Loba

Orfa Alarcon · Capítulo 84 de 114

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Capítulo 86

Hay justicias que no se pueden quedar en manos de Dios. Eleazar ya no quería a la mujer, pero no iba a permitir que le hicieran eso. A él.

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Desármala, Terán.

Adria estaba ansiosa, molesta, torpe. Habíamos llegado a un departamento en Polanco rodeado de guardias y de exagerada vigilancia.

Terán, el hombre que nos había seguido todo ese rato, no se atrevió a ponerme una mano encima.

A las cuatro chiquillas las metieron a una habitación.

Acomodándose el pañuelo, Adria se fue tras ellas, cambió de opinión.

Volvió.

La Glock, le dijo a Terán alargando la mano.

Es que el señor Roger dijo que no.

¡Que no qué!

Que dejáramos que la muchacha hiciera lo que quisiera.

El señor Roger está surfeando en California, lo que pase aquí es asunto mío.

Como Terán seguía ahí, sin obedecer, Adria se me abalanzó, creyendo que iba a ser fácil desarmarme. Terminamos forcejeando en el piso. La sujeté del cabello, la lancé al piso y la monté, como hacía cuando de chiquilla me peleaba con Max. Le di un golpe en el mentón y cuando ella iba a pegarme, Terán me la quitó de encima.

Présteme la pistola, patrona. Le juro por mi madre que se la regreso.

Solo que aquí las mujeres no pueden traer armas. Son reglas de la casa.

¡No le digas «patrona»!

Si no me la habían quitado los matones de mi padre, no me la iban a quitar unos guarrillos chilangos chaparros de sacos baratos. Pero quise ver cómo avanzaba mi historia, la película de mi falta de voluntad. Extendí la mano y se la di.

Adria la pidió pero lo único que hizo Terán fue mostrársela.

Chaparrita Consentida. ¿Así te decían, o qué?

No es tu asunto.

Es mi asunto porque esa pistola era mía. Y tus novios y tus casas también. Y tu papá y tu ropa.

Me reí. Ahora la que se comportaba como estúpida era ella. Jamás podría ser yo. No tenía ni el gusto ni la sensibilidad ni la capacidad de abstraerse del mundo para seguir siendo un ser bello y con clase.

Ni volviendo a nacer, puñetas, dije y sentí que mi risa era un sabor nuevo en mi boca, uno que nunca había experimentado.

¡Es mi asunto porque yo gano el dinero que tú te gastas!

Pues qué pendeja, le contesté.

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