Fuego Persa
Capítulo 12
posteridad que era posible construir un estado multiétnico, multicultural y mundialmente expansivo. La influencia de ese ejemplo en el largo recorrido de la historia sería infinitamente más duradera que la del experimento aberrante y efímero que fue la democracia ateniense. El modelo político que establecieron los reyes persas iba a servir a un 12 W. Golding, «The Hot Gates », en The Hot Gates , p. 20. Fue este ensayo, leído a la impresionable edad de doce años, el que desató mi pasión por la historia de las guerras médicas. 13 Citado por David, p. 208.
14 Esquilo, 104-105.
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imperio tras otro, hasta la era musulmana inclusive: los califas, que aspiraban a mandar en el mundo entero, no hacían más que parafrasear la jactancia de Jerjes, aunque en la lengua más piadosa del islam. De hecho, en cierto sentido, el modelo político establecido por la antigua monarquía persa se mantendría en Oriente Medio hasta 1922, cuando tuvo lugar la deposición del último califa en el poder, el sultán otomano.* El objetivo de Osama bin Laden, expresado por él mismo, consiste por supuesto en presenciar la resurrección del califato y la prerrogativa de su dominación sobre el mundo entero.
Cierto es que la influencia de la antigua Persia, comparada con la de Grecia, siempre ha sido indirecta, solapada y subterránea. En 1891, un joven miembro del parlamento inglés, George Nathaniel Curzon, visitó el yacimiento arqueológico donde se hallaba el palacio de Jerjes, que reducido a cenizas, un vengativo Alejandro Magno había abandonado ciento cincuenta años después de las Termópilas. «Para nosotros -escribió a propósito Curzon, en encumbrado tono byroniano-, este sitio se encuentra imbuido de la lección solemne de los siglos, toma su lugar en el capítulo de las cosas que han dejado de ser, y sus piedras, mudas, encuentran una voz y nos interpelan con el pathos inefable de la ruina.»15 Siete años más tarde, el entonces barón Curzon de Kedleston sería nombrado virrey en la India y, como tal, iba a gobernar como heredero de los mughals, quienes habían tenido el orgullo de llevar el título, no de reyes, sino de virreyes de los reyes de Persia. La soberanía británica, modelada por las enseñanzas de los internados de corte resueltamente espartano, se hallaba también imbuida de
«esa pintoresca riqueza de ceremonias formales que sólo el Oriente puede
proporcionar»16 y que, en última instancia, se derivaba del desaparecido fasto de los palacios de Jerjes. Tal vez haya resultado halagador para el imperio inglés poder imaginarse como heredero de Atenas, pero también tenía una cierta deuda de honor con el enemigo mortal de Atenas.
Persia era Persia, y Grecia era Grecia, pero algunas veces sí que había puntos de encuentro. Puede que hubiesen sido combatientes en el choque primordial de las civilizaciones, pero las ondas expansivas de su influencia, que han perdurado durante milenios hasta llegar al presente, a veces pueden dificultar la partición entre Oriente y Occidente en lugar de iluminarla. Si los atenienses hubiesen perdido la batalla de Maratón y su ciudad hubiese sido destruida, no habría existido Platón, ni tampoco la sombra colosal que éste iba a proyectar sobre toda la teología ulterior, con lo cual tal vez no habría existido un islam que sirviera de inspiración a Bin Laden. Al contrario, cuando el presidente Bush habla de un «eje del mal», su visión de un mundo dividido entre fuerzas luminosas y fuerzas oscuras se deriva, a fin de cuentas, de las enseñanzas de Zoroastro, el antiguo profeta iranio.
Aunque la derrota de Jerjes fue ciertamente decisiva a la hora de dotar de una identidad diferenciada a los griegos, y por ende a todos los europeos, el impacto de Persia y Grecia en la historia no se puede confinar por completo a las rígidas nociones de Oriente y Occidente. El monoteísmo, así como la idea del estado universal, la democracia y el totalitarismo tienen su origen en el período de las guerras médicas, por lo cual es justo que se las haya considerado el eje de la historia mundial.
Y, sin embargo, en general, es poco lo que se lee al respecto hoy en día.
Peter Green, cuyo espléndido libro The Year of Salamis, publicado hace unos treinta años, ha sido el último volumen extenso sobre el tema dedicado a un público no especializado, expresaba con su acostumbrado humor la sorpresa que le producía la falta de estudios sobre el tema.
Si se tiene presente el hecho de que la victoria griega en las guerras médicas suele describirse como un punto de inflexión fundamental en la historia europea (y es cierto que quienes suscriben esta opinión no dicen que, si las cosas hubiesen sido de otro modo, hoy en día Europa estaría dominada desde mezquitas y minaretes, pero este pensamiento silencioso se puede sentir en el aire), la omisión
* El propio califato fue abolido dos años más tarde, en 1924.