Fuego Persa

Tom Holland · Capítulo 153 de 193

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Fuego Persa

Capítulo 55

aprendido del día más feroz de combate, cuando las escuadras aliadas, aunque se encontraban apaleadas, habían defendido con éxito el paso entre Eubea y el continente ante el peso completo de la flota bárbara. Aquella batalla había tenido lugar a tres o cuatro kilómetros del estrecho; en Salamina, si lograban llevar a los bárbaros hasta allí, el ancho del paso marítimo no excedería los ochocientos metros y, «si todo va bien, y hay posibilidades razonables de que así sea, podremos 55

ganar».

Apartando la confianza de alto vuelo con que se había expresado, este juicio estaba arraigado en la experiencia de todos los que habían luchado en Artemisio, incluyendo a los almirantes peloponenses, al igual que lo estaba en la fecundidad de la idiosincrasia ateniense, siempre estratégica. Bien lo sabía el propio Temístocles, puesto que su carrera se había construido a partir de la persuasión de una manera en la que ninguno de sus adversarios podía comparársele. Las primeras décadas de la democracia habían sido una escuela exigente; nadie está mejor preparado en el mundo para salirse con la suya que un político ateniense exitoso. La eficacia de los argumentos de Temístocles podía medirse por el hecho de que a la mitad del consejo de guerra, cuando los mensajeros trajeron la terrible noticia de que se había visto a los bárbaros entrar al Ática y «prender fuego a los campos»,56 la reunión no se había disuelto en el pánico, ni tampoco habían insistido los peloponenses en una retirada inmediata, a pesar de la nueva certidumbre de que, en cualquier momento, la flota persa podría alcanzar las aguas atenienses y tal vez bloquear todas las rutas de escape. En lugar de eso, todo el alto mando estuvo de acuerdo en quedarse donde se encontraban: a las afueras de Salamina. Temístocles había convencido a los que dudaban, al menos por el momento.

Y ello a pesar de que, a los ojos de sus colegas, fuese la más despreciable entre las criaturas,

52 Heródoto, 8.49. 53 La figura es de Esquilo (Los persas, 339-340).

Heródoto (8.48) sitúa el total de la flota griega en 380. En esta ocasión, sin embargo, es probable que Esquilo sea más preciso. Después de todo, luchó en la batalla de Salamina. 54 Heródoto, 8.60. 55 Ibid. Tal como aparecen en Heródoto, estas palabras se pronunciaron en el debate que siguió a la quema