Claude Lévi-Strauss
3. El modelo geológico
A la manera de ver de Lévi-Strauss, la geología es la matriz de su pensamiento: su
actitud se inspira en el descifrar un paisaje, “inmenso desorden que permite escoger
el sentido que uno prefiere darle”. Descifrar, identificar: la realidad manifestada
disimula cuidadosamente su verdad, y “la índole de lo verdadero se transparenta ya
en la atención que pone en sustraerse” (1955: 50).
En Tristes trópicos, Lévi-Strauss describe su experiencia de base con un
minucioso lirismo: “la persecución en la ladera de una meseta languedociana de la
línea de contacto entre dos capas geológicas”, recuerdo más conmovedor que
cualquier escapada al Brasil central. Símbolo de una formidable avidez por
comprender; la elección de un sentido, para Lévi-Strauss, va mucho más allá de las
“especulaciones agrícolas” (aquí se cultivó la vid o la alfalfa), los accidentes
históricos o prehistóricos (vaya, una valva de ostra fósil entre dos surcos). No, la
elección de un sentido se lleva a cabo cuando el caminante descubre repentinamente
las huellas de una fisura de varios milenios de una antigüedad que, en un pase de
magia instantáneo, encoge el espacio y el tiempo. “Me siento bañado por una
inteligibilidad más densa —escribe— en cuyo seno los siglos y las leguas se
responden y hablan lenguajes finalmente reconciliados”. Este brusco borramiento del
espacio y el tiempo no deja de evocar un sentimiento de arrebato, hasta un éxtasis
místico, del que da fe, entre otros, la palabra en que se apoyan: “bañado”.
Si bien carece de énfasis, la dimensión extática en Claude Lévi-Strauss puntúa su
pensamiento. Y la mejor prueba se encuentra en la música, a la que dedicó tantos
estudios. “Madre del recuerdo y nodriza del sueño”, según las palabras utilizadas por
Emmanuel Chabrier, la música es una de esas evidencias donde se reconcilian el
espacio y el tiempo, como en el camino que siguen paso a paso el jinete Gurnemanz y
el joven Pársifal en la obra de Wagner, en el momento en que el idiota se convierte en
redentor. La desgracia —¿o la suerte?— es que la música escapa al pensamiento. Ella
sigue siendo el muro contra el cual se estrella el método. Pero no es la música la que
marcará el camino. Entonces, ¿qué?
Freud y Marx sirvieron de puntos de referencia al joven etnólogo en busca de un
modelo de “geología humana”: el inconsciente, por un lado, las infraestructuras, por
el otro, son en efecto el equivalente de las capas geológicas que sostienen cualquier
paisaje. Sin embargo, ni Marx ni Freud, para Lévi-Strauss, representan el papel de
modelos. Para nada política, y poco sociológica, la visión que tiene Claude Lévi-
Strauss de Marx es la de un constructor de modelos sociales estudiados en laboratorio
antes de ser enfrentados con lo real e interpretados. Por lo que respecta a Freud, no es
tan ponderado por ser el inventor de una técnica, el psicoanálisis, como por haber
utilizado, también él, el modelo de la falla arqueológica en su concepción del
inconsciente.