Claude Lévi-Strauss

Catherine Clément · Capítulo 12 de 30

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Claude Lévi-Strauss

12. El universo femenino está lleno de fetidez

 

La segunda variación se relaciona con el héroe de M2, apodado Baitogogo, y cuyo

nombre verdadero es Birimoddo. Punto de partida: un mito bororo sobre el origen de

las enfermedades, M5.

 

En ese tiempo, enfermedades y sufrimientos todavía eran desconocidos. Un adolescente,

Birimoddo, se negaba a ir a la casa de los hombres y se confinaba en la choza de su madre.

Irritada, su abuela se agachaba todas las noches sobre la cara de su nieto, a quien envenenaba

con sus pedos. El adolescente oía los ruidos y sentía la fetidez, pero no comprendía su origen.

Se enfermó, adelgazó, se preocupó y se hizo el dormido para comprender: desenmascarada, la

abuela fue ensartada por una flecha que él le tiró en el ano, tan profunda que las tripas se le

salieron para afuera. Luego, con la ayuda de los tatús, cavó secretamente una fosa para

enterrarla, recubriendo con una estera la tierra recién removida.

El mismo día, los bororos organizaron una pesca con veneno, para sofocar a los peces en el

agua. Al día siguiente de la pesca, las mujeres se disponen a partir para juntar los últimos peces

muertos, cuando la hermana de Birimoddo llama a su abuela para que se quede con su hijo.

Como la abuela no responde, la madre alza al niño sobre la rama de un árbol y le dice que

espere su regreso. Abandonado, el niño se transforma en termitero. Luego, la hermana de

Birimoddo, en vez de transportar los peces muertos al pueblo, se los come con voracidad, tanto

y de tal modo que su vientre se hincha y ella sufre atrozmente. Se queja, y cada una de sus

quejas suscita una enfermedad que se escapa de su cuerpo; todas las enfermedades infectan al

pueblo. Sus dos hermanos, Birimoddo y Kaboreu, la matan a garrotazos; luego, uno le corta la

cabeza y la arroja a un lago del este, mientras que el otro le corta las piernas y las arroja en un

lago del oeste. Para terminar, ambos plantan en el suelo su garrote.

 

a) Aclaremos el contexto de la pesca con veneno: el timbo es una liana cuya

savia, hundida en el agua, modifica su tensión, reduciendo el oxígeno y

paralizando a los peces.

 

b) Si no existen suficientes pruebas para inferir una costumbre del “muchacho

enclaustrado”, en cambio se conoce la costumbre bororo del “novio

vergonzoso”: los padres de la novia ritualmente debían obligar al nuevo

esposo a mudar sus cosas de la casa de su madre a la de su mujer; durante

un tiempo, el novio seguía viviendo en la casa de los hombres, “hasta

curarse de la vergüenza de haberse convertido en un marido”. Por lo tanto,

hay un enclaustramiento, aunque en la casa de los hombres; pero el mito

M5 nos muestra lo inverso, es decir, un joven enclaustrado en el mundo

femenino.

 

c) En términos de relaciones con el cielo, la tierra y el agua, la hermana golosa

de peces fija a su hijo en la forma terrestre de un termitero antes de abusar

del agua; pero esta agua, la del “nido” de las almas, le fue rechazada a la

abuela muerta, enterrada bajo tierra y no en un lago. Las enfermedades

surgen entonces como término mediador entre la vida y la muerte, es decir,

la tierra y el agua.

d) Los términos relativos a las basuras merecen ser examinados: en efecto, en

M2, BirimoddoBaitogogo recibe un excremento sobre el hombro y, en M5,

recibe los pedos de la abuela; pero en los dos casos el héroe es culpable de

abuso del mundo femenino, ya sea porque mate a su mujer negándole la

sepultura acuática o porque se confine y se niegue a entrar en el mundo

masculino. Éstas son las conclusiones de Lévi-Strauss:

 

Hemos verificado que ciertos mitos bororo, superficialmente heterogéneos, referentes a un

héroe llamado Birimoddo, dependen de un mismo grupo caracterizado por el siguiente

esquema: una concepción desmesurada de las relaciones familiares acarrea la desunión de

elementos normalmente ligados. La conjunción se restablece gracias a la introducción de un

término intermediario, cuyo origen el mito se propone describir: el agua (entre cielo y tierra); los

adornos corporales (entre naturaleza y cultura); los ritos funerarios (entre los vivos y los

muertos); las enfermedades (entre la vida y la muerte).

 

Al final de este primer capítulo de las Mitológicas queda un enigma. En M1, la

falta del héroe Geriguiguiatugo suscita en verdad una serie de desuniones, ya que su

padre lo envía al país de los muertos, después lo abandona entre cielo y tierra, en el

flanco de un acantilado; el héroe luego es separado de los suyos. Pero una vez

pasadas esas desuniones, no se encuentra mediación entre cielo, tierra y agua. Lévi-

Strauss plantea entonces la hipótesis de que M1 pertenece a un grupo de mitos que

relatan el origen de la cocción de los alimentos, una de las mediaciones capitales del

pensamiento amerindio.

En el segundo capítulo comienza una serie de variaciones extraídas del repertorio

ge, familia lingüística de la que probablemente sea originaria la lengua bororo. Y la

historia vuelve a empezar: un joven llamado Botoque, que había salido a capturar

guacamayos, se queda bloqueado en un peñasco, adelgaza… Para ser finalmente

salvado por el jaguar. Con el poderoso personaje del felino manchado con ojos

fosforescentes aparece el fuego, que justifica el título de este primer volumen: Lo

crudo y lo cocido.