconscientes que
destronaba al sujeto pensante en provecho de poderosos determinismos. ¡Tonterías!
Yo había confundido los puntales necesarios para la construcción de la casa con la
propia casa, me escribió. Después de la reprimenda y con pruebas fundadas, decidí
ser más prudente. Lo que yo sé es que en caso de avería del pensamiento, cuando se
me aparece una pregunta insoluble, releo a Lévi-Strauss y encuentro.
No, no es un filósofo. Si la filosofía pudo servirle de andamiaje, su pensamiento
nació del enfrentamiento con lo real. Sobre el terreno, el oficio de etnólogo pasa por
una realidad que no carece de relaciones con las de la guerra: condiciones de vida
difíciles y cambiantes, cierta peligrosidad sanitaria, una alimentación precaria, una proximidad animal, desacostumbrada para los occidentales, y, enfrente, unos
semejantes cuyo pensamiento se apoya en otros valores, fastidiosos, pero tan fuertes
como uno… Algo que pone en constante alerta, al punto de que, luego, uno ya no es
lo que era.