Marea oscura

Andrew Gross · Capítulo 39 de 106

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Marea oscura

Capítulo 39

39

La dirección era Mountain View Drive, 3135, en una carretera residencial de la montaña. En Upper Montclair, Nueva Jersey.

Karen encontró la dirección de Jonathan Lauer en una de las carpetas de Charlie. Comprobó que todavía era válida. No quería hablar con él por teléfono. Era un sábado por la tarde.

Hay cosas que debería saber.

Saul había dicho que se trataba de asuntos personales, la indemnización. Karen nunca había vuelto a saber nada de él. Y no era que desconfiara de Saul. Era que, si no iban a dejar piedra sin levantar, tal como quería Ty, lo mejor sería ir a ver a Lauer. Nunca le había devuelto la llamada. Había pasado muchísimo tiempo.

Pero de repente las crípticas palabras de Lauer adquirían un significado importante.

Karen entró en el camino de acceso. Había un monovolumen blanco aparcado en el garaje de dos plazas abierto. La casa era de cedro y vidrio, al estilo contemporáneo, con un ventanal que abarcaba los dos pisos en la fachada. Había una bicicleta de niño tirada en el jardín delantero. Al lado de una portería de fútbol portátil. Hileras de boj flanqueaban el sendero de losas que conducía a la puerta principal.

Karen se sentía un poco nerviosa y avergonzada, después de tanto tiempo. Tocó el timbre.

—¡Ya voy, mami!

Una niña con trenzas que aparentaba cinco o seis años abrió la puerta.

—Hola —sonrió Karen—. ¿Están tu papá o tu mamá en casa?

Una voz de mujer llamó desde dentro.

—¿Quién es, Lucy?

Kathy Lauer acudió a la puerta, sujetando un rodillo de cocina. Karen la había visto una o dos veces, primero en una reunión de la oficina, y después en el funeral de Charlie. Era menuda, el pelo oscuro le caía sobre los hombros, y llevaba una sudadera verde de Nantucket. Miró a Karen sorprendida.

—No sé si se acuerda de mí… —empezó.

—Pues claro que me acuerdo de usted, señora Friedman —contestó Kathy Lauer, al tiempo que acunaba la cara de su hija contra su muslo.

—Karen —le pidió—. Siento molestarla. Sé que estará intrigada por esta repentina aparición. Me pregunto si su marido está en casa.

Kathy Lauer la miró de una forma extraña.

—¿Mi marido?

Siguió una pausa incómoda.

Karen asintió.

—Jon me llamó un par de veces, después de que Charlie… —Enmudeció antes de pronunciar la palabra—. Me siento un poco avergonzada. Nunca le devolví las llamadas. En aquel momento estaba agobiada. Sé que ha pasado bastante tiempo, pero habló de unas cosas…

—¿Unas cosas?

Kathy Lauer la miró fijamente. Karen no entendía su reacción, si se debía a nerviosismo o a irritación. Kathy pidió a su hija que volviera a la cocina, que iría dentro de un momento a terminar de amasar la pasta de las galletas con ella. La niña salió corriendo.

—Unas cosas relacionadas con los negocios de mi marido —aclaró Karen—. ¿Está en casa, por casualidad? Sé que es un poco raro venir ahora…

—Jon ha muerto —dijo Kathy Lauer—. Pensaba que ya lo sabía.

—¿Muerto? —Karen sintió que su corazón se paralizaba y la sangre se retiraba de su cara. Sacudió la cabeza aturdida—. Dios mío, lo siento muchísimo… No…

—Hará cosa de un mes —dijo su esposa—. Subía en su bicicleta por Mountain View hacia aquí. Un coche le atropelló. Tal cual. El tipo que le arrolló ni siquiera paró.