Loba

Orfa Alarcon · Capítulo 96 de 114

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Loba

Capítulo 100

Para someter a un hombre basta con humillar a las mujeres de su casa: esposas, hijas, nietas. Cualquiera que se alimente de él es de su pertenencia.

A través de mí, quien fuera podía sentirse, al menos un par de horas, más fuerte que uno de los hombres más poderosos del país.

Ni siquiera tenía que hacer nada. Pasaba los días en el dulce sueño que dan el tequila y los ansiolíticos. Cuando llegaba la hora, la misma muchachita que me había teñido el cabello me despertaba, cuidaba que no me cayera en la ducha, me vestía y me maquillaba.

Nunca había dormido tanto hasta esos días. Llegaba a mi cita, incluso a veces llegaba a dormir. No tenía que poner ningún empeño sexual o aparentar que me simpatizaba el tipo. No tenía que participar. Mi valor era otro: ser la hija reconocida del Lobo.

No me enteraba de lo que hicieran con mi cuerpo. El acuerdo era que ni ellos ni nosotros llevábamos escoltas. Solo un hombre por ocasión, y mi chofer tenía que catearlo antes de que entrara conmigo. Podía ser embarrada, penetrada, lamida, orinada, besuqueada, siempre y cuando no sufriera ninguna marca, ningún dolor. Adria hacía las negociaciones, y aclaraba que si me pasaba algo, Rock se haría cargo del asunto.

Yo era un juguete muy frágil y muy caro. Una granada de cristal.

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